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El Salvador registra 20 mil jóvenes acompañadas

El 10.3% de mujeres jóvenes ya convive en pareja; una problemática concentrada en el área rural de El Salvador, según el Mapa de Embarazos

Los casos de embarazos de adolescentes siguen a la baja pero persisten las uniones tempranas en El Salvador. Foto EDH/ILUSTRACIÓN
Los casos de embarazos de adolescentes siguen a la baja pero persisten las uniones tempranas en El Salvador. Foto EDH/ILUSTRACIÓN

El Salvador ha experimentado una transformación demográfica en la última década respecto a los derechos reproductivos de la infancia y adolescencia. Sin embargo, la persistencia de las uniones conyugales anticipadas continúa consolidándose como una de las situaciones estructurales más difíciles de erradicar para alcanzar la meta de «llegar a cero» casos.

De acuerdo con el informe Mapa de Embarazos en niñas y adolescentes, El Salvador 2025, que son los datos más recientes publicados por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), con información del Ministerio de Salud (MINSAL) y el Banco Central de Reserva (BCR), el país ha registrado una sustancial disminución en las estadísticas de maternidad en adolescentes, aunque las brechas entre los entornos rurales y urbanos siguen condicionando el futuro de miles de jóvenes.


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La evolución histórica: Menos de un tercio de casos en diez años

Los registros oficiales del Ministerio de Salud revelan un cambio drástico en las inscripciones prenatales. 

En el año 2015, El Salvador contabilizaba 24,944 casos de embarazos en niñas y adolescentes de entre 10 y 19 años

Para el cierre de 2024, la cifra descendió a 7,900 casos, lo que representa una reducción acumulada del 68.3% en un período de diez años.

El documento destaca la existencia de dos trayectorias diferenciadas según el grupo etario:

  • Adolescentes de 15 a 19 años: Siguen concentrando la gran mayoría de la estadística nacional, pasando del 94.2% del total de los casos en 2015 al 95.4% en 2024.
  • Niñas de 10 a 14 años: Tuvieron una reducción inicial abrupta de un tercio de los casos entre 2016 y 2017. No obstante, el reporte advierte que en el período 2023-2024 el ritmo de descenso a nivel general ha sufrido una pérdida de velocidad.

A pesar de las mejoras, los datos del Censo de Población y Vivienda 2024 indican que el 3.5% de las adolescentes actuales de 10 a 19 años ya son madres (un aproximado de 16,071 jóvenes), una cifra que asciende al 7.1% (15,918) si se aísla únicamente al grupo de 15 a 19 años. En términos históricos amplios, el censo refleja que el 33.8% de todas las mujeres salvadoreñas vivas de 20 años o más experimentaron la maternidad antes de salir de la adolescencia.

Uniones tempranas: El vínculo directo con la maternidad

El Capítulo 3 del informe de UNFPA, titulado «Cero uniones tempranas en niñas y adolescentes», expone la conexión estadística que existe entre el inicio de la vida conyugal antes de los 20 años y la maternidad adolescente en El Salvador. 

El documento expone que si se pudieran reunir a todas estas adolescentes que hoy tienen ya experiencia de unión conyugal en un solo lugar, se llenaría más de la mitad del estadio Cuscatlán.

El 72.1% de las madres de 15 a 19 años en el país (equivalente a 11,482 adolescentes) posee experiencia de unión conyugal, ya sea bajo la condición de casadas o acompañadas. 

Dicha vinculación se eleva con la edad: afecta al 49.1% de las madres de 15 años y se dispara hasta el 77.6% en las jóvenes de 19 años.

En total, para el año 2024, el 10.3% del total de mujeres salvadoreñas entre los 15 y 19 años (23,067 adolescentes) ya había iniciado una vida en pareja

De esta población con experiencia conyugal, el 88.5% mantenía su unión vigente en el momento de la recolección de los datos, y de ellas, el 46.1% ya eran madres (9,411 mujeres de 15–19 años). 

Por otra parte, en el 11.5% de adolescentes cuyas uniones ya pertenecían al pasado (separadas, divorciadas o viudas), el índice de maternidad alcanzaba el 78.2% (2,071 mujeres de 15–19 años).

El informe detalla que en las sociedades contemporáneas, cada vez es más común que las personas posponga la edad en la que desean casarse o acompañarse en su trayectoria de vida. 

En comparación a sus predecesoras, las generaciones actuales cuentan con logros educativos más altos que han ayudado a expandir sus imaginarios de futuro y las han motivado a buscar diferentes aspiraciones académicas, profesionales o empresariales o personales.

Socialmente, se visualiza cada vez más a las mujeres en roles diferentes a tradicionales de ser esposa o pareja de alguien.

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Brecha territorial y factores socioculturales

La prevalencia de las uniones tempranas no es homogénea en el territorio salvadoreño. 

De acuerdo con los datos recopilados por el BCR, la experiencia de unión en entornos rurales mayoritariamente deshabitados es 2.3 veces más alta que en las grandes ciudades

Si bien el 30.4% de la población femenina de 15 a 19 años reside en áreas rurales, este grupo concentra el 45.8% de todas las uniones tempranas del país, evidenciando una sobrerrepresentación de 15.4 puntos porcentuales en el campo.

En cuanto a la percepción social, la Encuesta Barómetro de las Américas de LAPOP Lab (2023) citada en el informe evidencia que las uniones precoces suelen ser toleradas u omitidas culturalmente bajo ciertas premisas de «protección» o «escape». 

Las razones con mayor nivel de aceptación pública son:

  1. Funcionar como mecanismo de escape ante situaciones de violencia intrafamiliar (47.9% de aceptación).
  2. Ocurren tras la confirmación de un embarazo (46.8%).
  3. Contar con el consentimiento expreso de los padres o tutores (46.4%).

La justificación por motivos estrictamente culturales o tradicionales cuenta con un respaldo menor (32.9%), seguida por las creencias religiosas (23.6%) y el intento de salir de la pobreza extrema (18.1%).

El impacto estructural en los proyectos de vida

El informe enfatiza que las uniones tempranas actúan como un factor determinante en la exclusión económica y educativa de las mujeres jóvenes. 

Al contrastar las dinámicas de las adolescentes de 15 a 19 años que se mantienen solteras frente a las que se han unido, los márgenes de desigualdad se vuelven críticos:

  • Asistencia escolar: Mientras el 76.2% de las adolescentes sin experiencia conyugal continúa estudiando, sólo el 16.4% de las que se han unido permanece dentro del sistema educativo.
  • Exclusión económica y trabajo doméstico: El 85.2% de las adolescentes que se unieron tempranamente se encuentran fuera del mercado laboral remunerado, dedicándose exclusivamente a tareas del hogar y de cuidados sin pago. En contraste, solo el 13.7% de las jóvenes solteras se ubica en esa condición de inactividad económica por labores domésticas.
  • Participación laboral anticipada: La inserción formal o informal en el mercado de trabajo corresponde al 23.6% en las jóvenes alguna vez unidas y al 13.2% en las solteras, generalmente bajo condiciones de precariedad debido al abandono escolar temprano.

El UNFPA indicó en el documento que, lejos de resolver los problemas de desprotección o pobreza, el matrimonio infantil y las uniones de hecho informales truncan el desarrollo académico, perpetúan los círculos de dependencia económica y exponen a las niñas a un aislamiento social que dificulta su acceso a mecanismos de apoyo institucional y de salud reproductiva.

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