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Martyn Ziegler, el periodista que puso luz sobre dos planes que sacudieron al fútbol

Martyn Ziegler no detuvo solo la Superliga europea ni frenó por su cuenta el plan de Gianni Infantino para abrir a inversores privados una parte del negocio comercial de la FIFA. Sería injusto decirlo así, porque en ambos casos también pesaron los hinchas, los clubes, los gobiernos, las ligas, la UEFA y otras federaciones. Pero su papel fue clave: publicó informaciones que estaban fuera del conocimiento público, explicó documentos internos y obligó a los protagonistas del poder futbolístico a responder

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Foto: X

Martyn Ziegler es el chief sports reporter de The Times y The Sunday Times. Su especialidad no es la crónica de partido, sino el poder detrás del deporte: dinero, gobiernos, federaciones, clubes, reglamentos y grandes negocios.

La Sports Journalists’ Association lo premió en 2021 como redactor deportivo del año, reportero deportivo del año y autor de la exclusiva del año por su trabajo sobre la Superliga europea.


El jurado destacó que su historia tuvo consecuencias de largo alcance y fue resultado de fuentes, confianza, precisión y seguimiento periodístico.

Su gran golpe llegó el 18 de abril de 2021, cuando publicó que los seis grandes clubes ingleses se habían unido en secreto a una Superliga europea.

The Press Awards resume el impacto de esa exclusiva: la historia reveló los planes detallados del torneo y, en pocas horas, el primer ministro británico y el presidente de Francia reaccionaron públicamente contra el proyecto.

La información no solo puso nombres sobre la mesa. Abrió una crisis. La Superliga ya no era un rumor ni una idea de salones privados. Era un proyecto con clubes inscritos, dinero prometido y un diseño que golpeaba la lógica tradicional del fútbol europeo: mérito deportivo, ligas nacionales, ascensos simbólicos y clasificación por resultados.

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Ahí estuvo la fuerza del trabajo de Ziegler. No “venció” a Florentino Pérez en un despacho. Hizo algo más propio del periodismo: sacó a la luz un plan que necesitaba moverse en silencio. Cuando el proyecto quedó expuesto, la presión social fue inmediata.

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Foto: X

La Superliga se rompió cuando salió de la sombra

El proyecto tenía una base económica enorme. Según el dosier revelado por The Times y recogido por otros medios, la Superliga ofrecía una ayuda inicial de 3.500 millones de euros para los clubes fundadores y un modelo con miembros permanentes.

La cronología publicada por The Guardian registró que Ziegler informó a la 1:00 p. m. del 18 de abril que cinco clubes ingleses ya estaban dentro del plan; una hora después aparecieron reportes de que también Manchester City estaba incorporado y que el torneo tendría 15 miembros permanentes, entre ellos Real Madrid, Barcelona, Atlético, Juventus, Inter y Milan.

La reacción fue durísima. Hinchas, exjugadores, entrenadores, políticos y organismos del fútbol atacaron el modelo por considerarlo cerrado y contrario al mérito deportivo. En la misma cronología, The Guardian registró que el gobierno británico expresó su rechazo el mismo día y que Florentino Pérez apareció en televisión diciendo que la Superliga venía a “salvar el fútbol”.

El derrumbe fue rapidísimo. El 20 de abril, Chelsea y Manchester City ya dudaban por la reacción de sus aficionados. Ese mismo día, los hinchas del Chelsea protestaron en Stamford Bridge, y por la noche comenzaron las retiradas. Manchester City fue el primero en anunciar oficialmente su salida; luego lo hicieron Liverpool, Arsenal, Manchester United y Tottenham.

La lectura alemana fue similar. n-tv tituló que los aficionados habían frenado al “dreckiges Dutzend”, el “sucio grupo de doce”, y explicó que Manchester City confirmó primero su retirada y luego cayeron los demás clubes ingleses. El medio subrayó que los hinchas se sintieron vencedores tras dos días de protestas contra una liga cerrada para los clubes más ricos.

Después llegaron consecuencias formales. Die Zeit informó que los seis clubes ingleses que intentaron fundar la Superliga afrontaron multas de unas 20 millones de libras, alrededor de 23 millones de euros, tras el fracaso del proyecto.

Por eso, lo más preciso es decirlo así: Ziegler no derribó solo la Superliga, pero su exclusiva fue el disparador informativo que permitió a hinchas, gobiernos, ligas y federaciones reaccionar a tiempo. Sin esa exposición pública, el plan habría llegado más armado y con menos resistencia inicial.

La FIFA de Infantino volvió a chocar con la misma lógica

El segundo gran caso tiene otro protagonista: Gianni Infantino. En 2026, la FIFA planteó la creación de FIFA Forward Enterprise, una nueva filial para unir derechos comerciales, transmisiones, patrocinio, ticketing, licencias y organización de torneos.

Según la propia FIFA, esa sociedad seguiría bajo control del organismo, pero podría recibir inversión privada minoritaria y no controlante. La FIFA dijo que el plan permitiría captar hasta 4.200 millones de dólares, sobre una valoración inicial de 20.000 millones, y elevar el financiamiento al desarrollo del fútbol a más de 10.000 millones.

La FIFA defendió que no vendía el fútbol ni perdía el control. En su comunicado sostuvo que retendría autoridad exclusiva sobre gobernanza, competiciones, calendario internacional y decisiones deportivas. También dijo que los inversores externos solo tendrían una participación minoritaria y no cumplirían un papel operativo.

Pero la reacción fue feroz porque el plan tocaba un nervio muy sensible: la propiedad simbólica y comercial del Mundial. La Berliner Zeitung explicó en alemán que la FIFA quería abrir el negocio de la Copa del Mundo a inversores mediante FFE, con una valoración de 20.000 millones de dólares, y que la UEFA vio en ello una línea roja.

El rechazo de UEFA fue directo. El organismo europeo afirmó que el alma y la gobernanza del fútbol no son activos para comerciar y cerró con una frase muy fuerte: “Ninguno de nosotros es dueño del fútbol. No le corresponde a la FIFA venderlo”.

La historia tenía antecedentes. En 2018, Die Zeit, a partir de investigaciones de Süddeutsche Zeitung y WDR, ya había informado sobre un plan de Infantino para vender derechos de comercialización de la FIFA a un consorcio financiero por 25.000 millones de dólares durante 12 años.

Ese proyecto incluía una nueva Liga Mundial de selecciones y un Mundial de Clubes ampliado. Otro texto de Die Zeit fue todavía más duro: sostuvo que, si se confirmaba el plan, Infantino quería vender a una empresa privada gran parte de lo que definía a la FIFA, incluidos derechos de videojuegos, archivo de imágenes e incluso aspectos vinculados a futuras Copas del Mundo.

La diferencia en 2026 fue que el debate volvió con más fuerza después del Mundial y con una nueva revelación periodística. Medios europeos atribuyeron a The Times la información que detonó la nueva crisis. UEFA, Concacaf, federaciones nacionales y voces internas de FIFA reaccionaron contra el plan.

Según reportes posteriores, Arsène Wenger se desmarcó de la propuesta, dijo que se enteró por los medios y respaldó su retirada como una decisión necesaria para proteger una FIFA independiente y transparente.

La comparación con la Superliga es clara. En ambos casos, el conflicto no fue solamente económico. Fue de legitimidad. La Superliga quería crear una élite cerrada por encima del sistema europeo. El plan de FFE abría la puerta a inversores privados en el corazón comercial de las competiciones FIFA.

En los dos casos, el periodismo hizo visible una pregunta de fondo: ¿quién decide sobre el fútbol y para beneficio de quién?

La lección es sencilla. El fútbol moderno se mueve entre clubes globales, fondos de inversión, bancos, derechos audiovisuales y organismos con enorme poder.

En ese escenario, un periodista como Martyn Ziegler puede tener un papel decisivo cuando consigue documentos, confirma fuentes y publica antes de que los acuerdos estén cerrados. No reemplaza a los hinchas, ni a los reguladores, ni a las federaciones. Pero puede encender la luz justo cuando el negocio necesita oscuridad.

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