El Día del Maestro pasó silenciosamente porque el país también guarda silencio frente a quienes enseñan. Y una nación que deja de honrar a sus maestros comienza, sin darse cuenta, a renunciar a su propio futuro.
El Día del Maestro pasó silenciosamente porque el país también guarda silencio frente a quienes enseñan. Y una nación que deja de honrar a sus maestros comienza, sin darse cuenta, a renunciar a su propio futuro.
Hubo un tiempo en que el Día del Maestro ocupaba un lugar de honor en la memoria colectiva. Las escuelas se vestían de gratitud, los estudiantes llevaban una flor, una tarjeta hecha a mano o, simplemente, un abrazo sincero. Era un día para reconocer a quienes, con paciencia y vocación, moldeaban el carácter y el futuro de generaciones enteras.
Pero este año ocurrió algo inquietante: el Día del Maestro pasó casi inadvertido. Al menos, esa es mi percepción.
Y cuando una sociedad deja pasar de largo a sus maestros, algo profundo está ocurriendo en sus prioridades.
Las redes sociales, que hoy dictan tendencias, emociones y hasta formas de convivencia, se han convertido en el termómetro de la atención pública. Lo que no aparece en la pantalla parece no existir. Lo que no genera miles de reacciones, comentarios o videos virales queda condenado al olvido. Vivimos en la era de la inmediatez, donde un escándalo dura horas, una polémica ocupa días y una celebridad puede recibir más atención que quienes dedican toda una vida a educar. ¿Será un efecto mundial?
El maestro ya no compite solamente contra las dificultades del sistema educativo. Ahora compite contra algoritmos, influencers, contenidos efímeros y una sociedad que premia más el espectáculo que el conocimiento. Mientras millones de personas observan una pantalla durante horas, pocos se detienen a recordar que detrás de cada profesional, empresario, médico, ingeniero, periodista o gobernante existió alguna vez un maestro que le enseñó a leer, a pensar y a construir criterio.
Resulta paradójico que, en una época donde se habla tanto de desarrollo, innovación y progreso, se invisibilice a quienes son la piedra angular de todo ello. Ningún país ha logrado transformarse sin educación. Ninguna sociedad ha construido futuro despreciando a sus educadores. Sin embargo, pareciera que hemos normalizado su ausencia en el reconocimiento público.
Tal vez el problema no sea que las redes sociales existan. El verdadero problema es que hemos permitido que sustituyan nuestra capacidad de valorar lo esencial. Hemos confundido popularidad con importancia, visibilidad con trascendencia y ruido con significado.
El Día del Maestro pasó silenciosamente porque el país también guarda silencio frente a quienes enseñan. Y una nación que deja de honrar a sus maestros comienza, sin darse cuenta, a renunciar a su propio futuro.
Porque cuando el aplauso desaparece para quien educa, lo que realmente está desapareciendo es el respeto por el conocimiento; y donde el conocimiento pierde valor, la ignorancia se convierte en el común denominador.
Médico.
2026 – Todos los derechos reservados
La realidad en tus manos
Fundado en 1936 por Napoleón Viera Altamirano y Mercedes Madriz de Altamirano.
Facebook-f Instagram X-twitter11 Calle Oriente y Avenida Cuscatancingo No 271 San Salvador, El Salvador Tel.: (503) 2231-7777 Fax: (503) 2231-7869 (1 Cuadra al Norte de Alcaldía de San Salvador)
📞 +503 7854 1557
✉️ anunciate@elsalvador.com