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Caída de la fecundidad, desafío que enfrenta El Salvador y el mundo

Durante décadas, uno de los temores de gobiernos y organismos internacionales era el rápido crecimiento de la población mundial. Hoy el panorama ha cambiado de forma radical debido a la disminución sostenida del número de hijos por mujer y el envejecimiento de la población, con las consecuencias que esto implica

Bebes- Recién nacidos- Casa de Nacimiento- Cayuga
Dos llegadas inolvidables hicieron del 31 de enero un día memorable en la Casa de Nacimientos del Centro Médico Cayuga. Una familia dio la bienvenida a Shawn Jr., un recién nacido récord de 6 kilos, el bebé más grande jamás nacido en el hospital, mientras que otra celebró la llegada de la pequeña Margot, que pesó tan solo 1,8 kilos. Compartir su cumpleaños fue un dulce recordatorio de que los bebés son de todos los tamaños y formas, y el equipo del Centro Médico Cayuga está preparado para atender cada historia de nacimiento única con destreza y compasión. Foto/ Cortesía @cayugamed

Por varias décadas, uno de los principales temores de gobiernos y organismos internacionales en relación al tema demográfico era el rápido crecimiento de la población mundial.

Sin embargo, el panorama ha cambiado de forma radical en gran parte de las naciones. El reto ya no es la sobrepoblación, sino la disminución sostenida del número de hijos por mujer y el envejecimiento de la población, con las consecuencias que esto implica


Según el Informe sobre el Estado de la Población Mundial 2025, elaborado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), la llamada «crisis de fecundidad» no se debe a que las personas ya no quieran tener hijos, sino a que millones no pueden formar las familias que desean debido a barreras económicas, laborales, sociales y culturales.

La tasa global de fecundidad ha caído de cinco hijos por mujer en 1950 a aproximadamente 2.2 en 2021, muy cerca del nivel de reemplazo poblacional (2.1 hijos por mujer). Las proyecciones indican que hacia 2050 alrededor del 76 % de los países estará por debajo de ese umbral y, para finales del siglo, la cifra podría alcanzar el 97 %, según un reporte de Reuters (denominado «Global fertility rates to decline, shifting population burden to low-income countries, 2024»).

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Los países con menor fecundidad del mundo

La reducción de nacimientos afecta prácticamente a todos los continentes, aunque Asia Oriental y Europa concentran los casos más extremos.

Corea del Sur: el caso más crítico

Corea del Sur continúa registrando la tasa de fecundidad más baja del planeta.

En 2024 cerró con 0.75 hijos por mujer, muy lejos del nivel de reemplazo poblacional. Esto significa que cada nueva generación será considerablemente menor que la anterior si la tendencia continúa.

Durante años el gobierno ha destinado miles de millones de dólares en subsidios, incentivos para la vivienda, apoyos económicos y ampliación de licencias parentales, pero el impacto ha sido limitado.

Caida tasas natalidad en el mundo
Las tasas de nacimientos han caído en casi todos los continentes, menos en África, y en muchos lugares superan la de reemplazo de población. Foto EDH/Generada con IA.

Japón

Japón registra alrededor de 1.14 hijos por mujer, una de las tasas más bajas entre las economías desarrolladas.

Según un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI, The Debate over Falling Fertility, 2025) el país enfrenta uno de los procesos de envejecimiento más acelerados del mundo: casi un tercio de su población supera los 65 años.

Las autoridades japonesas consideran la baja natalidad una de las mayores amenazas para su economía y sostenibilidad fiscal.

China

Tras décadas de la política del hijo único, China experimenta una fuerte caída en la natalidad.

Su tasa de fecundidad ronda 1.07 hijos por mujer, pese a que el gobierno eliminó las restricciones y actualmente incentiva a las familias a tener dos o tres hijos mediante ayudas económicas y beneficios fiscales.

Sin embargo, el elevado costo de la vivienda, la educación y la crianza sigue desincentivando la maternidad.

Singapur

Singapur mantiene una de las tasas más bajas del mundo, con aproximadamente 1.10 hijos por mujer.

Aunque ofrece importantes incentivos económicos, guarderías subsidiadas y apoyos estatales, el elevado costo de vida y la prioridad que muchas personas otorgan al desarrollo profesional continúan limitando el crecimiento demográfico.

Italia y España

Italia y España también permanecen entre los países europeos con menor fecundidad, con tasas cercanas o inferiores a 1.2 hijos por mujer.

Ambos enfrentan una combinación de envejecimiento poblacional, baja natalidad y emigración de jóvenes, factores que complican el sostenimiento de sus sistemas de bienestar y reducen el tamaño de su población económicamente activa, según el FMI.

Sin embargo, esto no es global, de hecho, en África la tasa de fecundidad continúa alrededor de 4 hijos por mujer y se prevé que la población de dicho continente aumente un 26% para 2050, según el informe citado previamente.

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Comisión legislativa analiza propuesta de reforma a la ley de lactancia materna. Foto drugwatch.

¿Por qué las personas tienen menos hijos?

El informe 2025 del UNFPA rompe con una idea muy extendida: la disminución de la fecundidad no obedece principalmente a que las personas rechacen la maternidad o la paternidad.

Por el contrario, una de cada cinco personas afirma que probablemente no podrá tener el número de hijos que realmente desea, debido a obstáculos económicos y sociales.

Entre los principales factores destacan:

  • Alto costo de la vivienda.
  • Inseguridad laboral.
  • Dificultad para conciliar trabajo y familia.
  • Costo del cuidado infantil.
  • Desigualdad de género.
  • Incertidumbre sobre el futuro.
  • Conflictos internacionales.
  • Preocupación por el cambio climático.
  • Falta de una pareja estable.
  • Las consecuencias de una población que envejece.

La caída de la fecundidad no tiene efectos inmediatos, pero sí modifica profundamente la estructura de la población durante las siguientes décadas.

Más adultos mayores y menos jóvenes

La primera consecuencia es el envejecimiento demográfico. Al nacer menos niños y aumentar la esperanza de vida, crece la proporción de adultos mayores dentro de la población.

Esto cambia completamente la pirámide poblacional: cada vez hay menos personas jóvenes para sostener a una población jubilada cada vez mayor.

Países como Japón, Italia y Corea del Sur ya experimentan este fenómeno, apunta IMF.

Con menos nacimientos, también disminuye el número de personas que ingresarán al mercado laboral en las próximas décadas.

Esto puede provocar escasez de trabajadores en sectores como la industria, agricultura, construcción, transporte, educación y salud.

Las empresas pueden enfrentar mayores dificultades para contratar personal y el crecimiento económico puede desacelerarse por falta de mano de obra disponible.

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|Un bebé es cargado por un luchador de sumo en Japón. | Foto EDH / AFP

Mayor presión sobre los sistemas de pensiones

Los sistemas de pensiones funcionan, en gran medida, gracias a que la población trabajadora financia las jubilaciones mediante impuestos y cotizaciones.

Cuando disminuye el número de trabajadores y aumenta el de jubilados, el equilibrio financiero se rompe.

Como resultado, muchos países han optado por:

  • Aumentar la edad de jubilación.
  • Incrementar impuestos.
  • Reducir beneficios.
  • Reformar completamente sus sistemas previsionales.

Este debate ya está presente en Europa, Japón y otras economías desarrolladas. Además, hay otras consecuencias.

Las personas mayores requieren más atención médica que la población joven. Con una sociedad más envejecida aumentan los casos de enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, cáncer, Alzheimer y otras patologías asociadas a la edad.

Esto obliga a los Estados a invertir más recursos en hospitales, medicamentos, atención especializada, cuidados de largo plazo y personal sanitario.

En consecuencia, el gasto público en salud crece de manera sostenida, señala UNFRA.

Mayor necesidad de inmigración

Ante la reducción de trabajadores, numerosos países recurren a la inmigración para cubrir vacantes laborales.

La llegada de población joven ayuda a mantener activa la economía, aporta nuevos contribuyentes y retrasa el envejecimiento poblacional.

Por ello, en algunos pueblos han considerado que la inmigración será uno de los principales mecanismos para sostener el crecimiento económico durante las próximas décadas, mencionó la agencia Reuters en el citado texto previamente.

El 5 de mayo, además, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) publicó un informe en el que menciona que «el acceso a vías de migración regular y segura sigue contribuyendo al crecimiento económico y al desarrollo en todo el mundo», develado en el marco de la semana del Foro de Examen de la Migración Internacional, celebrado en Nueva York.

Incrementar la productividad será indispensable

Otra alternativa consiste en producir más con menos trabajadores. Para lograrlo, algunos gobiernos y empresas están acelerando inversiones en automatización, robótica, inteligencia artificial y digitalización.

El Fondo Monetario Internacional señala que el crecimiento económico futuro dependerá cada vez más del aumento de la productividad y de la incorporación de nuevas tecnologías, ya que habrá menos personas en edad de trabajar.

Un escenario complejo

Lejos de una «crisis por exceso de población«, el mundo enfrenta un escenario mucho más complejo.

El UNFPA sostiene que el verdadero desafío consiste en garantizar que las personas puedan decidir libremente si desean tener hijos, cuándo hacerlo y cuántos tener, eliminando las barreras económicas y sociales que hoy limitan esa decisión.

Mientras tanto, la mayoría de los expertos coincide en que el envejecimiento de la población será uno de los fenómenos con mayor impacto sobre las economías, los sistemas de salud, los mercados laborales y las finanzas públicas durante las próximas décadas, obligando a gobiernos de todo el mundo a replantear sus políticas sociales, migratorias y económicas.

No todo es negativo

Bloom, Kuhn y Prettner, en «El debate sobre la caída de la fecundidad«, plantean con menos dramatismo la situación.

Si bien reconocen que la caída de la fecundidad genera ciertos desafíos, también consideran que «… bien puede mejorar nuestras vidas».

Los autores no ignoran lo expuesto previamente, de hecho, lo desarrollan, pero también plantean que «si el número de niños y la población en general se reducen, disminuirá también la necesidad de gastar en vivienda y cuidado de los niños, lo que liberará recursos para otros fines, como la investigación y el desarrollo y la adopción de tecnologías avanzadas».

Por tanto, «la caída de las tasas de fecundidad puede estimular el crecimiento económico propiciando un aumento de la participación en la fuerza laboral, un mayor ahorro y más acumulación de capital físico y humano».

Añade, además, que «el decrecimiento demográfico también puede reducir las presiones sobre el medio ambiente relacionadas con el cambio climático, el agotamiento de los recursos naturales y la degradación medioambiental».

El punto, entonces, recae en cómo las sociedades, las naciones en particular, se preparan para ese impacto, cómo desarrollan políticas públicas al respecto.

«Junto con los avances en digitalización, automatización e inteligencia artificial, los futuros descensos de la población suponen un desafío considerable, pero también una oportunidad para las economías del mundo», añaden los autores en dicho documento.

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