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Revolución silenciosa de la Generación Z acelera caída de la fecundidad

El antropólogo Marvin Aguilar sostiene que la reducción de la fecundidad en El Salvador responde a una transformación cultural impulsada principalmente por las nuevas generaciones y advierte que el país aún no diseña políticas para enfrentar una sociedad con menos nacimientos y una población cada vez más envejecida

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Cada vez es más común que las personas no deseen familias numerosas. Foto EDH/Generada con IA.

La caída sostenida de la fecundidad en El Salvador no es un fenómeno aislado ni exclusivamente económico.

Para el antropólogo Marvin Aguilar, detrás de la reducción del número de hijos por mujer existe una transformación cultural profunda impulsada por la Generación Z, cuyos valores y prioridades rompen con el modelo tradicional bajo el que crecieron las generaciones anteriores.


Durante una entrevista con este medio, Aguilar afirmó que el país enfrenta una «revolución silenciosa» que ya está modificando la forma de concebir la familia, el trabajo, las relaciones de pareja e incluso el envejecimiento, pero advirtió que el Estado aún no está preparado para responder a las consecuencias que traerá esa nueva realidad demográfica.

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Una generación que ya no quiere repetir el modelo de sus padres

Para Aguilar, el cambio puede compararse con el movimiento hippie de finales de los años sesenta, aunque esta vez ocurre sin protestas masivas.

«La Generación Z no está saliendo a pelear con nosotros; simplemente está haciendo lo que quiere», afirmó.

Según explicó, los jóvenes crecieron observando un modelo de vida que les decía que debían estudiar, conseguir empleo, casarse, comprar una casa, tener hijos, jubilarse y, solo entonces, disfrutar la vida. «Ese esquema ya no les convence», sostiene.

En lugar de confrontar directamente a las generaciones anteriores, asegura que los centennials están renunciando silenciosamente a ese proyecto de vida.

Uno de los reflejos más visibles es el matrimonio. Aguilar recordó que cerca del 34 % de los salvadoreños que se encuentran en edad de casarse aún no lo han hecho y muchos tampoco consideran esa decisión una prioridad inmediata.

La generacion z de la actualidad
Cada vez más, los jóvenes prefieren no tener hijos o tener menos, y se tardan más en formar familia. Foto EDH/Generada con IA.

Tener hijos deja de ser una meta

El antropólogo considera que la reducción de nacimientos responde a múltiples factores. Uno de ellos es la migración.

«Muchos jóvenes todavía piensan en irse del país. Si creen que van a emigrar, formar una familia se convierte en un obstáculo», explicó.

También mencionó la creciente independencia económica de las mujeres y las dificultades para construir relaciones estables.

A su juicio, las nuevas generaciones enfrentan expectativas más altas dentro de las relaciones de pareja, mientras que las redes sociales crean la sensación de que siempre existe una mejor opción disponible.

«La idea de que a dos perfiles de distancia está el amor de tu vida es falsa», afirmó, pero el problema es que muchos jóvenes creen que es fácil desechar y encontrar pronto, con un escrol (pasar página en una pantalla, o deslizar a la siguiente imagen dentro de un teléfono) al siguiente amor de su vida.

Según Aguilar, esta dinámica favorece relaciones menos comprometidas y más temporales, conocidas internacionalmente como situationships, en las que se buscan los beneficios afectivos de una relación sin asumir compromisos permanentes.

Aclaró que esto no significa que los jóvenes no crean en el amor. «Quieren relaciones, pero no necesariamente bajo los esquemas tradicionales», señaló.

Redes sociales, educación y soledad

Durante la entrevista, Aguilar dedicó buena parte de su análisis al papel que desempeñan las redes sociales.

Considera que estas han cambiado la manera en que las personas construyen su identidad y perciben el éxito, pero insiste en que el problema no son las plataformas en sí, sino la falta de educación para utilizarlas críticamente.

«No todo lo que aparece en redes sociales es cierto y necesitamos enseñar eso desde la escuela», afirmó.

Recordó que países como Francia y Australia ya han comenzado a restringir el acceso de menores a determinadas plataformas digitales, mientras que Suecia ha iniciado un proceso para retirar computadoras y tabletas de las aulas tras evaluar que no mejoraron los resultados educativos.

A su juicio, El Salvador también necesita revisar sus políticas tecnológicas en educación.

«No basta con entregar computadoras; hace falta enseñar pensamiento crítico y alfabetización digital», dijo.

Asimismo, advirtió que las redes sociales están contribuyendo al incremento de la soledad.

«Puedes tener una buena casa, un buen trabajo, viajar y mostrar todo eso en internet, pero seguir sintiéndote completamente solo», reflexionó.

Marvin Aguilar antropologo entrevista
El antropólogo Marvin Aguilar, durante una entrevista televisiva. Foto EDH/Captura de imagen.

El país envejece sin prepararse

Para Aguilar, el mayor desafío no es únicamente que nazcan menos niños, sino que dentro de dos o tres décadas El Salvador tendrá una población mucho más envejecida.

«La mayoría de la población será vieja y el país no se está preparando para eso», alertó.

Considera que la discusión pública sigue centrada en la infancia, mientras prácticamente no existe una política nacional para atender a los adultos mayores. «La geriatría debería ser una prioridad de Estado», sostuvo.

Como ejemplo mencionó comunidades especializadas para personas con Alzheimer en California, donde los adultos mayores viven de forma independiente, con atención médica, comercios, espacios recreativos y acompañamiento permanente.

Ese tipo de iniciativas, asegura, buscan garantizar calidad de vida y podrían servir de inspiración para diseñar un modelo adaptado a la realidad salvadoreña.

El empleo también deberá cambiar

El investigador señaló que el mercado laboral tampoco está preparado para la nueva estructura demográfica.

Comparó la situación salvadoreña con Finlandia, donde una persona puede cambiar varias veces de empleo a lo largo de su vida sin ser excluida por su edad.

«En El Salvador a los 18 años no consigues trabajo porque no tienes experiencia y a los 40 ya no te contratan porque te consideran viejo», cuestionó.

A su juicio, las políticas laborales deberán modificarse si el país pretende sostener una economía con una población cada vez más envejecida. Contrario a lo que ocurre en países como Finlandia, donde un joven puede cambiar más fácil de empleo porque la oferta laboral es amplia, incluso también para los adultos.

Sin embargo, en las redes sociales lo que se muestra es que todo mundo es exitoso, que todo mundo puede volver a empezar, que todos pueden cambiar fácil de empleo y de familia, etc.

La vivienda como incentivo para formar familias

Aunque rechaza abordar el tema únicamente desde posiciones ideológicas, Aguilar sostiene que existen medidas concretas que podrían incentivar la formación de familias.

Su principal propuesta consiste en facilitar el acceso a vivienda para los jóvenes.

«Hagamos que tener una casa deje de ser una ilusión», planteó. Sugirió ampliar los programas de vivienda social mediante créditos estatales con cuotas accesibles y plazos largos, priorizando inicialmente a madres solteras y parejas jóvenes.

Recordó que la Constitución establece como obligación del Estado promover la vivienda social y considera que esa herramienta puede ser más efectiva que otros incentivos para aumentar la natalidad.

«Solo cuando un joven siente que puede construir un proyecto de vida comienza a pensar en tener hijos», afirmó en relación al tema de vivienda.

No es un problema de los jóvenes, sino del país

Para Aguilar, culpar a la Generación Z por la caída de la fecundidad simplifica excesivamente un fenómeno mucho más complejo.

Asegura que los jóvenes únicamente están respondiendo a las condiciones económicas, sociales y culturales que heredaron.

«No es que ellos estén destruyendo la familia; están construyendo otra forma de vivir», dijo.

El verdadero reto, insiste, consiste en que el Estado deje de observar la disminución de nacimientos únicamente como un problema estadístico y comience a diseñar políticas públicas para una sociedad distinta.

Entre ellas menciona reformas educativas, alfabetización digital, nuevas políticas laborales, fortalecimiento de la geriatría, vivienda social y sistemas de cuidados para adultos mayores.

En otras palabras, es un problema, pero también una oportunidad. «Lo peor sería no hacer nada», concluyó, y solo esperar a que la población de El Salvador envejezca y nuevos problemas surjan.

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