Pochettino saca pasaje anticipado: EE.UU. durmió a Australia y clasifica
Con una dosis de oportunismo quirúrgico, un libreto sumamente pragmático en el complemento y un arbitraje que miró el reglamento con indisimulables ojos de local, el seleccionado norteamericano venció 2-0 a los «Socceroos». Los dirigidos por Mauricio Pochettino encadenaron su segundo triunfo en este Mundial 2026 y abrocharon la clasificación a los dieciséisavos de final, obligando a los oceánicos a jugarse el pellejo en la última jornada.
El choque de ganadores de la primera jornada prometía ser una batalla de alto voltaje, pero terminó decantándose temprano en favor del dueño de casa gracias a una mezcla de infortunio ajeno y puntería propia.
La apertura del marcador llegó por la vía menos pensada cuando el defensor australiano Cameron Burgess, en su afán por despejar, terminó empujando la pelota en propia puerta para el lamento de su parcialidad.
Sin tiempo para que los oceánicos asimilaran el golpe, Alex Freeman estiró la ventaja con un impecable testazo que debió pasar por el riguroso filtro del VAR antes de hacer estallar las gargantas en las tribunas.
Aquel 2-0 madrugador terminó siendo un lastre demasiado pesado para una Australia que, de ahí en más, chocó contra sus propias limitaciones creativas.
En la pizarra, los muchachos comandados por el estratega santafesino Mauricio Pochettino exhibieron una propuesta irreverente, veloz y sumamente punzante durante toda la primera mitad.
Sin embargo, para el complemento, el libreto europeo mutó en un pragmatismo bien sudamericano: los norteamericanos guardaron el violín en la bolsa, sacaron el overol y se dedicaron lisa y llanamente a abroquelarse en su propio campo, defendiendo la renta obtenida y dejando que el reloj consumiera las esperanzas de los dirigidos por Tony Popovic.
Un silbato amigo y kinesiología amateur en el descuento
La polémica de la tarde corrió por cuenta del colegiado alemán Felix Zwayer, cuyo desempeño dejó mucha tela para cortar sobre el césped.
Con un criterio bastante elástico y llamativamente inclinado en favor de las huestes anfitrionas, Zwayer midió los roces físicos con una doble vara que encendió la furia de la banca australiana, sancionando las divididas con una alarmante falta de imparcialidad que planchó cualquier intento de rebeldía visitante.
Como si al partido le faltaran condimentos extravagantes, el mismísimo Zwayer protagonizó el blooper de la jornada en los minutos de adición al sufrir un tirón muscular.
Lejos de solicitar la asistencia de los médicos o dar el brazo a torcer, el réferi resolvió la contingencia él solo, improvisando una sesión de elongación casera en mitad de la cancha ante la mirada atenta y expectante de la cuarta árbitra, Kattya García, quien ya se acomodaba los auriculares lista para saltar al ruedo a apagar el incendio.
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Cuentas matemáticas y una paternidad de tres décadas
Con este panorama, Estados Unidos llegará al último compromiso de la fase de grupos frente a Turquía con la tranquilidad de tener el boleto guardado en el bolsillo trasero.
En la otra vereda, la clasificación de Australia quedó flotando en el limbo de las matemáticas; ahora los de Oceanía se verán obligados a disputar un duelo a todo o nada contra Paraguay en la fecha de cierre, quedando además a expensas de lo que los guaraníes logren cosechar previamente ante el combinado turco.
La derrota no hace más que prolongar un maleficio histórico que los «Socceroos» parecen incapaces de romper.
Para encontrar la última victoria de Australia sobre los norteamericanos hay que desempolvar los archivos y viajar hasta el lejano año 1992, cuando se impusieron por un escueto 0-1 en un amistoso gracias al grito de Eddie Thomson.
Pasó más de un tercio de siglo, cambiaron las generaciones y los soportes tecnológicos, pero en la cancha la paternidad de las barras y las estrellas sigue tan vigente como el primer día.