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AMADA: El arte de pintar el alma bajo la guía de los ángeles y una madre

En este Día de la Madre, exploramos la vida de Claudia Michel «AMADA», la artista salvadoreña cuya espiritualidad y pinceles fueron moldeados por el amor incondicional y la fuerza de su madre

LM- Claudia Michel- AMADA- Pintora- Madre- Dia
AMADA posa junto a una de sus piezas protagonizadas por monjas. Foto EDH/ Lissette Monterrosa

La trayectoria artística de Claudia Michel AMADA comenzó incluso antes de su nacimiento. Mientras estaba en el vientre, su madre recibió un cuadro de un ángel custodiando una cuna con una dedicatoria premonitoria: «para la pintora que llevas dentro».

Esa conexión mística marcó el inicio de una vida dedicada a lo trascendental, donde el arte no es solo técnica, sino una extensión del ser espiritual. Un legado de mujeres fuertes y espirituales.

Para AMADA, la figura materna es el ancla que le permitió volar sin perder el norte. Describe a su madre como un ser de libertad absoluta, una educadora apasionada y ex funcionaria pública que siempre abogó por los desprotegidos.

Fue ella quien, ante la naturaleza soñadora de su hija, se convirtió en su polo a tierra, fomentando la disciplina necesaria para convertir el talento en maestría.

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AMADA junto a su madre, su hermano y su sobrino. Foto / Cortesía

Este linaje de fuerza se extiende a su bisabuela, quien durante la Segunda Guerra Mundial cosió «escudos espirituales» con imágenes de San Miguel Arcángel en los uniformes de sus hijos.

La fe de esta madre logró que todos regresaran a salvo. Esas raíces llevaron a AMADA a crear su colección «Reclinatorios», un homenaje a la oración y gratitud de sus antepasadas, utilizando madera y color para materializar la fe.

EL RIGOR ACADÉMICO

La calidad visual de esta creadora salvadoreña no es producto del azar, sino de una formación rigurosa. Su paso por el Art Institute de Chicago y la American Academy of Arts le otorgó un dominio técnico excepcional.

En Chicago, se sumergió en los cursos libres de muralismo y retrato, aprendiendo a manejar el gran formato y la psicología del rostro humano, conocimientos que hoy aplica para dar vida a sus «seres de luz».

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AMADA con su hijo Jordi en una imagen que ha compartido en sus redes sociales. Foto / Cortesía

Sin embargo, también recibió conocimientos de la maestra Rosa Mena Valenzuela, Rafael Varela y Rodolfo Molina. Esta base académica le permite hoy transitar con soltura entre el claroscuro más clásico y la explosión de color contemporánea, dominar la pintura pero también la escultura y el arte contemporáneo.

A lo largo de su carrera, AMADA ha desarrollado lo que denomina «color intuitivo». Tras años de estudiar la mezcla de colores y la preparación de superficies, la artista decidió permitir que la espiritualidad dictara la paleta.

Sus obras actuales se caracterizan por poseer espiritualidad en el trazo, que logra utilizando espirales multicolores y líneas sutiles que simbolizan la metamorfosis de la alegría y la materialización del ser desde la meditación profunda.

También hay una fusión pop-espiritual. Ejemplo de ello son sus famosas «monjas y monjes», que presentan hábitos tradicionales sobre fondos vibrantes (verde manzana, rojos intensos, azules eléctricos), creando un puente entre lo sagrado y lo contemporáneo.

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Uno de los cuadernos de ejercicios de AMADA. Foto EDH/ Lissette Monterrosa
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Dibujos de las monjas de AMADA. Foto EDH/ Lissette Monterrosa

Y un simbolismo natural, que se percibe en figuras como las abejas y las mariposas en sus lienzos. Estas no son simples decoraciones, más bien representan la laboriosidad del espíritu y la transformación constante.

EL MISTICISMO DE LA INDIA

Aunque su raíz es profundamente cristiana, su búsqueda por comprender cómo otros llegan a Dios la llevó a la India. Ese viaje transformador le otorgó un respeto profundo por todas las creencias, fusionando su devoción a la Virgen María con una visión universal.

«Es el mismo Dios, eso es lo que me conmueve, porque esto es una unión», reflexiona sobre su apertura espiritual, que hoy se refleja en un arte que busca sanar y conectar.

Uno de los momentos más definitorios para AMADA fue la trasendencia de su madre en mayo de 2023. AMADA la cuidó durante cinco años, compartiendo una intimidad espiritual única donde los espacios de oración diaria eran su lenguaje común.

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AMADA con dos de sus pinturas y uno de los reclinatorios que exhibió en Guatemala. Foto EDH/ Lissette Monterrosa

Relata con asombro cómo su madre, tras despertar de un coma de cinco días, regresó con una lucidez sobrenatural para despedirse en paz. «Estábamos trascendiendo dos mundos», recuerda la artista, subrayando que su madre se fue consciente de su trascendencia, dejándole como herencia final la certeza de la vida eterna.

Hoy, AMADA es también madre de un joven, cerrando el círculo de protección que ella recibió. Su estudio es un santuario donde el óleo, el acrílico y las técnicas húmedas dan vida a una propuesta que ha brillado en espacios como el Teatro Nacional de El Salvador y ferias internacionales como el Festival de Cannes (en colaboraciones de diseño).

En este Día de la Madre, la obra de AMADA nos recuerda que el arte más elevado es aquel que honra nuestras raíces.

A través de sus cuadros, ella sigue conversando con los ángeles y con el espíritu eterno de la mujer que, desde el vientre, le dio permiso para ser artista.

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Una de sus piezas con espíritu fantástico, estelarizada por hadas. Foto EDH/ Lissette Monterrosa

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