Detrás del nuevo mausoleo de Francisco Morazán en San Salvador se oculta la fachada de una residencia centenaria construida por Augusto Baratta Del Vecchio, cuyo origen histórico desmonta un extendido mito urbano.
Detrás del nuevo mausoleo de Francisco Morazán en San Salvador se oculta la fachada de una residencia centenaria construida por Augusto Baratta Del Vecchio, cuyo origen histórico desmonta un extendido mito urbano.

En el corazón de San Salvador, el paisaje urbano del Centro Histórico ha sumado un nuevo atractivo: el mausoleo del general Francisco Morazán.
Inaugurado recientemente en el Jardín Centroamérica, a un costado del Palacio Nacional, el recinto albergaría los restos del prócer unionista tras su traslado desde el Cementerio de los Ilustres, según lo indicado por el mismo presidente Bukele.
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Sin embargo, más allá de la solemnidad republicana, el nuevo simbolismo político, la estructura misma encierra una paradoja arquitectónica e histórica.
Durante la reciente intervención urbanística de la manzana sur del Palacio Nacional —donde se demolieron 12 inmuebles históricos para dar paso al jardín—, una sola pared quedó en pie. Sobre el origen de esta fachada se tejieron múltiples versiones.

No obstante, la evidencia documental desmonta algunos de esos mitos urbanos. La historia del inmueble original nos remite a la aristocracia de principios del siglo XX y a uno de los nombres más influyentes en los anales de la capital salvadoreña.
Según inforamción brindada por el investigador y gestor cultural Dylan Magaña, la propiedad fue originalmente construida para el Dr. Francisco Dueñas Dárdano (1868-1945), hijo del expresidente salvadoreño Francisco Dueñas Díaz. El autor de dicho diseño fue el reconocido artista, dibujante y constructor italiano Augusto Baratta Del Vecchio (1887-1971).
«La Casa Dueñas presenta un estilo ecléctico con una marcada influencia neorrenacentista», explica Magaña, estudioso y custodio de archivo histórico del creador de ese primer inmueble. La riqueza ornamental de su exterior resaltaba por «una carga de relieves geométricos y medios rosetones florales en la parte inferior de cada ventana».
Pero fueron los soportes de su balcón los que acapararon las miradas: «Son los elementos que más destacan por su decoración con volutas y hojas de acanto… motivos fitomorfos estilizados que evocan abundancia y naturaleza viva, heredados del barroco europeo».




A lo largo de las décadas, la residencia original perdió su fisonomía interior. Funcionó por cerca de una década como el Hotel El Palacio, época en la que su distribución fue modificada con múltiples habitaciones. Pero pese al deterioro y las intervenciones, la imponente fachada exterior se mantuvo erguida.
Posteriormente, también sería sede del Liceo David J. Guzmán. «Erróneamente desde la intervención a este inmueble los medios oficiales han nombrado esta casa como la residencia del Dr David J. Guzmán», enfatizó.
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Cuando sobrevino la reestructuración del espacio para el mausoleo de Morazán, el interior del edificio fue completamente demolido. Sin embargo, la fachada de Baratta del Vecchio no fue derribada. Permaneció firme en su sitio centenario como un muro aislado.
Para levantar el nuevo recinto del mausoleo, la fachada histórica fue clonada y ampliada hacia el poniente, dejando entre la estructura original y la reproducida el acceso principal al templo dedicado al prócer unionista.

Al que resaltar que el interior de este nuevo atractivo del centro capitalino tiene muchos detalles similares a la parte del Palacio Nacional que fue intervenida en 2024: mismo piso, columnas parecidas y detalles en dorado, como si fuera una extensión de este.
Magaña reflexiona sobre este fenómeno arquitectónico: «Regresamos a la práctica urbanística propia del Centro de San Salvador, donde el edificio histórico es demolido y se remodela; sin embargo, no hay muchos casos donde la fachada sea clonada o reproducida, y esto es lo que ha sucedido con el inmueble que sirve (ahora) como capilla de los restos del unionista».
Para comprender el valor artístico de este muro sobreviviente es necesario repasar la trayectoria de su talentoso autor.
Formado en la prestigiosa Academia de Bellas Artes de Carrara, Italia, Augusto Baratta Del Vecchio arribó a El Salvador en 1913.
Fue convocado originalmente por el presidente Manuel Enrique Araujo para desarrollar proyectos estatales, los cuales quedaron truncados tras el magnicidio del mandatario, según Magaña.

Lejos de retornar a Europa, Baratta echó raíces en el país —contrajo matrimonio con la insigne etnomusicóloga María de Baratta— y entre las décadas de 1920 y 1950 se convirtió en un pilar fundamental de la infraestructura pública y religiosa.
Su talento esculpió la identidad visual de la nación: restauró el obelisco de la Plaza Libertad tras el terremoto de 1917, erigió los icónicos templos de El Calvario en San Salvador, La Ceiba de Guadalupe y la iglesia de Juayúa.
Diseñó además la actual Casa Maya en la colonia Atlacatl, el primer Hospital Bloom, el primer edificio de la Lotería Nacional de Beneficencia, múltiples centros escolares bajo la presidencia de Alfonso Quiñónez Molina y majestuosos mausoleos en el cementerio de Los Ilustres.
Hoy, esa elegancia neorrenacentista ideada por Baratta fue el punto de partido para la edificación del nuevo espacio del descanso final de Francisco Morazán.

En el primer nivel del nuevo recinto es donde se custodia la urna del general junto a un pebetero con llama eterna que simboliza los ideales de la unidad centroamericana, resguardados por una Guardia de Honor militar con relevos cada dos horas.
Pero el espacio no solo busca la contemplación cívica, sino también la vida cultural. Según informaron las autoridades, el segundo nivel del edificio ha sido adaptado para albergar exposiciones de arte.
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