Sin fisuras en el servicio: Marcelo «Chelo» Arévalo y Pavić cedieron el cetro de Wimbledon 2026
El binomio integrado por Marcelo «Chelo» Arévalo y el croata Mate Pavić cayó en la definición del cuadro de dobles de caballeros frente a Harri Heliövaara y Henry Patten por un doble 7-6. En un cotejo de marcada paridad disputado en la célebre cancha central, los líderes del escalafón internacional impusieron su oficio en los desempates para consumar su revancha y coronarse en Londres
El finlandés Harri Heliövaara y el británico Henry Patten, máximos favoritos de la competición, se alzaron este sábado con el trofeo de Dobles Masculinos en Wimbledon 2026 al doblegar a los sextos preclasificados, el centroamericano Marcelo Arévalo y el balcánico Mate Pavić.
El marcador definitivo de 7-6(4) y 7-6(3) refleja el tremendo equilibrio de una contienda celebrada en el Court Central, la cual se dirimió sin que se registrara una sola vulneración del saque en todo el trámite.
Ambas mangas debieron resolverse indefectiblemente en la instancia de la muerte súbita, donde los detalles inclinaron la balanza.
La elocuencia de las variables estadísticas
Las planillas del encuentro ratifican la paridad sobre la superficie vegetal.
Si bien Arévalo y Pavić exhibieron una mayor contundencia con sus ejecuciones directas acumulando nueve aces frente a los seis de sus oponentes, Heliövaara y Patten mostraron una regularidad superior con su primer servicio, alcanzando un sesenta y seis por ciento de efectividad contra un cincuenta y nueve de los vicecampeones.
Asimismo, los líderes mundiales marcaron la diferencia al momento de la devolución, capitalizando el veintiocho por ciento de los puntos jugados al resto, en contraste con el dieciocho por ciento obtenido por sus contrincantes.
Con idéntico caudal de tiros ganadores —once por bando—, el lance supremo terminó decantándose del lado de la solvencia europeo-británica en los momentos de mayor presión psicológica de cada período.
Foto: AFP
Sello de jerarquía y el sabor del desquite inmediato
Mediante esta conquista, Heliövaara y Patten custodiaron con éxito el cetro que ya supieron acunar en la temporada de 2024, coleccionando de este modo su tercer galardón de Grand Slam como sociedad, tras la consagración de hace dos años en territorio británico y la posterior victoria en el Abierto de Australia 2025.
El desenlace asumió, además, un claro matiz de desquite. Escasas semanas atrás, el jugador salvadoreño y su socio croata los habían batido en la final del torneo de Queen’s Club con un inapelable 6-2 y 6-4.
Aquel traspié inauguró una sobresaliente seguidilla de nueve satisfacciones consecutivas para los hoy derrotados, una racha invicta que feneció justamente en la jornada de hoy.
Un itinerario escarpado hacia la jornada decisiva
El trayecto hacia el partido cumbre no estuvo exento de escollos para ninguna de las dos combinaciones.
Heliövaara y Patten, quienes preservaron la vanguardia del ranking ATP durante el transcurso de la quincena, debieron bregar arduamente en semifinales para desarbolar la resistencia de Thanasi Kokkinakis y Aleksandar Kovacevic por 7-6(2) y 7-6(8), neutralizando tres situaciones de quiebre en una cancha número uno colmada.
Por el otro sector del cuadro, Arévalo y Pavić —quienes en la ronda de Cuartos de Final habían despedido a los campeones precedentes, los locales Julian Cash y Lloyd Glasspool— batieron en la antesala de la final a los séptimos favoritos, Kevin Krawietz y Tim Puetz, por un tanteador de 7-6(8) y 6-2, accediendo así a su estreno absoluto en una definición en este certamen como fórmula asociada.
Foto: AFP
Tradición local e ilusiones postergadas en Londres
Para el tenista Henry Patten, la consagración representa la extensión de una rica hegemonía británica en esta modalidad, garantizando la continuidad de campeones oriundos de estas tierras en el cuadro de dobles.
En la vereda opuesta, la frustración caló hondo en los atletas.
Para Pavić, quien ya había alzado la copa en 2021 en complicidad con Nikola Mektić, y para el «Chelo» Arévalo, dos veces laureado en la arcilla de Roland Garros, la caída significó una valiosa oportunidad malograda en su anhelo por conquistar su primer título conjunto en la emblemática hierba.
Llegando al torneo como uno de los binomios más afinados del circuito, debieron conformarse con el plato de plata, masticando la amargura de quedar a las puertas de la gloria eterna.