Analizamos el nuevo estudio de Cerlalc que evalúa las políticas de lectura en Iberoamérica y el rezago de El Salvador, un factor clave para el desarrollo socioeconómico del país.
Analizamos el nuevo estudio de Cerlalc que evalúa las políticas de lectura en Iberoamérica y el rezago de El Salvador, un factor clave para el desarrollo socioeconómico del país.

¿Qué peso real tiene la cultura escrita en las agendas de desarrollo de nuestra región? El Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc-UNESCO), en alianza con la OEI y el CAF, ha publicado el “Estudio regional de políticas públicas y planes nacionales de lectura, escritura, oralidad y libro en Iberoamérica», el pasado mayo de 2026”.
Este documento técnico ofrece una radiografía profunda sobre cómo los Estados gestionan el acceso al libro y el estímulo del pensamiento crítico. Sin embargo, para El Salvador, el panorama plantea interrogantes urgentes.
El dato más revelador para el entorno local es que El Salvador fue ubicado en el grupo de naciones que actualmente NO cuentan con un Plan Nacional de Lectura, Escritura, Oralidad y Libro (PNLEOL) institucionalizado o vigente bajo los parámetros de medición del referido estudio.
A pesar de que el informe registra acercamientos iniciales con representantes de los Ministerios de Cultura y Educación para el levantamiento de información, el país no consolidó datos técnicos medibles sobre estrategias nacionales activas o presupuestos públicos blindados para este fin. Aunque esto no significa que no existan iniciativas públicas sobre el tema, según el documento.

Sin embargo, en un ecosistema regional donde la articulación institucional es la clave para recibir cooperación y financiamiento, el vacío de datos deja al país en una posición de rezago frente a sus pares iberoamericanos.
CONCLUSIONES Y EL «TALÓN DE AQUILES» DE LA REGIÓN
A nivel general, el estudio de Cerlalc expone conclusiones neurálgicas sobre la realidad iberoamericana:
1 La evolución del concepto. Los planes más avanzados de la región ya no se limitan a la alfabetización básica o a la decodificación de signos. Ahora integran la escritura y la oralidad como habilidades democráticas esenciales, para que el ciudadano aprenda a expresar sus propias ideas y reflexione sobre sus realidades.
2 Inestabilidad financiera. El gran problema regional sigue siendo el presupuesto. La mayoría de las iniciativas dependen de fondos variables y no de leyes estatales que aseguren su continuidad económica más allá de los cambios de gobierno.
3 Brecha digital y rural. Aunque las pantallas dominan el entorno urbano, las políticas estatales aún no logran integrar plataformas digitales interactivas eficaces para los sectores rurales o en condiciones de vulnerabilidad.

En este punto hay que subrayar que invertir en lectura, escritura y oratoria no es un asunto ostentoso o puramente romántico; es el cimiento del desarrollo cognitivo que luego se refleja en la salud económica de un país.
Desde la neurociencia se comprueba que el ejercicio de la lectura comprensiva estimula la plasticidad cerebral, mejorando la capacidad de abstracción, la lógica y la resolución de problemas complejos.
Sociedades con altos índices de comprensión lectora están mejor preparadas para adoptar nuevas tecnologías, innovar científicamente y generar empleos de alto valor agregado.
Grandes intelectuales de la historia han remarcado este vínculo indisoluble entre las ideas y el progreso: «La lectura es para la mente lo que el ejercicio es para el cuerpo», afirmó en su momento Joseph Addison, ensayista británico.
Asimismo, el célebre Benjamin Franklin insistía en que «la inversión en conocimiento paga el mejor interés», asociando directamente la alfabetización y el acceso a las bibliotecas públicas con la prosperidad material y la movilidad social de las comunidades.

ALGUNAS RECOMENDACIONES DEL INFORME
Para superar el estancamiento, el estudio de Cerlalc y los organismos firmantes proponen una serie de recomendaciones técnicas aplicables a la realidad salvadoreña:
-Institucionalidad y leyes claras. Diseñar políticas de Estado que trasciendan los períodos gubernamentales, respaldadas por asignaciones presupuestarias fijas, que incorporen a la sociedad civil de forma sistemática.
-Fortalecer el sector editorial local. Crear incentivos, compras públicas transparentes y exenciones fiscales para dinamizar la cadena del libro (autores, editores, librerías independientes). Por supuesto, también estimular a los talentos emergentes y consagrados.
-Modernización de bibliotecas. Transformar estos espacios en centros comunitarios dinámicos que unan el libro físico con el acceso al entorno digital, pero no solo en las grandes urbes. Las zonas rurales y más vulnerables deben incluirse en ello.

¿A QUÉ EQUIVALE NO INVERTIR EN LA PALABRA?
Cuando un Estado decide NO priorizar estas áreas de la formación humana, las consecuencias a largo plazo son costosas e invisibles. No darle el valor requerido a la comprensión lectora equivale a ensanchar la brecha de la desigualdad, por ejemplo.
El astrofísico y divulgador científico estadounidense Carl Sagan advertía con gran lucidez -en su libro «El mundo y sus demonios» (1995)- sobre los peligros de una sociedad que depende críticamente de la tecnología y la ciencia, pero donde la mayoría carece de las habilidades críticas para entender e interpretar la información: «Esto es una receta para el desastre. Tarde o temprano esta mezcla combustible de ignorancia y poder nos estallará en la cara».
De igual forma, el escritor argentino Jorge Luis Borges sugería que la falta de imaginación y lectura limitaba la libertad real del individuo, dejándolo atrapado en los límites de su propio lenguaje.
Al final del día, la ausencia de políticas públicas medibles no requiere de ataques ni de debates politizados para demostrar su gravedad. Una sociedad que no lee es, simplemente, una sociedad que acepta cualquier historia que le cuenten.
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