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Al FAS le sacaron canas verdes tras la Fase Regular

Tras una excelente Fase Regular, Club Deportivo FAS sufrió, y en serio, la ronda eliminatoria rumbo a la final del Clausura 2026 de la Liga Mayor de Fútbol de El Salvador; este fue su camino a la final

Diego Grande
Diego Grande, de FAS, celebra uno de los dos goles que convirtió ante Dragón. Foto EDH/Cortesía CD FAS.

Luego de completar una Fase Regular sencillamente excelsa —culminando en lo más alto de la tabla de posiciones de este Clausura 2026—, Club Deportivo FAS debió masticar vidrio y sufrir más de la cuenta para inscribir su nombre en la finalísima de este sábado.

Para buena parte de la parcialidad fasista, la obtención del primer puesto de la clasificación general no se digería precisamente como un presagio venturoso.


En el imaginario colectivo de Santa Ana aún gravitan los recuerdos tras la época dorada comandada por Alberto «Chochera» Castillo, un ciclo a donde el equipo tigrillo cimentó su fama remontando desde atrás hacia adelante, esquivando la supuesta maldición que históricamente persigue a los líderes intratables.

En esta oportunidad, el plantel logró ahuyentar a ese persistente fantasma de las postemporadas fallidas, aunque para conseguirlo tuvo que sudar la gota gorda.

Por esas indescifrables carambolas que suele deparar el azar, FAS inauguró su andadura en el certamen enfrentando a Metapán en el Estadio Oscar Quiteño; un estreno rústico en el que, al igual que le sucedió al Águila, fue incapaz de someter al combinado calero en Santa Ana.

No obstante, aquel traspié inicial obró como el combustible perfecto para encender los motores: a partir de allí, la escuadra asociada hilvanó una racha invicta de catorce compromisos.

En esa marcha triunfal arrolló a pesos pesados de la categoría, endosándole tres goles tanto al Alianza como al propio Águila —su rival de este sábado—, además de despachar con autoridad a Firpo por dos a cero en la ciudad heroica.

La liberación de una carga invisible

Sin embargo, el destino es un especialista en trazar curvas impredecibles. A medida que el torneo promediaba su curso, el peso de mantener la imbatibilidad comenzó a transformarse en un lastre psicológico, una mochila de plomo que suele desgastar incluso a los planteles de élite mundial.

El director técnico Adrián Sánchez se vio ante la disyuntiva táctica de sostener el récord a cualquier precio o privilegiar la salud física y mental de sus dirigidos de cara a la etapa de los bifes.

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Ya fuese por una directriz fría emanada desde el banquillo o porque las piernas de los futbolistas ya no soportaban arrastrar semejante ancla, FAS optó por soltar amarras y desprenderse de la racha invicta nada menos que ante el Águila, sufriendo un inapelable tres a cero en el Juan Francisco Barraza que reseteó las energías del grupo.

Tras aquel oportuno cable a tierra en San Miguel, FAS retomó la senda de la consistencia encadenando ocho lances más sin conocer la derrota, abrochando un liderato incontestable.

El emparejamiento de los Cuartos de Final parecía, sobre el papel, un trámite sumamente amigable al tener que colisionar contra el peor clasificado de la ronda regular.

Pero el fútbol es el reino de lo inesperado, y los cruces entre el primero y el octavo suelen albergar sorpresas de proporciones mayúsculas.

El aguerrido Cacahuatique saltó al campo con la ilusión intacta de emular la gesta de David contra Goliat, planteando una batalla táctica indomable que selló con tablas tanto el duelo de Ida como el de Vuelta.

En la agonía de la tanda de penales, FAS debió apelar a su chapa de multicampeón para inclinar la balanza desde los doce pasos y dejar en el camino a un rival dignísimo que lo tuvo contra las cuerdas.

El dilema de la doble identidad

Superado el sofocón ante los cafetaleros, el horizonte de las Semifinales deparó el cruce picante contra el Municipal Limeño.

En Santa Rosa de Lima, FAS tropezó por segunda vez en todo el certamen, una caída que encendió de inmediato las alarmas rojas en el búnker tigrillo al acumular tres partidos consecutivos de postemporada sin poder abrazarse con la victoria.

Afortunadamente para sus intereses, el cubilete santaneco corrigió la plana en el compromiso de vuelta, rescatando ráfagas del fútbol asociado e intenso que lo había caracterizado durante el verano liguero para sellar el boleto definitivo al partido cumbre, sabiendo de antemano que la corona se dirimirá ante su archirrival.

La campaña de FAS se resume en una extraña dicotomía: una Fase Regular imperial, desfilando con paso de vencedor, contrapuesta a una etapa eliminatoria resuelta con lo justo y con el corazón en la boca.

Ante la inminencia del choque definitivo, la gran incógnita que desvela a los analistas es saber cuál faceta terminará imponiéndose sobre el césped: si el juego atildado e intratable de la Fase Regular, o la versión agónica, dubitativa y emocional de la postemporada.

El felino santaneco salta a la arena con el único propósito de recuperar el trono en soledad y erigirse nuevamente como el rey de copas absoluto de El Salvador, con lo que desbancaría al Alianza tras casi un año de compartir el liderato nominal del palmarés.

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