[ OPINIÓN ] Una situación casi incontrolable en el mundo de la información. La falta de crédito en el periodismo no tiene una sola causa.
[ OPINIÓN ] Una situación casi incontrolable en el mundo de la información. La falta de crédito en el periodismo no tiene una sola causa.

Una situación casi incontrolable en el mundo de la información es el plagio, aquello que la RAE define como: «Acción y efecto de plagiar, copiar obras ajenas».
Es decir, según la entidad: «Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias».
Ante tal sentencia, ciertamente el plagio hoy en día es complicadísimo de combatir. Con las plataformas y sus creadores, quienes se pueden contar por miles o millones según sea el caso, la tarea se torna titánica y hasta utópica.
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William Noel Alfaro, mientras realizaba acciones de editor en una de las secciones más emocionantes de El Diario de Hoy, solía decir a su equipo: «Recuerden siempre, las buenas prácticas».
Alfaro enumeraba como tales varias de ellas en este oficio, pero una en particular le ocupaba con rigurosidad, brindar los respectivos créditos a entidades o colegas quienes obtuvieron de primera mano esta o aquella información que nos era, con claridad, de mucha utilidad para publicar.
No lo hacía por temor a reclamos, por miedo a encarar a un autor ajeno, o para presumir su ética.
Para Alfaro esa buena práctica de otorgar la autoría que no le correspondía era nada menos que un deber ser, algo intrínseco que debe primar en todo comunicador al margen de su formación o estatus.
¿Por qué es tan común el plagio de información en la internet?
Las respuestas pueden ser tan diversas como inútiles para justificar un plagio. Hay varias hipótesis que surgen cuando se piensa al respecto en ideas simples:
«Debo demostrar que yo lo puedo todo desde mi marca, mi nombre».
«Me urge exhibir mi destreza, no puedo dejar que nadie me rebase, que me gane, eso es inadmisible; si doy créditos demuestro debilidad».
«No es negociable para mí dar autorías, tengo que mostrar experiencia y jerarquía a cualquier precio».
«Nadie investiga y presenta la información como yo, nadie».
«Temo que las audiencias se enteren de las cosas buenas que mi competencia u otros hacen, no puedo permitirlo».
«No puedo dar mi brazo a torcer, tengo una reputación y una trayectoria que mantener; si brindo créditos demuestro incapacidad, quizás que no soy lo suficientemente bueno».
«Yo le di una forma distinta a lo que presenté, así que eso ya no es plagio».
«No puedo dar créditos de ajenos, mis jefes, mi empresa, lo prohíben».
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La falta de crédito en el periodismo no tiene una sola causa. Es un fenómeno complejo que cruza ética profesional, dinámicas de poder, economía de medios y hasta sesgos cognitivos.
Desde distintas disciplinas aparecen varias explicaciones plausibles. En el periodismo existe una tensión histórica entre el ideal de atribución y prácticas heredadas.
Manuales como los de la «Society of Professional Journalists» o la «Reuters» insisten en dar crédito siempre que sea posible, pero no todos los medios o colegas los aplican con el mismo rigor.
En redacciones tradicionales, ciertas informaciones se consideran “de dominio público”.
Asumen que “todo el mundo ya sabe de dónde viene” una historia. En culturas de alta competencia, se prioriza la primicia sobre la atribución con sobrada claridad.
Desde la economía de medios y la teoría de la atención, la rapidez se volvió moneda clave. El ciclo de noticias 24/7 incentiva publicar primero y verificar después.
Dar crédito puede percibirse (erróneamente) como “perder tráfico” o visibilidad. Estudios sobre medios digitales muestran que el incentivo está en atraer clics, no en reconocer fuentes.
En la sociología (por ejemplo, Pierre Bourdieu) el crédito es “capital simbólico”. No darlo puede ser una forma de apropiarse de prestigio.
Medios grandes pueden invisibilizar a periodistas independientes o locales. Aquí entra también la desigualdad estructural, no todas las voces tienen el mismo peso para exigir reconocimiento.
Basados en la epistemología y teoría del conocimiento ¿Qué es “original”? ¿El dato, el enfoque, la investigación? Si varias fuentes llegan al mismo hallazgo, algunos periodistas creen que no es necesario citar.
No todo es estructural, a veces es simple descuido, uno que puede traducirse en falta de formación ética, edición apresurada o desorganización en la verificación de fuentes.
Casos documentados por organizaciones como el «Poynter Institute» muestran que muchos errores de atribución no son maliciosos, pero igual, dañan la credibilidad.
La explicación más grave está en copiar ideas, datos o investigaciones sin citar, reescribir contenidos de otros medios para hacerlos pasar como propios.
Desde el derecho de medios, algunos de estos o periodistas evitan citar para no dirigir tráfico a competidores. Otros lo hacen por miedo a litigios (por ejemplo, si la fuente original no es sólida).
La psicología social habla también del «Sesgo de autoservicio», es decir, atribuirse méritos propios y minimizar los ajenos. Encontramos también el «Efecto de disponibilidad», o sea, creer que una idea es propia porque es fácil de recordar. Además está el «Efecto Mateo», quienes ya son reconocidos reciben más crédito del que merecen.
Internet complicó la trazabilidad, los contenidos se replican rápidamente sin contexto, agregadores y redes sociales diluyen rápido el origen de la información tantas veces como puedan.
En definitiva, no todas las culturas periodísticas valoran igual la atribución de créditos a terceros, en algunos países citar fuentes es más riguroso que en otros.
No dar crédito puede ir desde un error menor hasta una falta ética grave.
Pero en el fondo, el problema casi siempre deviene cuando el sistema premia la velocidad, el impacto o el prestigio individual más que la transparencia, la atribución se vuelve completamente secundaria y carente de importancia.
Dicho sin rodeos, cuando un periodista no da crédito, rara vez es por una sola razón. Es una mezcla de contexto, presión, cultura profesional… y, en algunos casos, decisiones muy cuestionables.
Gracias a todos quienes brindan la correspondiente autoría a este medio con más de 90 años de trayectoria, y a quienes no, les invitamos a que se sumen a esta buena práctica por decencia y buen obrar.
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