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Nivel de estudios incide en las ganancias mensuales de los emprendedores, según el Observatorio Mype

De acuerdo con un análisis reciente, las ganancias de los microempresarios salvadoreños están relacionadas directamente con sus años de formación. Según el Observatorio Mype, en el país hay hasta 613,509 unidades económicas de subsistencia, o sea, pequeños negocios que sostienen la economía diaria de sus dueños

Mypes El Salvador
Las mujeres son las que lideran los micro y pequeños negocios, el rubro más alto está dominado por el sector comercio, seguido del de servicios. Foto EDH/Archivo.


El sector emprendedor y de pequeños negocios en El Salvador representa una buena porción de la dinámica económica, ya que en ese rubro se concentra una gran parte de la población que utiliza estos medios como una forma de generar ingresos, los cuales están condicionados a diversos factores, entre ellos, el nivel de escolaridad.

Así lo plantea un reciente análisis publicado por el Observatorio Mype de la Fundación Salvadoreña de Apoyo Integral (FUSAI), el cual señala que los microempresarios con mejores niveles de escolaridad tienen mejores ingresos en sus negocios, lo que plantea el vínculo directo que hay entre la educación y la visión empresarial.


Puntualmente, el artículo subraya que los grados de estudio de los emprendedores son “una variable que determina tanto o más la capacidad de un emprendedor para generar ingresos, tomar decisiones financieras y sostener su negocio en el tiempo, y que casi nunca aparece en esa conversación”.

Como ejemplo, señala que al cruzar los datos propios del Observatorio Mype con los que arroja la más reciente Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM) de 2025, “cada grado escolar aprobado representa, en promedio, $12.66 adicionales al mes para el microempresario”, lo que se traduce en que un microempresario con seis grados aprobado $80 más en ingresos que aquellos con ningún grado de estudio.

En este sentido, el análisis sostiene que la valoración no es arbitraria ni se queda en el plano teórico, pues lo pueden comparar con los datos que manejan. “Un microempresario de subsistencia con bajo nivel de escolaridad genera ingresos promedio de $252.11 mensuales. Quien alcanza un nivel de escolaridad equivalente a nueve años de estudio llega a $366.01. Son $113 de diferencia mensual que no provienen de un crédito ni de una capacitación técnica, sino de contar con un mayor nivel de escolaridad”, apunta.

Este dato es clave, sobre todo, por que la gran mayoría de unidades de negocio en el país son, además de informales, de subsistencia para las personas que las administran, por lo que el beneficio de contar con cierto nivel de escolaridad recae, precisamente, en los sectores que mejores ingresos necesitan para solventar sus gastos diarios.

Lo anterior quiere decir que aquellos emprendedores con pocos años de estudio pueden sumar hasta $16 extras al mes con cada año de educación básica cursado, “el segmento que más gana con educación básica es exactamente el que enfrenta mayor vulnerabilidad”, reitera el análisis, el cual arroja que en el país hay hasta 613,509 unidades económicas de subsistencia, de las cuales hasta un 68.8% son representadas por mujeres y solo un 37.5% alcanzó el sexto grado de educación básica.

Pero, ¿por qué existe esa relación entre los grados de estudio y los niveles de ingresos en los negocios? Según el Observatorio Mype, “un emprendedor con mayor nivel de escolaridad comprende con más facilidad los costos de operación, compara precios, negocia con proveedores y adopta herramientas básicas de gestión. En un entorno donde miles de microempresas operan con márgenes mínimos, esa capacidad no es un complemento opcional: es la diferencia entre sostener el negocio o cerrar en el primer trimestre difícil”.

Por ello, considera que hay elementos de política pública que deben involucrarse en esta ecuación, pues “la inversión pública en alfabetización y educación básica para adultos no es un programa social desconectado del tejido productivo. Es una intervención con retorno económico medible en el segmento más numeroso del parque empresarial salvadoreño”, afirma.

Lo anterior, en síntesis, no solo incluye lo relacionado a la alfabetización en sí misma, sino también una “segunda educación” para adultos que se enfoque en áreas como educación financiera y esquemas de microcréditos, todo con el fin de impulsar el desarrollo de las microempresas y “la mejora de calidad del segmento de mayor pobreza en el país”, concluye.

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