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Mauricio Bonilla, el alma de la danza salvadoreña que se recupera con la mirada puesta en los escenarios

Tras su último paso por un centro hospitalario, Bonilla resiste y continúa confiando en la pasión por la danza que lo mantiene vivo. Inmerso en un proceso de lenta recuperación, el maestro no pierde la esperanza de continuar haciendo arte para su El Salvador

Bailarín, docente y gestor cultural salvadoreño Mauricio Bonilla
En esta fotografía de archivo, Mauricio recién se recuperaba de su crisis de salud en diciembre de 2020. Foto / EDH

Hablar de la danza en El Salvador es, inevitablemente, pronunciar el nombre de Mauricio Bonilla. El reconocido bailarín, coreógrafo y gestor cultural, quien recientemente enfrentó un delicado proceso de salud que mantuvo en vilo a la comunidad artística, representa mucho más que técnica y escenario: es el motor de una disciplina que ha profesionalizado con pasión y rigor durante décadas

La huella de Bonilla en la cultura nacional es profunda y polifacética. Como formador, creador y gestor, no solo ha creado espectáculos de alto nivel, sino que ha servido como puente para que cientos de jóvenes salvadoreños encuentren en el baile una forma de vida y expresión.

Su estilo, que fusiona lo clásico, lo contemporáneo y lo popular, ha logrado democratizar la danza, llevándola desde los teatros más prestigiosos hasta las plazas públicas donde siempre se entrega a su audiencia.

Más allá de los aplausos, su mayor entrega reside en la docencia y la gestión. Bonilla ha sido un incansable defensor de los derechos de los artistas y un gestor que entiende que la cultura es el tejido que une a una sociedad.

Bailarín, docente y gestor cultural salvadoreño Mauricio Bonilla
Arriba, Mauricio posa de forma artística en 2004. Abajo a la izq. en clases con alumnas de la Universidad Católica en 2003 y a la der., recibiendo un reconocimiento en el Ateneo de El Salvador con el Lic. Manuel Bonilla, en 2016. Fotos EDH / Archivo

Además, su labor ha permitido que la danza salvadoreña cruce fronteras, poniendo en alto el nombre del país en escenarios internacionales y formando a bailarines que hoy brillan con luz propia.

Tras su reciente paso por el hospital debido a un padecimiento complicado, el gremio artístico y el público en general se volcaron en muestras de afecto, recordando que la figura de Mauricio es un patrimonio vivo. Su recuperación no es solo una noticia positiva para su familia, sino un respiro de esperanza para un sector que ve en él a un guía y a un eterno soñador.

«La danza es el lenguaje oculto del alma», decía Martha Graham, y en el caso de Mauricio Bonilla, esa alma ha latido siempre al ritmo de un El Salvador que baila, resiste y se eleva a través del arte.

Hoy, su legado sigue más vigente que nunca, recordándonos que, aunque los cuerpos puedan flaquear, la pasión de un verdadero maestro es eterna. Este 29 de abril, en el marco del Día Mundial de la Danza, Bonilla aceptó responder a algunas preguntas de eldiariodehoy.com.

Bailarín, docente y gestor cultural salvadoreño Mauricio Bonilla
Imagen del archivo personal de Mauricio Bonilla, en la que se le actuando como parte de un grupo de baile, en su juventud. Foto EDH
Mauricio Bonilla con Alcira Alonso, Roberto Navarrete y Sonia Batres
Alcira Alonso (i), Mauricio Bonilla, Roberto Navarrete y Sonia Batres, en la Casa de la Cultura del Centro de San Salvador, en 2002. Foto EDH / Archivo
Bailarín, docente y gestor cultural salvadoreño Mauricio Bonilla
Un grupo de los alumnos del Ballet Teatro de Mauricio Bonilla, en julio de 2007. Foto EDH / Archivo

Mauricio, después de décadas entregadas a los escenarios y de haber enfrentado recientemente un proceso de salud tan complejo, ¿qué es lo que hoy te da fuerzas para seguir pensando en la danza como motor de vida?
Bueno, la danza para mí ha sido mi vida y siempre he tratado de respetar mi trabajo y de hacer lo mejor que yo pueda en cuerpo y alma para el público, que realmente es mi motor para seguir adelante, porque sin el apoyo de ellos, sin su admiración, sin el respeto hacia mi trabajo, pues ya hubiese cambiado de carrera. Y gracias a ese público lindísimo, sigo adelante en la danza y eso me motiva a seguir trabajando. Ha seguirme tecnificando y crear para nuevas generaciones, para un nuevo público. Y, bueno, esa es mi vida, ese es mi motor, mi motor de arranque digamos. Y el trabajo corporal, pues por supuesto, hay que trabajar muchísimo el cuerpo.

Muchos dicen que el arte sana. En estos días difíciles de recuperación, ¿cómo ha cambiado tu perspectiva sobre el movimiento y la importancia del cuidado del cuerpo para un artista en El Salvador?
Con esta experiencia de mi recaída, pues yo sé que es bastante difícil la recuperación; porque, a veces, el proceso es un poco largo y difícil para uno que trabaja con su cuerpo, ¿no? Y que te digan: «Mira, no puedes hacer ejercicio durante una temporada, durante un mes», para uno es cruel. Como artista de la danza, es decirles: «No puedo, tengo que seguir trabajando». Pero la verdad es que las cosas cambian y pues el movimiento es siempre igual, con la misma fuerza, con la misma energía, y cuidar muchísimo del trabajo corporal, como te dije. Pero, sí, con más conciencia y más trabajo. La técnica es lo primordial, ante todo la técnica para poder seguir bailando, para poder seguir proyectando y dando lo mejor de un artista de la danza.

Bailarín, docente y gestor cultural salvadoreño Mauricio Bonilla
Bonilla con sus exalumnos Carlos Doñán y Rudy López, antes de salir de gira por Estados Unidos en 2003. Foto / EDH

Tu situación ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de los gestores culturales en el país. ¿Qué llamado le hace a las instituciones y a la sociedad salvadoreña sobre la necesidad de proteger a sus referentes artísticos en momentos de crisis?
Yo tuve la dicha, gracias a Dios, de que tuve una atención muy buena en el hospital donde estuve. Pero sí es bien importante que las instituciones, tanto públicas como privadas apoyen al artista. Sobre todo, cuando realmente es bastante difícil y tremendo el proceso de recuperación. Porque hay artistas que definitivamente, digamos, en el caso de la danza, que no pueden seguir bailando por varias razones y de salud.

Entonces, es importante que el gobierno y la empresa privada apoyen, ayuden y conozcan cuál es la necesidad del artista salvadoreño, que realmente hay que protegerlo, hay que brindarle todo lo necesario para que siga adelante, sobre todo, cuando llega una crisis bastante fuerte por la que el artista no pueda trabajar, no pueda tener la libertad que meses o días antes tenía por A o B razón. Por qué hay enfermedades crueles, por las cuales se necesita apoyo.

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Y no solamente de las instituciones públicas y privadas, sino también de amigos y colegas, pues realmente no es el caso mío. Tener esos lindos amigos y esas lindas personas que me han apoyado y me han ayudado de diferentes formas. Yo estoy muy agradecido, realmente me siento bastante privilegiado con una oración, frases como: «que sigas mejor», «te deseamos lo mejor del mundo», pues para uno es bastante gratificante. Entonces, creo que sí es necesario, crear una institución para el artista nacional. Es bien necesario.

Tu formaste a generaciones enteras. En el marco del Día Mundial de la Danza, ¿cuál es el mensaje principal que desea heredar a los nuevos bailarines que ven en ti un espejo de perseverancia?
Bueno, yo deseo que todo el mundo involucrado en la danza, tanto maestros, coreógrafos, bailarines, ejecutantes, se aboquen a las calles, a los medios de comunicación, y darle gracias a Dios por estar vivos y tener la dicha de poder vivir de este arte tan maravilloso como es la danza.

Bailarín, docente y gestor cultural salvadoreño Mauricio Bonilla
Mauricio Bonilla, fue homenajeado en el programa de televisión Hola El Salvador, de Canal 12, en agosto de 2007. Foto EDH / Archivo
Bailarín, docente y gestor cultural salvadoreño Mauricio Bonilla
Mauricio entregó su vida a la danza, a la formación y a la gestión cultural desde muy joven. Fotos EDH / Archivo

Yo les deseo lo mejor, lo mejor del mundo, tanto a nuestros bailarines salvadoreños como también internacionales, ya que nuestro país ha acogido a muchísimos maestros de todo el mundo, que han venido a dar su granito de arena: maestros cubanos, españoles, guatemaltecos, costarricenses, norteamericanos, que nos han brindado ayuda. Yo les deseo en este día lo mejor, lo mejor del mundo y que sigan luchando, que sigan trabajando en pro de la danza nacional y que se conviertan en verdaderos artistas de la danza y no simplemente bailarines, no.

Tienen que formarse, tienen que trabajar duro, tienen que leer y, sobre todo, dejar una historia, una huella en nuestro país, que (demuestre) realmente que fuimos unos verdaderos ejecutantes y artistas de la danza, y que seguimos luchando por la danza como lo hizo nuestra maestra Alcira Alonso, mi maestra argentina. Como lo han hecho otros artistas que siguen en la lucha, como Manolo Vázquez, Fátima Alfaro, Eunice, Flor de María Albergue y muchos más…

Así es que un fuerte, fuerte abrazo y sigamos adelante, sigamos luchando, sigamos trabajando hasta que el cuerpo diga: «Ya no puedo». Pero mientras el cuerpo dice sí, hay que seguirlo moviendo y tratar de hacerlo a la perfección. Así que un fuerte abrazo, que todos la pasen bien, la gocemos y a lo grande a celebrar este Día Mundial de la Danza. Bendiciones para todos.

Sabemos que tu espíritu es inquebrantable. ¿Cuál es ese proyecto o ese sueño coreográfico que todavía tienes pendiente y que te gustaría ver realizado una vez recuperes plenamente su salud?
Ahí seguimos luchando y viendo qué más podemos hacer, porque mis proyectos son fuertes. Siempre sigo con el sueño de la creación de la acreditación de bailarines, maestros y coreógrafos para no ser pues solamente bailar, simplemente dar clases, sino que también tengamos ese respaldo académico que es bien importante a nivel mundial, porque nos preguntan qué técnica has trabajado, dónde has trabajado y si tenemos certificados.

Bailarín, docente y gestor cultural salvadoreño Mauricio Bonilla
Mauricio Bonilla (i) durante el show de su 25 aniversario de trayectoria en el Teatro Presidente, en junio de 2004. Foto EDH / Archivo

Es bien importante que también nuestro país acredite a nuestros artistas de la danza, es bien importante, y ese es uno de mis sueños. Y primero Dios que se logre hacer como también mantener una compañía de danza de espectáculo, pues son pocas las escuelas en Latinoamérica, creo que son dos o tres que hay y, bueno, luchar por ello para poder brindarle al público otro tipo de espectáculos que siempre es necesario que conozcan; que sepan de otras técnicas, de otra diversificación de la danza.

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