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Cada vez nacen menos niños en el país, ¿problema o desafío?

Iliana Álvarez, directora del IUDOP, sostiene que la reducción de la fecundidad no debe interpretarse necesariamente como una crisis, sino como parte de la transición demográfica. Sin embargo, advierte que el país tiene poco tiempo para aprovechar su bono demográfico mediante inversión social y políticas nacionales de cuidados

Familia con pocos hijos
Cada vez más, las parejas prefieren tener pocos hijos o no tener; esta tendencia ya está en el país y plantea desafíos para un futuro muy cercano. Foto EDH/Generada con IA.

La acelerada caída de la fecundidad que experimenta El Salvador no constituye, por sí sola, un problema. Para Daniela Portillo, una joven estudiante de la Universidad de El Salvador, el tema de pensar en hijos simplemente ahorita no entra en la ecuación.

Para muchos jóvenes en la actualidad, el tema económico es más importante a la hora de poder siquiera imaginar construir una familia con hijos.


El tema de cómo el país va encaminado a una caída en la fecundidad puede considerarse no como un problema en sí mismo, sino parte de un proceso de transición demográfica que atraviesan la mayoría de las naciones en la actualidad y que abre una oportunidad para impulsar el desarrollo económico.

Sin embargo, esa ventana se está cerrando y El Salvador aún no ha realizado las inversiones necesarias para aprovecharla.

Este análisis se desprende de lo que explicó a este medio Iliana Álvarez, directora del Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), quien señaló que El Salvador todavía mantiene vigente el llamado bono demográfico, pero el tiempo para capitalizarlo es cada vez menor.

Iliana Alvarez directora IUDOP
Iliana Álvarez, directora del Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) de la UCA habló sobre el tema de la caída de la fecundidad y el bono demográfico en El Salvador. Foto EDH/Miguel Lemus.

«Estamos contra el reloj», resumió la investigadora al explicar que, de mantenerse las tendencias actuales de mortalidad y fecundidad, el país alcanzaría el punto máximo de aprovechamiento del bono demográfico alrededor de 2030, para luego iniciar un proceso de envejecimiento poblacional que culminaría con el cierre de esa ventana hacia 2050.

¿Qué significa el bono demográfico?

Álvarez explicó que el bono demográfico es una etapa en la que la población en edad de trabajar supera ampliamente a la población dependiente — niños y adultos mayores, principalmente (aunque no hay que olvidar a, por ejemplo, los enfermos) —, lo que crea condiciones favorables para incrementar la productividad y acelerar el crecimiento económico.

Pero advirtió que ese potencial no se aprovecha automáticamente. «La manera de aprovechar el bono es invirtiendo en el bienestar de esa población: salud, educación, vivienda digna, acceso a servicios básicos y mejores condiciones de vida», explicó.

Solo así, dijo, se fortalece la capacidad productiva de la fuerza laboral y se impulsa el desarrollo del país.

La caída de la fecundidad no es necesariamente una mala noticia

Frente a quienes interpretan la reducción de los nacimientos como una señal de crisis a futuro (por lo que implica en cuanto a posible recesión de la economía, mayor presión sobre el sistema de pensiones, caída de personal humano para algunos trabajos, etc.), la economista planteó una lectura distinta.

Explicó que las menores tasas de fecundidad suelen ser consecuencia de avances sociales, como la reducción de la mortalidad, la ampliación de la cobertura educativa, el acceso a información sobre salud sexual y reproductiva y una mayor incorporación de las mujeres al mercado laboral.

«Eso no necesariamente es algo negativo; al contrario, es el resultado de que algunas decisiones se tomaron bien durante la historia», sostuvo.

El verdadero reto será cuidar una población más envejecida

Para la especialista, la discusión no debería centrarse únicamente en cuántos niños nacen, sino en cómo cambiarán las necesidades de una población cada vez más envejecida.

En ese sentido, insistió en que El Salvador necesita avanzar hacia un sistema nacional de cuidados que permita distribuir mejor las responsabilidades que actualmente recaen principalmente sobre las familias y, especialmente, sobre las mujeres.

Según explicó, el trabajo de cuidados continúa siendo poco reconocido social y económicamente, pese a ser indispensable para el funcionamiento de la sociedad. La mayor parte de estas labores se realiza dentro de los hogares, sin remuneración y de manera casi exclusiva por mujeres.

Iliana Alvarez IUDOP UCA
Para Iliana Álvarez, es necesario que el país comience a pensar en políticas públicas de cuido y en cómo utilizar el bono demográfico actual para, cuando la población envejezca, los impactos se reduzcan. Foto EDH/Miguel Lemus.

Invertir en cuidados podría impulsar la economía

Desde el Departamento de Economía de la UCA, Álvarez explicó que han elaborado estimaciones sobre el costo de una estrategia nacional de cuidados.

De acuerdo con esos cálculos, una inversión cercana a $1,852.4 millones permitiría fortalecer el bienestar de la población, redistribuir las tareas de cuidado y generar un crecimiento económico potencial cercano al 8 %, muy por encima del crecimiento promedio anual registrado por la economía salvadoreña.

La propuesta contempla fortalecer los servicios de salud, ampliar el acceso al agua potable y otros servicios básicos, mejorar la infraestructura educativa, crear más espacios de atención para la primera infancia y desarrollar políticas que permitan reducir la carga de cuidados que hoy limita la autonomía económica de muchas mujeres.

«No estamos trabajando con una visión de cuidados»

Aunque reconoció que El Salvador cuenta con una Política Nacional de Corresponsabilidad de los Cuidados, Álvarez afirmó que no existe claridad sobre su financiamiento ni sobre el grado de implementación.

A su juicio, las políticas actuales todavía no responden a la transformación demográfica que atraviesa el país.

«En mi opinión, actualmente no se trabaja con una visión de cuidados», afirmó. Añadió que el país todavía tiene la oportunidad de prepararse para el envejecimiento poblacional, pero esa decisión requiere priorizar el bienestar de la población y diseñar políticas públicas de largo plazo.

La economista concluyó que la disminución de la fecundidad no debe verse como una amenaza en sí misma, sino como un desafío para adaptar las políticas públicas a una nueva realidad demográfica.

En su opinión, la verdadera discusión ya no debería pasar por, o únicamente por, cómo aumentar los nacimientos, sino cómo construir una sociedad capaz de cuidar a una población que, en las próximas décadas, será cada vez más longeva.

Voces

Gran parte del tema de la caída de la fecundidad también pasa por las preocupaciones económicas. No se trata solamente de que culturalmente hablando (arista que se analizará en una cuarta entrega) las nuevas generaciones están decidiendo tener menos hijos, o no tener, sino que, desde el punto de vista de la economía, es un reto cada vez mayor, o al menos así podría estar percibiéndose, poder mantener y darles a los hijos lo que se pretende.

Angelica Chevez empleada UES
Angélica Chévez tiene un hijo. Explicó que por razones económicas no se permite pensar en otro. Foto EDH/Miguel Lemus.

Al respecto, un pequeño sondeo realizado por El Diario de Hoy, con jóvenes de distintas edades, todos en edad productiva aunque la mayoría sin empleos y con estudios superiores concluidos o estudiando en universidades, arrojó los siguientes comentarios.

Para Alejandra Campos, de 20 años, todo pasa por terminar primero sus estudios en mercadeo internacional. «Sí he pensado tener hijos, pero como meta a largo plazo, por el estudio de mi carrera no tengo pensado en este momento. Quisiera dos», sostuvo.

Mientras que Angélica Chévez, de 37 años y empleada, ya tiene uno, y no piensa en otro por una razón principal: «el factor de la economía».

Jiancarlo Bonilla, estudiante de Ingeniería en Desarrollo de Software y de 23 años, planea en futuro tener uno o dos hijos, sin embargo matiza que «pero no es algo que lo vea necesario». En todo caso, esa decisión pasaría también primero por «cumplir las metas que tengo en la universidad; segundo, tener una economía estable para poder mantenerlos a ellos y a mí».

«Me gustaría tener dos hijos, considero que primero se necesita tener estabilidad económica, y también mucha madurez, porque tener un hijo o dos es bastante responsabilidad», aseguró a este medio Jacqueline Johana, de 19 años, y estudiante de ingeniería civil.

Mientras que José Arévalo, originario de Sonsonate y de 33 años, comentó que ya tiene dos hijos, y que previamente pensaba tener una familia numerosa, con unos cuatro hijos. Sin embargo, ahora considera que «dos es más que suficiente. Ya conociendo la realidad de la vida, no es beneficioso, sobre todo por lo difícil que es tener un trabajo estable para poder darles mejor vida, y segundo la crianza, no es nada fácil», aseguró el joven, egresado de ingeniería industrial.

En tanto, Daniela Portillo asegura que «no tengo y tampoco he pensado en tener hijos», aunque luego en la entrevista matiza un poco: «quizás muy a futuro, ya cuando uno tenga las condiciones económicas, una buena posición social y una pareja estable».

Jiancarlo Bonilla estudiante UES
Jiancarlo Bonilla no considera necesario tener hijos, pero sí cree que, a futuro, si cumple con metas específicas de estudio y estabilidad económica, pensaría en tener uno o dos hijos. Foto EDH/Miguel Lemus.

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