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¿Por qué algunos terremotos con menos magnitud generaron más destrucción en El Salvador?

La historia sísmica de El Salvador demuestra que terremotos de menor magnitud puede causar más destrucción que otro más fuerte. La profundidad del evento, el tipo de falla geológica, la cercanía a las ciudades y las características del suelo son factores que determinan el nivel de los daños

Terremoto 1986 San Salvador
San Salvador 10 de octubre de 1986. El terremoto de 1986 causó cientos de muertos en la capital de El Salvador, los edificios más dañados fueron el Ruben Dario, la Cafetalera, el edificio Leroy, el edificio del Correo, Hotel San Salvador y parte del centro antiguo. Foto EDH / Archivo

Cada vez que ocurren terremotos, la primera pregunta suele ser cuál fue su magnitud. Sin embargo, los especialistas advierten que este dato, por sí solo, no establece el nivel de destrucción.

La cronología histórica del Servicio Nacional de Estudios Territoriales (SNET) muestra que algunos de los terremotos más destructivos registrados en El Salvador tuvieron un elemento en común: fueron sismos superficiales, originados a menos de 30 kilómetros de profundidad.


Entre ellos destacan el terremoto de Jucuapa-Chinameca de 1951, el de San Salvador de 1965, el devastador terremoto del 10 de octubre de 1986 y el de San Vicente de febrero de 2001, todos asociados a fallas locales que liberaron su energía muy cerca de la superficie.

En contraste, el terremoto del 13 de enero de 2001, de magnitud 7.7 y originado frente a la costa salvadoreña a mayor profundidad, afectó prácticamente a todo el país, pero respondió a un mecanismo tectónico diferente relacionado con la subducción de la placa de Cocos bajo la placa del Caribe.

Según reflejan los datos del SNET, los sismos locales —los que ocurren a menos de 30 kilómetros de profundidad— son los que históricamente han causado mayores daños en territorio salvadoreño.

¿Por qué la profundidad cambia tanto el impacto?

La explicación es física. Cuando un terremoto ocurre a poca profundidad, las ondas sísmicas recorren una distancia mucho menor antes de llegar a la superficie.

Eso significa que llegan con mayor energía, producen aceleraciones más fuertes del suelo y generan movimientos mucho más violentos sobre edificios, carreteras y viviendas.

Terremoto afectación en Las colinas
Equipos de rescate y voluntarios continúan buscando entre los escombros el 14 de enero de 2001, tras el deslizamiento de tierra que arrasó la comunidad de Las Colinas en Santa Tecla, El Salvador. Foto EDH / Archivo

En cambio, cuando el foco del terremoto se encuentra a decenas o incluso cientos de kilómetros de profundidad, gran parte de esa energía se va disipando durante el recorrido.

Aunque estos eventos pueden sentirse en amplias regiones, el movimiento suele ser menos intenso en un punto específico de la superficie.

Los especialistas del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) explican que la profundidad del hipocentro es uno de los factores más importantes para estimar el potencial destructivo de un terremoto, junto con la distancia al epicentro y el tipo de falla que se activa.

En términos sencillos, un sismo de magnitud 6 a apenas 10 kilómetros de profundidad puede resultar más dañino para una ciudad cercana que otro de magnitud 7 ocurrido a más de 70 kilómetros de profundidad.

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El suelo también puede multiplicar los daños de los terremotos

La devastación tampoco depende únicamente del terremoto.

El tipo de suelo donde están construidas las ciudades influye considerablemente en la intensidad del movimiento.

Los terrenos blandos, compuestos por sedimentos, cenizas volcánicas o depósitos aluviales, tienen la capacidad de amplificar las ondas sísmicas, haciendo que el movimiento sea más fuerte y dure más tiempo.

En cambio, las zonas asentadas sobre roca firme suelen experimentar menores niveles de vibración.

Este fenómeno explica por qué dos comunidades ubicadas prácticamente a la misma distancia del epicentro pueden registrar daños completamente diferentes.

En El Salvador, este aspecto cobra especial relevancia debido a la gran presencia de materiales volcánicos en buena parte del territorio.

De hecho, proyectos recientes sobre amenaza sísmica impulsados por especialistas nacionales destacan la necesidad de incorporar de mejor manera los efectos de amplificación del suelo en las normas de construcción.

Terremoto 2001 afectación en Las Colinas Santa Tecla
Equipos de rescate y voluntarios continúan buscando entre los escombros el 14 de enero de 2001, tras el deslizamiento de tierra que arrasó la comunidad de Las Colinas en Santa Tecla, El Salvador. Foto EDH / Archivo

La experiencia salvadoreña

El Salvador está ubicado en una de las regiones sísmicamente más activas del continente.

El SNET identifica cinco fuentes principales capaces de generar terremotos:

  • La cadena volcánica.
  • Las fallas geológicas internas.
  • La subducción entre las placas de Cocos y Caribe.
  • Las fallas del sur de Guatemala.
  • Las fallas ubicadas en Honduras.

Las dos primeras originan los llamados sismos locales, generalmente superficiales, responsables de la mayoría de terremotos destructivos registrados históricamente.

Mientras tanto, los eventos relacionados con la subducción suelen alcanzar magnitudes mayores y sentirse en buena parte de Centroamérica, aunque su nivel de destrucción depende de la profundidad, la distancia y las condiciones del terreno.

Más allá de la magnitud de los terremotos

Para los expertos, evaluar el riesgo sísmico requiere analizar múltiples variables. La magnitud representa únicamente la energía liberada durante el terremoto.

La intensidad del movimiento que experimenta una ciudad depende además de la profundidad del evento, la distancia al epicentro, el tipo de suelo, la calidad de las construcciones y la duración de las sacudidas.

Por ello, dos terremotos con magnitudes similares pueden producir consecuencias completamente distintas.

Terremotos más destructivos en El Salvador
Infografía generada con los datos del SNET hasta 2001 sobre los terremotos más destructivos en el país. | Imagen generada con IA.

Datos clave

  • Los sismos locales en El Salvador suelen originarse a menos de 30 kilómetros de profundidad.
  • Los terremotos superficiales han provocado algunos de los mayores desastres registrados en 1951, 1965, 1986 y 2001.
  • El país está influenciado por cinco fuentes principales generadoras de actividad sísmica.
  • Los suelos blandos pueden amplificar el movimiento sísmico y aumentar los daños en comparación con zonas asentadas sobre roca firme.

Fuentes consultadas: estadísticas y cronología histórica del SNET/MARN, documentación técnica del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) sobre la tectónica de El Salvador y la plataforma PRASEDES sobre amenaza sísmica y efectos de amplificación del suelo

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