Pionero en la tierra del vals: la olvidada aventura del único salvadoreño que jugó en Austria
Mientras la selección de Austria arranca con el pie derecho su travesía en la Copa del Mundo 2026, abrimos el arcón de los recuerdos para evocar la figura de Carlos «Papo» Castro Borja. El recio volante nacional desafió las gélidas temperaturas de la Europa central en los años noventa, escribiendo una página solitaria y valiente para nuestro fútbol
El estreno victorioso de Austria en la Copa del Mundo de la FIFA 2026 reavivó de inmediato una trivia futbolística que, para cualquiera que peine canas o supere la barrera de los treinta años de edad, tiene una respuesta automática y cargada de nostalgia.
Hablamos, por supuesto, del gran Carlos «Papo» Castro Borja.
El otrora baluarte y cacique de la Selección Nacional armó las valijas y se marchó al Grazer AK de Austria en la lejana temporada 1993-1994, una época en la que en los campos salvadoreños todavía se respiraba el aroma de los extintos torneos largos de la Liga Mayor.
A decir verdad, los anaqueles digitales de internet son bastante mezquinos a la hora de ofrecer registros detallados sobre aquella incursión en tierras germanófonas; de hecho, una solitaria fotografía recuperada del archivo es el único testimonio visual que sobrevive de su travesía.
En las filas del Grazer AK, el «Papo» no fue a pasear: se plantó en los entrenamientos y compartió el vestuario con figuras de fuste, tales como el implacable artillero Edi Glieder —quien años más tarde dejaría su sello en el mismísimo Schalke 04 de la Bundesliga alemana— o el talentoso mediocampista croata Kasimir Vulic.
En primera persona: los secretos de una travesía al límite
En una charla íntima brindada a las páginas de El Diario de Hoy en el año 2019, el propio Castro Borja desnudó los matices de una experiencia que rozó lo cinematográfico, marcada por las tensiones geopolíticas de la época y el drástico cambio de ritmo futbolístico.
«Tuve que entrar a Croacia, en pretemporada, en el auto del presidente del Grazer AK, porque mi pasaporte no tenía registro de vacunas y pensaron que yo era serbio, un tema que era sumamente delicado para la época».
«Después de ser un jugador de marca y muy rápido en El Salvador, sentí de golpe que era el más lento de todos en Austria. Para defenderme en la cancha, traté de volverme más técnico; distribuía la pelota, ya no jugaba exclusivamente de contención. Pasé un 24 de diciembre allá y, con el correr de los meses, ya tenía mi boleto de regreso tras finalizar esa primera temporada».
«Al venir a El Salvador, me topé con que Mathis Hill, el presidente de FAS, estaba armando un auténtico equipazo con Bordón, Bauza, el ‘Mágico’ González, Memo y Renderos Iraheta».
Foto: Grazer AK
«Cuando me vio en el estadio, Hill me dijo de tajo: ‘Carlitos, jugá con nosotros, yo arreglo con ellos en Europa’. En ese instante me acordé de que allá en Austria me tocaba jugar a -10° o -15° bajo cero…
«En ese momento no me puse a analizar nada, pero visto a la distancia, puede que haya sido uno de los grandes errores de mi vida. Me quedé en El Salvador y arreglé con FAS; no tuve el valor de seguir en Austria, me acomodé a lo más fácil».
Un balance con tintes de grandeza
Lejos de lo que los detractores de siempre puedan especular, el paso del «Papo» por el fútbol austríaco estuvo a años luz de ser un fracaso.
Aquel Grazer AK disputaba por entonces el apasionante derbi de la ciudad frente al Sturm Graz, un clásico de una altísima temperatura, tremenda convocatoria y una tradición folclórica sagrada en el país alpino.
En aquella campaña 1993-1994, con el salvadoreño mordiendo en la mitad de la cancha, el equipo rojiblanco finalizó en una muy digna tercera posición.
«Papo» Castro Borja, al centro, en el Grazer AK. Foto: Cortesía | Intervención: Roberto J. Leiva
Quedando así a las puertas del ansiado ascenso a la Bundesliga de Austria, un boleto que finalmente quedó en manos del campeón Linzer (hoy conocido mundialmente como LASK) y del FC Linz, que prevaleció en la promoción.
Castro Borja demostró que el futbolista cuscatleco podía competir bajo la nieve sin achicarse ante nadie.
Mirando el panorama actual de nuestro semillero, cabe preguntarse si alguna vez volveremos a ver a un compatriota en aquellas latitudes.
Por cómo soplan los vientos institucionales en nuestro fútbol, la respuesta parece lejana tanto en el corto como en el mediano plazo.