OPINIÓN. Club Deportivo Cacahuatique de San Miguel encontró alivio lejos de su estadio ¿es esto una casualidad o más bien una estrategia exitosa? Vale la pena analizarlo
OPINIÓN. Club Deportivo Cacahuatique de San Miguel encontró alivio lejos de su estadio ¿es esto una casualidad o más bien una estrategia exitosa? Vale la pena analizarlo

Club Deportivo Cacahuatique, oriundo de San Miguel —o, para ser más rigurosos, de Ciudad Barrios, por más que la redonda no ruede en su pago chico—, ha hallado un alivio mayúsculo asumiendo su localía lejos de su feudo natural durante el presente campeonato 2025-2026 de la Liga Mayor de Fútbol.
La directiva cafetalera pateó el tablero y decidió mudar a la capital el choque de Ida por los Cuartos de Final del Clausura 2026 frente al FAS. Ante tamaña osadía, cabe preguntarse: ¿qué rédito le deparó la jugada?
Pues bien, los orientales estuvieron a un tris de doblegar al cuadro santaneco, al cual lograron someter en no pocos pasajes del pleito exhibiendo una encomiable enjundia y una puntería afinada.
En la antesala del cotejo, las voces más agoreras sostenían que, con semejante mudanza, el Cacahuatique estaba lisa y llanamente «regalando» la localía; un pecado de lesa deportividad que, en tiempos pretéritos, solía tentar a otras escuadras —sobre todo a las del Oriente del país— seducidas acaso por el espejismo de la recaudación.
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Las malas lenguas vociferaban en los mentideros futboleros que al «Cacahua» únicamente le quitaba el sueño los jugosos dividendos de la taquilla…
Sin embargo, los cafetaleros saltaron al maltrecho engramillado del Estadio Cuscatlán —cuyo paupérrimo estado, nobleza obliga, no constituye ninguna novedad— para pergeñar un andamiaje táctico más que aceptable frente a los felinos.
El conjunto oriental dejó meridianamente claro que su excursión a la capital no implicaba claudicar ni firmar un armisticio por anticipado.
Si bien el score final no termina de rubricar la afirmación de una superioridad absoluta, la propuesta futbolística, el rigor táctico y el formidable despliegue físico exhibido ante el FAS hablan por sí solos.
Quedó patente que no se obsequió absolutamente nada en estos primeros noventa minutos. Quien ose aseverar que en el Estadio Municipal de Chapeltique, cobijados por el calor de su parcialidad, los cafetaleros se habrían alzado ineludiblemente con la victoria, quizás, esta vez, esté errando anchamente.

Es cierto que el Cacahuatique ya sabe lo que significa doblegar al FAS en el feudo de Chapeltique; no obstante, resulta innegable que asumir el protagonismo en casa se le viene atragantando desde hace ya varios compromisos.
Las estadísticas, que no mienten ni entienden de romanticismos, son lapidarias.
Al escudriñar la libreta de apuntes de toda la fase regular del campeonato 2025-2026, nos topamos con un dato verdaderamente escalofriante: de veintidós cotejos posibles disputados en condición de local, el Cacahuatique apenas logró saborear las mieles del triunfo en tres pírricas ocasiones.
Ese famélico «3 de 22» es un bocado intragable para cualquier paladar futbolero. De los sesenta y seis puntos en disputa en su reducto a lo largo de la temporada completa, haber abrochado apenas nueve unidades arroja una sentencia irrefutable, jugar en casa les cuesta un mundo.
Frente a este tétrico panorama, la interrogante decanta por peso propio ¿Cuál es el tema subyacente para que al Cacahuatique le resulte un auténtico flagelo saltar al césped de su propio escenario?
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Los distintos estrategas que han desfilado por el banquillo y que fueron consultados al respecto han gambeteado elegantemente la respuesta. Ni Quiñones en su momento, ni Corti después, y mucho menos Piazzi en la actualidad, han logrado o querido arrojar luz sobre este enigma.
Se barajan múltiples hipótesis en el aire: la deficiente calidad de la grama, el calor abrasador, las dimensiones del campo, la altitud topográfica, la olla a presión en la que se convierte el graderío o incluso el horario puntual en que se fijan los mascones.
Arrojar una razón perentoria rozaría la especulación —e incluso constituiría una completa irresponsabilidad periodística— mientras nadie del riñón del club se plantee ante los micrófonos y afirme sin tapujos: «estas son las causales precisas de nuestra impericia jugando como locales».
Ahora bien, el hermetismo de puertas hacia afuera no implica, ni por asomo, un desconocimiento del problema de puertas hacia adentro. Huelga decir que, aun teniendo el diagnóstico preciso sobre la mesa, jamás lo harán de dominio público; tamaño sincericidio supondría entregarle en bandeja de plata aún más ventajas tácticas a sus oponentes.
Unos rivales que, a la luz de los hechos, se han hecho un festín arrebatando puntos una y otra vez en el coliseo de Chapeltique.
A modo de conclusión: el Cacahuatique ha certificado que abandonar el propio terreno no conlleva inexorablemente despojarse de la estirpe ni de las fortalezas colectivas. Esa máxima futbolera, al menos hoy, no está tallada en piedra para este equipo.
Como corolario picante para la revancha, al aficionado sólo le resta elucubrar que al FAS le costará sangre, sudor y lágrimas despachar al Cacahuatique en el duelo de vuelta.
Si la personalidad de los cafetaleros se agiganta y se vuelve de granito cada vez que arman los petates y juegan fuera de casa, agárrense fuerte, que se avizora un vuelo de altísima turbulencia para la escuadra tigrilla.
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