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Tensiones Europa-Rusia: ¿en qué consiste la disuasión avanzada francesa?

En 2026, la «disuasión avanzada» francesa no es ni un paraguas nuclear permanente ni una simple declaración de solidaridad: busca establecer una alianza estratégica con los países europeos para disuadir a Rusia

En su discurso sobre la doctrina nuclear militar francesa de principios de 2026, pronunciado desde la base naval estratégica de Île Longue, sede de los submarinos de propulsión nuclear y misiles balísticos, y cuya aplicación se extendió posteriormente a varios países europeos, el presidente Emmanuel Macron abogó oficialmente por una «disuasión avanzada».

En un contexto marcado por la guerra en curso en Ucrania, el creciente número de acciones híbridas rusas en las fronteras de la Unión Europea y la OTAN y las persistentes dudas europeas sobre la sostenibilidad del paraguas nuclear estadounidense bajo la segunda administración Trump, París ha decidido materializar una idea largamente planteada: los intereses vitales de Francia tienen una dimensión europea.

La pregunta que plantea Francia es clara: ¿podemos imaginar realmente que la supervivencia de nuestros socios más cercanos se vea amenazada sin que ello afecte a nuestros intereses vitales? La respuesta no consiste en un «botón nuclear europeo» ni en compartir la decisión de utilizar armas nucleares, la cual permanece exclusivamente en manos del presidente francés. Se trata de una proyección gradual de la postura disuasoria de Francia hacia el continente, con el fin de complicar los cálculos estratégicos de Moscú. El objetivo es reforzar la credibilidad de una respuesta europea ante un eventual ataque nuclear ruso.

En concreto, la «disuasión avanzada» funciona como un instrumento de cooperación adaptado a cada socio voluntario. Se basa en consultas estratégicas exhaustivas y en la participación de los aliados en ejercicios de las fuerzas aéreas estratégicas francesas (como las incursiones simuladas tipo «Poker»), que actúan como una «señal» destinada a visibilizar, incluso más allá de las fronteras nacionales, la capacidad de Francia para proteger un espacio más amplio y, a largo plazo, en el despliegue de elementos de las fuerzas estratégicas —en particular, aviones «Rafale» con capacidad nuclear y armados con el misil ASMP-A— en el territorio de los Estados socios.

Francia también ha anunciado un refuerzo de su arsenal (cuyo volumen exacto ya no se hace público) y el mantenimiento de una doctrina estrictamente defensiva, que contempla la posibilidad de realizar una única advertencia nuclear. Todo ello complementa a la OTAN y a la disuasión ampliada estadounidense: no se trata de sustituirlas, sino de constituir un pilar europeo adicional en un momento en que la fiabilidad de Washington se percibe como menos segura.

En septiembre de 2026, diez países europeos participan en esta iniciativa: el Reino Unido, Alemania, Polonia, los Países Bajos, Bélgica, Grecia, Suecia, Dinamarca, Noruega y, desde el 14 de septiembre, Finlandia.

La adhesión de Helsinki, que comparte más de 1300 kilómetros de frontera con Rusia, tiene un alcance particular. En los meses siguientes se creará un grupo de dirección nuclear para poner en marcha la cooperación. Estonia, otro Estado fronterizo, ha indicado que se encuentra «en conversaciones» con París.

Esta expansión hacia el flanco nororiental de Europa apunta precisamente a la amenaza rusa: busca disuadir no solo un ataque convencional masivo o una alteración territorial de facto, sino también las maniobras con las que Moscú utiliza el potencial de su arsenal para intimidar a los europeos. Francia considera que una amenaza importante contra estos socios forma parte ya de sus evaluaciones estratégicas, sin que por ello se definan con excesiva precisión los «intereses vitales»; la ambigüedad calculada sigue siendo un elemento de la doctrina.

La reacción rusa del 15 de septiembre de 2026 confirmó que Moscú se toma en serio este movimiento. El Kremlin sigue denunciando el «mito de la amenaza rusa», al tiempo que multiplica las señales de escalada.

Para París y sus socios, son precisamente esta retórica y estas prácticas las que justifican hacer más tangible la dimensión europea de la disuasión francesa. No obstante, la iniciativa tiene un alcance limitado: no contempla una planificación conjunta del empleo de armas, ni transferencias de armamento, ni garantías automáticas comparables a las del artículo 5 de la OTAN.

Su credibilidad dependerá de la solidez de los ejercicios, de la voluntad política real de incluir a los aliados en los cálculos franceses y de la capacidad de los europeos para reforzar, paralelamente, sus fuerzas convencionales, los sistemas de alerta temprana y la defensa antimisiles.

En 2026, la «disuasión avanzada» francesa no es ni un paraguas nuclear permanente ni una simple declaración de solidaridad: busca establecer una alianza estratégica con los países europeos para disuadir a Rusia de poner a prueba o quebrantar la seguridad del continente, preservando al mismo tiempo la independencia de decisión que constituye el núcleo histórico de la fuerza de disuasión nuclear.

Politólogo francés y especialista en temas internacionales.

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