Desde el punto de vista jurídico, el problema es igualmente grave. La presunción de inocencia no es un tecnicismo; es la piedra angular del Estado de Derecho. Cuando se normaliza su desconocimiento, el poder punitivo del Estado se vuelve arbitrario. Hoy afecta a quienes nadie defiende; mañana puede alcanzar a cualquiera.








