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El enigma del hombre descalzo: el eslabón perdido entre Maximiliano de Habsburgo y Justo Armas

¿Pudo el emperador Maximiliano de Habsburgo escapar de su fusilamiento y ocultarse en Centroamérica? Una nueva y reveladora investigación histórica revive el mito del hombre que caminaba sin zapatos.

Lanzamiento de nuevo libro sobre Justo Armas
Parte de la portada del más reciente libro de Gladys Suncín, "Tras las huellas de un emperador". Imagen trabajada con herramientas de IA. Foto / cortesía de la Embajada de México

Por décadas, las calles empedradas de San Salvador resguardaron uno de los secretos más fascinantes, magnéticos y persistentes de la historia latinoamericana.

Un hombre de modales aristocráticos, profunda cultura y trajes impecables caminaba descalzo debido a una misteriosa promesa religiosa. Su nombre era Justo Armas.


La fascinación por este enigma histórico ha cobrado un nuevo y trascendental matiz con el reciente lanzamiento del libro Tras las huellas de un emperador, vida y misterio de Justo Armas, la cuarta obra de la escritora salvadoreña Gladys Suncín.

En una reveladora entrevista concedida a eldiariodehoy.com, la autora detalló que este proyecto —fruto de una minuciosa y rigurosa investigación de 12 años que inició en 2012— pretende profundizar en los vínculos históricos que unen a tres naciones: México, Austria y El Salvador, a través de la cultura y la historia.

Lanzamiento del libro sobre Justo Armas de Gladys Suncín, en la Embajada de México de San Salvador.
Imagen del lanzamiento del libro sobre Justo Armas de Gladys Suncín, en la Embajada de México de San Salvador, compartida por la autora en sus redes sociales. Foto / Facebook de Gladys Suncín

El libro, presentado con rotundo éxito en la Embajada de México en El Salvador, contó con la valiosa participación del Lic. Julio Martínez y el Dr. Pedro Ticas, así como con la significativa presencia de la familia Schleusz (Carmen, Edgard, Fredy y sus hijos), quienes son descendientes directos de don Rodolfo Schleusz, el mejor amigo y confidente de Justo Armas en tierras salvadoreñas.

Para adentrarnos en las entrañas de este mito que la literatura y la historiografía especializada insisten en desenterrar, te presentamos 10 datos insólitos sobre Justo Armas que desafían la historia oficial.

1 El origen de un seudónimo masónico
Según las investigaciones defendidas por el fallecido arquitecto Rolando Deneke —pionero en el caso— y reforzadas por Suncín, Justo Armas no era un nombre real, sino un seudónimo. La leyenda cuenta que tras la supuesta ejecución en el Cerro de las Campanas en 1867, Benito Juárez (quien compartía filiación masónica con el archiduque de Austria) emitió un edicto sugerente: el emperador «había sido hecho justo por las armas», frase que dio origen a su nueva identidad.

2 El caballero de los pies descalzos
A pesar de vestir de forma impecable con trajes de la más alta sastrería europea, Justo Armas jamás usaba zapatos. Caminaba completamente descalzo por la capital salvadoreña. Se dice que esto correspondía a una promesa solemne a la Virgen María por haberlo salvado de una muerte inminente.

Lanzamiento del libro sobre Justo Armas de Gladys Suncín, en la Embajada de México de San Salvador.
Otra postal del lanzamiento del libro en la Embajada de México, el pasado 10 de junio. Foto / Facebook de Gladys Suncín

3 El misterio del «gran naufragio»
Cuando la élite de San Salvador le preguntaba de dónde venía o por qué andaba descalzo, Armas evadía con astucia su pasado. Su respuesta estándar era que era el único sobreviviente de un trágico naufragio. Curiosamente, la emperatriz Carlota de México mandó a hacer en Europa un grabado fúnebre donde se mostraba a Maximiliano hundiéndose en un barco abrazado a una bandera blanca.

4 Una caligrafía idéntica
Estudios grafológicos realizados a lo largo de los años a las cartas, notas y recetas escritas por Justo Armas en El Salvador revelaron coincidencias asombrosas y patrones idénticos con la caligrafía original del archiduque Fernando Maximiliano de Austria.

5 El protector de la diplomacia salvadoreña
A su llegada a El Salvador en 1870, fue acogido por Gregorio Arbizú, canciller del gobierno de Francisco Dueñas. Gracias a su vasta educación, Armas se convirtió en el asesor de protocolo de la Cancillería salvadoreña y dirigió los banquetes diplomáticos de múltiples presidentes del país.

6 El detonante de la investigación: Copas imperiales
La escritora Gladys Suncín, sobrina nieta política de Antoine de Saint-Exupéry y de la salvadoreña Consuelo Suncín, confesó que su investigación de más de una década inició de una forma insólita: tras adquirir unas copas antiguas que habían pertenecido al mismísimo Justo Armas.

La escritora salvadoreña Gladys Alvarado Suncín lanzará libro sobre Justo Armas
Justo Armas, fotografía de «La Prensa Gráfica», 2 de junio de 1936. Foto / cortesía de la autora

7 Un parecido físico innegable
Quienes lo conocieron en San Salvador destacaban su impresionante fisonomía: una estatura imponente, ojos claros, modales refinados y una estructura ósea que recordaba inmediatamente a los retratos de la dinastía de los Habsburgo, a pesar de haberse cortado la emblemática barba bífida del emperador.

8 El eslabón perdido: el manuscrito Schleusz
El gran valor de la nueva publicación de Suncín radica en el hallazgo de un «eslabón perdido»: el testimonio escrito e inédito del hijo de don Rodolfo Schleusz, el mejor amigo de Armas. Este documento resguardado por la familia Schleusz aporta detalles íntimos sobre la verdadera identidad del misterioso caballero.

9 Políglota y refinado en el olvido
Justo Armas hablaba perfectamente alemán, francés, inglés y español, además de poseer conocimientos profundos de botánica, historia y filosofía, un nivel cultural sumamente extraño para un inmigrante común y corriente de la época sin registros de origen, según el sitio del Diario de Yucatán.

10 Una longevidad extraordinaria
Justo Armas vivió en El Salvador hasta su fallecimiento en 1936 (año en que surge EDH). De ser verdaderas las hipótesis de los investigadores, el emperador Maximiliano no habría muerto a los 34 años frente a un pelotón de fusilamiento, sino que habría alcanzado la asombrosa edad de 104 años, sepultando consigo uno de los secretos más grandes del siglo XIX.

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