CONTRACRÓNICA. Club Deportivo FAS volvió a lo más alto de la Liga Mayor de fútbol por partida doble y se coronó también como el máximo ganador de la justa ¿qué pasó tras el pitazo final?
CONTRACRÓNICA. Club Deportivo FAS volvió a lo más alto de la Liga Mayor de fútbol por partida doble y se coronó también como el máximo ganador de la justa ¿qué pasó tras el pitazo final?

Cuando el pitazo final de Filiberto Martínez llegó más de la mitad de la fanaticada de Club Deportivo Águila ya había ahuecado de las tribunas del «Magic», mientras que el grueso fasista aguardaba por el momento más especial de la noche: ver a su amado equipo alzar la copa del Clausura 2026.
Hubo un aficionado aguilucho que me conmovió profundamente. Previo a salir de la localidad donde se hallaba, decidió posar sonriente para una foto con una bandera naranja y negro. Se le vio muy auténtico, valorando lo que había vivido, quién sabe qué, para llegar al recinto y apoyar al conjunto emplumado hasta el final.
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Rápidamente se pudo ver como la basura inundó los micropasillos de la tribuna en donde me hallaba. Ese recuerdo viral en donde los japoneses llevan como dos mundiales FIFA al hilo quedándose en el estadio para recoger los desechos propios y ajenos continúa siendo toda una utopía en este predio baldío. A la gente aquí le da lo mismo.
La logística del escenario para premiar a los equipos finalistas fue demoradísima, y eso que ya había parado de llover para ese entonces. Casi una hora tardó todo para estuviese listo en la condecoración de FAS y Águila. Algo que, esperemos, pueda estar más afinado para la próxima ocasión. ¿Tanta prisa había para dejar el estadio de nuestra parte? Más tarde sabrá el por qué de la observación.

La Primera aprovechó para reconocer al cuerpo arbitral encabezado por Filiberto Martínez, que más allá del inútil y surreal momento en el que paró el partido para mejorar absolutamente nada sobre la cancha indundada, tuvo una actuación buena; amonestó cuando tenía que hacerlo, o casi, y en el resto de decisiones no se complicó mucho.
Un 7.0 a secas de calificación y sin el aplauso de nadie, así procedieron a retirarse con sus preseas obtenidas lejos de las miradas, los reflectores y las cámaras. Una despedida inadvertida.
Hubo también distinciones para los mejores jugadores del certamen. Máximo goleador, premio de Fair Play individual, entre otros.
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En la tribuna aguilucha permancieron tantos hinchas como los que se pueden contar con los dedos de las manos. Pocos apoyaron a la escuadra dirigida por Santiago Davio al momento de que este recibió el trofeo de subcampeón. Una auténtica desazón para quien sea que lo reciba.
Una tradición que se mantiene casi intacta desde tiempos pretéritos, la de abandonar al equipo en «las malas»; como la pereza de aplaudirle a los tuyos aún cuando se llevaron la medalla de plata. Ahí es donde hinchas de otras latitudes nos superan por años luz a los salvadoreños. Es en otros países en donde se le respeta y apoya al equipo preferido hasta el último momento, no hasta cuando me da la gana.

En Tribuna Baja algunos fans lanzaron mensajes de apoyo a Tomás Granitto, el encargado de llevar hacia el camerino el trofeo menos codiciado de la noche. Unas tímidas sonrisas y miradas fue lo que el salvadoreño/argentino devolvió en gratitud a quienes le manifestaron afecto hasta que se perdiera entre los recobecos del túnel rumbo al camarín emplumado.
El Dr. Canjura Urrutia procedió luego, tras recibir al equipo oriental, a pedirle a FAS que subiera al escenario lentamente montado para recibir sus respectivas medallas doradas y el trofeo por excelencia de la diluviosa jornada. Con mucha alegría y gritos el plantel subió para entre cánticos y vítores fasistas. En el momento culmen unas luces rojas y azules estallaron junto a una estela de humo bicolor para hacer más especial el instante para los fanáticos y más potable para los lentes de los profesionales de las fotos.
Acto seguido comenzó de nuevo a llover copiosamente y la inmensa mayoría de comunicadores cercanos al escenario huyeron casi despavoridos para buscar refugio en la tribuna techada del recinto, corrieron como hormigas recién fumigadas y con razón, había que proteger equipo y la integridad misma, claro está. Justo alcanzó el tiempo para que ambos equipos fueran premiados, y nada más. El agua volvía a hacer de las suyas.
Los jugadores de FAS se dieron la media vuelta olímpica, o casi, ya que escogieron quedarse un poco más a celebrar en el sector de la tribuna a donde más aficionados santanecos esperaban para felicitar y disfrutar unas cuantas fotos a lo lejos con sus predilectos. La policía incrementó la presencia en dicha franja para evitar que aficionados del campeón se introdujeran sin autorización. Ahí pasaron como unos quince minutos antes de retirarse al camarín para continuar los festejos en la intimidad y recogimiento.
Afuera del estadio los autobuses de los planteles involucrados aguardaban por los pasajeros pertinentes bien custodiados por los cuerpos de seguridad. Abundaron los automotores con personas gritando: «Somos campeones hijos de p…». Teniendo devoluciones como gritos semejantes, onomatopéyicos y silbidos victoriosos. En las calles adyacentes se veían en su mayoría aficionados fasistas recorriéndolas para encontrar sus vehículos o tomar taxis. Los puestos de carnitas y camisetas armaban maletas para despedirse de la colonia Flor Blanca.
La noche continuó haciéndose más honda y todos nos caímos dentro de ella, varios por supuesto, pasados por mucha agua.
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