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Parte de España quedó en tinieblas por un eclipse total

Con gritos de alegría y aplausos, centenares de personas reunidas en un campo abrasado por el calor dieron la bienvenida a la momentánea oscuridad total que les ofreció el eclipse en pleno día

Este raro acontecimiento, tan impresionante como fugaz, fue visible durante unos dos minutos a lo sumo
Este raro acontecimiento, tan impresionante como fugaz, fue visible durante unos dos minutos a lo sumo

Varias regiones de España quedaron este miércoles sumidas en una oscuridad total, en pleno día, por un eclipse total que fue una experiencia inolvidable para millones de curiosos que observaron el fenómeno astronómico completamente embelesados.

Este raro acontecimiento, tan impresionante como fugaz, fue visible durante unos dos minutos a lo sumo, en una franja de territorio que abarcaba desde Galicia, en el noroeste peninsular, hasta la costa mediterránea y las islas Baleares. 


La luminosidad fue bajando poco a poco, hasta que esa zona quedó bañada únicamente por una luz anaranjada típica del atardecer, hasta que se hizo momentáneamente de noche. En medio de un silencio casi religioso. 

«¡Qué pasada!», exclamó una señora en el puerto de Tarragona, a orillas del mar Mediterráneo, mientras que muchos de los que se encontraban a su alrededor aplaudían emocionados.

Entre los allí congregados había muchos turistas y locales que no se quisieron perder el espectáculo, animados por el entusiasmo que se apoderó de España estos últimos días ante la inminencia del primer eclipse total en el país en más de 100 años. 

Unos 500 km más al oeste, en la localidad norteña de Lodoso, cerca de Burgos, también se palpaba la ilusión generada por el acontecimiento.

Con gritos de alegría y aplausos, centenares de personas reunidas en un campo abrasado por el calor dieron la bienvenida a la momentánea oscuridad total que les ofreció el eclipse en pleno día.

Muchos quisieron inmortalizar el momento con sus celulares, tomando fotos y videos del momento en que la Luna ocultó completamente el Sol.

Para vivir ese momento tan esperado, hubo quien esperó toda la tarde en medio de un calor sofocante, bajo la escasa sombra de una sombrilla. Otros, más preparados, llegaron temprano para instalar sus telescopios y no perderse ni un detalle. 

En la zona se colocaron carteles en varias lenguas (francés, coreano, polaco, alemán, inglés y español) para organizar a la gente. 

En Palma de Mallorca, capital de las Baleares, numerosos turistas, en traje de baño y con los pies bañados por las olas, observaron atentamente el eclipse con las gafas de protección.

Madrid, la capital de España, quedó fuera del eclipse total, pero el Sol quedó tapado en un 99%, lo que dejó la capital casi completamente a oscuras.

De todos modos, algunos de sus residentes decidieron trasladarse a los alrededores para observar el espectáculo en su totalidad.

«Espectacular, muy bonito, la verdad, un momento único», comentó Rosa María Zamora, una madrileña jubilada de 72 años en Colmenar Viejo, unos 30 km al norte de la capital.

Una fugaz noche en pleno atardecer

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En medio del atardecer se hizo la noche. Un eclipse solar sumió este miércoles en la oscuridad desde los confines del Ártico ruso hasta las islas mediterráneas de España, en un inusual fenómeno astronómico seguido con entusiasmo por millones de europeos.

«Casi me pongo a llorar, me ha subido un escalofrío por el cuerpo, era precioso», dijo Alejandro Cuesta, un investigador científico de 30 años en la ciudad española de Tarragona.

«Se veían las manchas solares que salían rojizas… Lo mejor de mi vida que yo haya visto», dijo el hombre, que lo presenció con su madre.

Poco antes de las 17:00 GMT, la alineación perfecta entre la Luna y el Sol proyectó en el extremo norte de Rusia una enorme sombra, que se desplazó sobre Groenlandia, Islandia y España hasta desaparecer en el Mediterráneo una hora y media después.

En las afueras de Madrid, en Colmenar Viejo, cuando la Luna cubrió completamente el Sol y solo dejaba ver su flameante corona, el ambiente refrescó y la luz se hizo más tenue.

En medio del asombro, los asistentes se tomaban fotos e intercambiaron abrazos, gritaban de alegría y algunos hacían sonar las bocinas del coche.

«Espectacular, muy bonito la verdad. Un momento único», reconoció Rosa María Zamora, una jubilada de 72 años que se desplazó desde la capital.

El raro fenómeno astronómico atravesó España desde el noroeste atlántico hasta las Baleares, por donde desapareció alrededor de las 18:30 GMT.

Aunque fuera solo parcial, el fenómeno también captó el interés de multitudes en el resto de España, gran parte de Europa occidental, Canadá, el noroeste de África y Estados Unidos.

La «noche más breve»

El espectáculo fue fugaz. La fase de totalidad duró menos de dos minutos, como máximo, en las zonas más afortunadas.

Pero el fenómeno en su conjunto, desde que la Luna empezó a tapar el Sol hasta que volvió a desaparecer, se extendió casi dos horas.

En Lodoso, un pequeño pueblo cerca de la ciudad norteña de Burgos, centenares de personas, equipadas con lentes de protección, lo siguieron embelesados y estallaron en vítores cuando se alcanzó la oscuridad.

«Es la primera vez y también la última, la única vez que voy a ver un eclipse», decía entusiasta Yenny Guevara, una peruana de 50 años, que viajó desde Francia para vivir este acontecimiento «excepcional».

El azar astronómico recompensó a partes de la conocida como «España vaciada», zonas del interior más rural y despoblado, adonde acudieron multitud de turistas, amantes de la astronomía y científicos.

Para estos últimos, el evento representa una oportunidad poco frecuente de estudiar la atmósfera del Sol y su capa más externa, con la esperanza de desentrañar los secretos de los vientos solares y del campo magnético del astro.

En Reikiavik, la capital islandesa, el divulgador científico y astrónomo Saevar Helgi Bragason dijo a la AFP que llevaba «más de diez años esperando» para contemplar «la noche más breve, repentina, hermosa, única y, ojalá, más memorable de nuestras vidas».

«Una luz resplandeciente en la oscuridad»

Y aunque el cielo nubloso y la lluvia en Islandia impidieron apreciar el baile entre la Luna y el Sol, muchos guardarán un recuerdo inolvidable.

«Se me ponía la piel de gallina por todo el cuerpo», dijo Glenn Rosa, un turista de 44 años procedente de Houston.

«En la oscuridad, miraba hacia el faro y apenas se distinguía. Era como una luz resplandeciente en la oscuridad que lo rodeaba. Es casi indescriptible», comentó Mylisha Lanegan, una profesora estadounidense de 34 años.

Desde 1433 no se vivía un eclipse total en la capital islandesa. En España peninsular el último se produjo hace más de un siglo, pero el país vivirá otro en agosto del próximo año.

Aun así, muchos prefirieron no dejar escapar la ocasión. En las salidas de Madrid y Barcelona, fuera de la franja de la totalidad, se formaron retenciones de coches que se dirigían hacia zonas más afortunadas.

Mercedes Búa, por ejemplo, convenció a su padre en silla de ruedas para viajar hasta Colmenar Viejo.

«Yo quería quedarme en casa porque estoy inválido, pero mi hija se ha empeñado en que me tenía que traer», refunfuñó Antonio, de 81 años. «No cabe duda que es un hecho que si lo puedes vivir, mejor».

Otros llegaron de más lejos, como Paolo Boschetti, que viajó desde Italia con su familia y su gran telescopio hasta Tarragona, unos 100 km al sur de Barcelona.

«Vinimos a ver el eclipse, y luego Barcelona y Tarragona», dijo el informático de 50 años, deseoso de experimentar el «total black». 

Segundo destino turístico mundial, España espera que el eclipse aporte una contribución neta de unos 400 millones de dólares y casi 450.000 turistas adicionales en las principales zonas, según el gobierno.

Pero la esperada afluencia de turistas en lugares poco acostumbrados a ellos suscitó también la inquietud de las autoridades, que llamaron a la prudencia, especialmente ante las altas temperaturas y el riesgo alto de incendios.

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