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Opinión médica/La vacuna que salva futuros

En tiempos en que la ciencia ofrece herramientas concretas para salvar vidas, resulta incomprensible que aún persistan dudas, mitos y silencios alrededor de una vacuna que puede prevenir más del 70 % de los casos de cáncer cervicouterino asociados a los tipos 16 y 18 del virus.

Experto en epidemiología y salubrista, Ricardo Lara. Foto EDH/Miguel Lemus
Experto en epidemiología y salubrista, Ricardo Lara. Foto EDH/Miguel Lemus

Ante la excelente decisión de ampliar el grupo de personas que se pueden vacunar contra el Virus del Papiloma Humano (VPH), conviene reflexionar con claridad y responsabilidad.

Hay decisiones de salud pública que no deberían esperar al miedo, al diagnóstico tardío ni al duelo de una familia. La vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH) es una de ellas: no es solo una dosis, es una frontera ética entre la prevención inteligente y la tragedia evitable.

En tiempos en que la ciencia ofrece herramientas concretas para salvar vidas, resulta incomprensible que aún persistan dudas, mitos y silencios alrededor de una vacuna que puede prevenir más del 70 % de los casos de cáncer cervicouterino asociados a los tipos 16 y 18 del virus.

La sociedad debe comprender que vacunar hoy es proteger la dignidad biológica del mañana.

Estas son diez recomendaciones e incentivos que, como país, debemos abrazar con responsabilidad:

  1. Vacunar antes del inicio de la vida sexual.
    La mayor eficacia se logra en niñas y adolescentes antes de la exposición al virus. Allí la vacuna actúa con toda su fuerza preventiva.
  2. Entender que prevenir siempre cuesta menos que tratar.
    Un esquema de vacunación evita cirugías, quimioterapia, radioterapia, sufrimiento familiar y elevados costos al sistema sanitario.
  3. Romper el mito de que la vacuna promueve conductas sexuales.
    Vacunar no modifica valores; protege la salud. La moral se educa en casa; la prevención se fortalece en la salud pública.
  4. Incluir a padres, maestros e iglesias en la educación sanitaria.
    La confianza comunitaria es decisiva para elevar coberturas y vencer la desinformación.
  5. Facilitar jornadas escolares de vacunación.
    La escuela sigue siendo el territorio más eficiente para alcanzar cobertura masiva y equidad social.
  6. Recordar que el cáncer cervicouterino sí puede eliminarse.
    Pocos cánceres ofrecen una oportunidad tan clara de prevención primaria. La vacuna es la puerta de entrada a esa meta.
  7. Acompañar la vacuna con tamizaje en mujeres adultas.
    El Papanicolaou y la prueba de ADN-VPH siguen siendo aliados esenciales en quienes no fueron vacunadas.
  8. Combatir activamente las noticias falsas.
    Cada rumor sin base científica puede traducirse en una mujer menos protegida y en un cáncer más en el futuro.
  9. Promover la vacunación también en varones.
    La prevención integral exige corresponsabilidad; ellos también participan en la cadena de transmisión y pueden desarrollar otros cánceres asociados al VPH.
  10. Convertir la vacunación en un acto de amor intergeneracional.
    Una madre que vacuna a su hija no solo previene una enfermedad: protege maternidades futuras, proyectos de vida y años de esperanza.

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