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El virus que cambió de rostro

Cada vez con más frecuencia, observamos a adultos mayores ocupando camas hospitalarias por neumonías severas asociadas a este mismo virus

Experto en epidemiología y salubrista, Ricardo Lara. Foto EDH/Miguel Lemus

Durante años aprendimos a identificar al virus sincicial respiratorio como un viejo conocido de las salas pediátricas. Era el enemigo recurrente de los niños pequeños, especialmente de los lactantes, aquellos que llenaban los hospitales con cuadros respiratorios durante las temporadas lluviosas o los cambios bruscos de clima. Parecía tener un territorio definido y una población claramente vulnerable.

Pero algo ha cambiado.


Hoy, cada vez con más frecuencia, observamos a adultos mayores ocupando camas hospitalarias por neumonías severas asociadas a este mismo virus. Personas que nunca imaginaron que una enfermedad considerada «de niños» terminaría comprometiendo sus pulmones, su independencia e incluso sus vidas.

La explicación no es única ni sencilla. Vivimos más años, y con ello aumenta el número de personas con enfermedades crónicas: diabetes, hipertensión, insuficiencia cardíaca, obesidad o enfermedades pulmonares que debilitan las defensas naturales del organismo. Un sistema inmunológico envejecido ya no responde con la misma eficacia que en la juventud. El virus encontró entonces una nueva puerta de entrada.

A ello se suma una realidad que la pandemia de #COVID_19 dejó al descubierto. Los virus respiratorios no respetan edades ni etiquetas académicas. Durante años concentramos nuestra atención en ciertos agentes infecciosos mientras otros continuaban circulando silenciosamente. Cuando las mascarillas desaparecieron, cuando la movilidad regresó y cuando la interacción social volvió a la normalidad, múltiples virus recuperaron terreno simultáneamente.

Sin embargo, el problema va más allá de la biología. Existe una peligrosa percepción cultural que lleva a muchos adultos a minimizar los síntomas respiratorios. Se consulta tarde, se ignora la fiebre, se normaliza la dificultad para respirar y se atribuye todo a una simple gripe. Cuando el paciente finalmente llega al hospital, el virus ya ha hecho un daño considerable.

La neumonía por virus sincicial respiratorio en adultos no es una casualidad epidemiológica; es el reflejo de una sociedad que envejece, de enfermedades crónicas que avanzan y de una prevención que todavía no alcanza la conciencia colectiva.

La medicina ha cambiado su mirada porque la enfermedad cambió su comportamiento. El virus sigue siendo el mismo; los vulnerables somos nosotros.

Y la lección es tan dura como inevitable: cuando una sociedad deja de escuchar las advertencias de la salud pública, En el caso de El Salvador , creo qe ya ni existe lo que un día fue la sociedad medica de Salud Publica, creo que algunos personajes se encargaron de ello así que en nuestro caso tenemos que escuchar la salud publica  de otros lados, de otros sectores.

Los virus terminan escribiendo los titulares con la tinta de las camas hospitalarias, incremento de consultas médicas, mayor gasto en insumos y medicamentos y el silencio de los cementerios.

Médico.

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