´Según un reciente informe de la Fundación Ciudadana Por un Consumo Responsable (FCCR), la cantidad de salvadoreños en esta situación ronda los 2.5 millones.
´Según un reciente informe de la Fundación Ciudadana Por un Consumo Responsable (FCCR), la cantidad de salvadoreños en esta situación ronda los 2.5 millones.

Los altos precios de los alimentos en el país han mantenido presión sobre la economía de las familias, algo que provoca que, de hecho, enfrenten problemas para alimentarse de forma adecuada, lo cual se traduce en una inseguridad alimentaria que oscila entre las categorías de moderada y grave en el país.
Así lo reporta el reciente informe Economía y Sociedad de la Fundación Ciudadana Por un Consumo Responsable (FCCR), el cual analiza la situación de hasta 19 países latinoamericanos, los cuales experimentan algún grado de dificultad relacionada con la adquisición de alimentos.
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Puntualmente, el informe señala que, aunque en el país la inseguridad alimentaria ha disminuido levemente en comparación con años anteriores, el porcentaje de la población en esa situación se mantiene alto y se coloca en un 41.7%, los cuales equivalen a unos 2.5 millones de personas si tomamos como base el total de la población que arrojó el Censo Nacional de 2024.
¿Pero qué significa que esa cantidad de salvadoreños enfrenten una inseguridad alimentaria moderada o grave? De acuerdo con el documento, «la inseguridad alimentaria es moderada, cuando las personas se enfrentan a incertidumbres para obtener alimentos, viéndose obligadas a reducir, a
veces a lo largo de un año, la calidad y/o cantidad de la comida que consume, debido a la falta de dinero o de otros recursos».
Por su parte, la inseguridad alimentaria grave es cuando «las personas probablemente se han quedado sin alimentos, han pasado hambre y, en el caso más extremo, han estado días sin comer, poniendo en grave riesgo su salud y bienestar».
Estas definiciones, de hecho, pueden aplicarse a la realidad salvadoreña, pues de acuerdo con algunos organismos, en algunas zonas del país las familias ya están implementando estrategias de afrontamiento debido a los problemas que experimentan para suplir sus necesidades alimentarias.

De acuerdo con un reciente análisis de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (CIF), elaborado para la zona fronteriza de la Región Trifinio, compartida por El Salvador, Guatemala y Honduras, muchos habitantes de esa zona, «para poder alimentarse, han hecho uso de estrategias de afrontamiento tales como: comer alimentos menos preferidos, reducir el número de comidas al día, limitar las porciones a la hora de comer, pedir comida prestada, o dinero para comprarla, a amigos y familiares, y limitar la ingesta de adultos para alimentar a los niños».
Las razones detrás de esa situación son varias: por un lado, está el factor climático que ha afectado a las familias que viven de la agricultura de subsistencia; la disminución de lluvias ha mermado la cantidad de granos producidos y, por ello, incluso ya agotaron las reservas de granos que produjeron en el ciclo agrícola anterior. Por el otro, el alto costo de los alimentos ha deteriorado la capacidad adquisitiva de las familias, las cuales no pueden costear la cantidad de alimentos adecuados.
Lo anterior ocurre en un contexto en el que la Canasta Básica Alimentaria (CBA) para el sector urbano ya sobrepasó los $261 y registró su tercer precio más alto desde 2001. En el caso de la CBA rural, el precio más reciente a julio se colocó en $186.50, una cifra que, aunque es menor que el conjunto de alimentos de las familias urbanas, es difícil de asumir por las familias del campo salvadoreño.
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La información de la FCCR coincide con lo expuesto en meses anteriores por la Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna (FEWS Net, en inglés), la cual apunta que «los hogares más afectados están experimentando ligeros déficits en el consumo de alimentos o recurriendo a estrategias de afrontamiento insostenibles para mitigar dichos déficits, tales como la venta de activos productivos o del hogar, la reducción del número de comidas al día o la reducción de gastos esenciales no alimentarios».
En este sentido, FEWS Net apunta que la situación es más común en los departamentos de Usulután, Morazán y La Unión, los cuales se han visto afectados por factores climáticos como la disminución de lluvias a causa de fenómenos como El Niño, el cual ya provocó sequías y pérdidas de miles de manzanas de cultivos en el oriente salvadoreño.
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