En estas latitudes, donde el escepticismo es casi una religión nacional y pensar mal suele ser el camino más corto para acertar, la veloz resolución de la última finalísima liguera despertó de inmediato los peores fantasmas del pasado.
Para regocijo de los malpensados y desgracia de los amantes del suspenso, el Club Deportivo FAS liquidó el pleito definitivo contra el Águila en lo que un desprevenido tarda en acomodarse en la grada: menos de quince minutos bastaron para que el cuadro santaneco pasara el rodillo y dejara hincado a su eterno rival.
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Semejante pasividad defensiva en un partido de tal calibre encendió un reguero de pólvora y rumores de pasillo, obligando a la Federación Salvadoreña de Fútbol a encender las alarmas y brindar una profunda mirada hacia las entrañas del negocio de las apuestas.
Sin embargo, para profunda decepción de los fanáticos de las teorías conspirativas y de quienes ya saboreaban un escándalo de proporciones bíblicas, el ente regulador del balompié profesional dictaminó que el bochornoso arranque migueleño fue producto de la más pura, lícita y transparente ineficacia deportiva.
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Mediante un comunicado oficial emitido con la urgencia que el morbo popular requería, la Fesfut informó sobre sus indagaciones acerca del marcador, concluyendo que no existe un solo gramo de evidencia, patrón inusual o indicio que sugiera que las billeteras pesaron más que los botines sobre el césped:
«Como parte de nuestras actividades regulares y en función de brindar información oficial a toda la afición salvadoreña y en esta ocasión sobre una posible actividad de apuestas sospechosas durante la final del torneo Clausura 2026 de la Primera División Profesional…»
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«… La Federación Salvadoreña de Fútbol (FESFUT), gracias a sus procesos de consulta y verificación, informa que no se han identificado anomalías, patrones inusuales ni indicios que sugieran irregularidades relacionadas con apuestas deportivas».
«FESFUT se compromete a continuar con la constante supervisión en este sentido para asegurar la integridad de las ligas profesionales y la transparencia de la competencia».
Con esta absolución institucional, se le pone el candado definitivo a la controversia que giró en torno a la fugaz resolución de la final más exprés de la Primera División de fútbol en El Salvador.
A la parcialidad aguilucha no le quedará más remedio que masticar la amarga y cruel certeza de que sus jugadores no los traicionaron por un puñado de monedas de plata en el mercado de las apuestas; pasa que saltaron al terreno de juego con la brújula completamente extraviada.
La reputación de la liga fue salvada por ahora; la dignidad futbolística del emplumado, ciertamente, tardará un poco más en salir de la sala de cuidados intensivos.