Bajo el impulso de la Embajada de España, historiadores y expertos proponen rescatar la herencia colonial de Acajutla para transformar la modernización del puerto en un destino turístico cultural único
Bajo el impulso de la Embajada de España, historiadores y expertos proponen rescatar la herencia colonial de Acajutla para transformar la modernización del puerto en un destino turístico cultural único

La historia de El Salvador no comenzó en los valles del centro del país, sino frente al rugir del Pacífico. En un reciente conversatorio celebrado en la Embajada de España, bajo el auspicio de la embajadora Sonia Álvarez Cibanal, los historiadores Pedro Escalante Arce, Ricardo Castellón y el representante de la Unión Portuaria del Pacífico, Luis Canto, desgranaron el pasado, presente y futuro de un enclave que es mucho más que cemento y grúas: el Puerto de Acajutla.
Como bien señaló el historiador Ricardo Castellón, la historia de Acajutla es, en esencia, la historia nacional. Desde el primer avistamiento español hasta la actualidad, el puerto ha sido el termómetro de la economía salvadoreña.
Antes de que San Salvador fuera un asentamiento formal hace más de 500 años, Acajutla ya era el escenario de batallas decisivas y un motor comercial vibrante.
Pedro Escalante Arce recordó datos insólitos que subrayan esta importancia. En junio de 1524, las costas de Acajutla fueron testigo de la resistencia indígena contra Pedro de Alvarado, en una batalla tan cruenta que dejó al conquistador con secuelas permanentes. Pero más allá de la guerra, el puerto fue la «madre» de Sonsonate (1553) y escenario del auge del cacao de los Izalcos.

Uno de los momentos más fascinantes destacados por Escalante Arce ocurrió en 1819, cuando el corsario Hipólito Bouchard ancló en Acajutla portando una bandera azul, blanco y azul. Esa fue la primera vez que esos colores, inspirados en la enseña de Manuel Belgrano, ondearon en suelo centroamericano, anticipando los símbolos patrios que hoy definen a la región, entre las que figura la actual bandera de El Salvador.
A pesar de su intensa actividad, Acajutla nunca fue una ciudad trazada bajo las normas españolas debido a su geografía; funcionó siempre como un enclave estratégico de carga, descarga y, lamentablemente, vulnerabilidad ante piratas que acechaban el «Mar del Sur».
LA MODERNIDAD: del muelle de hierro a la era tecnológica
El conversatorio, denominado 65 años del moderno Puerto de Acajutla, de la mar del sur, también analizó los hitos del siglo XIX y XX. Castellón destacó cómo el puerto se movió de su ubicación original —donde los pasajeros eran bajados en lanchones y subidos al muelle en «canastas» o ascensores de madera— hacia estructuras más sólidas. En total, detalló, Acajutla ha tenido cuatro ubicaciones.
En 1882, Acajutla marcó un hito tecnológico al ser el punto de partida del primer ferrocarril en suelo salvadoreño, conectando el mar con Sonsonate.

Décadas más tarde, en los años 50, el presidente, coronel Óscar Osorio, impulsó la creación de la Comisión Ejecutiva del Puerto de Acajutla, CEPA, dando paso a la construcción del muelle moderno con tecnología alemana y edificios de vanguardia, como el edificio de la Capitanía diseñada por los esposos austriacos Ehrentraut y Karl Kastaller, bajo la influencia racionalista de Le Corbusier.
Luis Canto, de la Unión Portuaria del Pacífico, presentó una visión ambiciosa para los próximos 50 años. Con una inversión histórica, el puerto persigue superar el colapso operativo que registró en el pasado reciente mediante la construcción de un nuevo muelle de 610 metros y la incorporación de grúas de última generación.
«Queremos que Acajutla vuelva a ser el centro de Centroamérica», afirmó Canto, proyectando el puerto como un nodo de distribución para toda la región y la costa oeste de Sudamérica.
Sin embargo, surge una preocupación compartida por ambos historiadores: la pérdida del patrimonio de Acajutla. Escalante Arce lamentó el abandono de las antiguas bodegas del tren y la infraestructura histórica. Para él, la visión moderna, si quiere ser completa, debe integrar estos restos arqueológicos e industriales.



UNA PROPUESTA hacia el turismo mundial
La verdad es que la modernización de Acajutla no tiene por qué estar reñida con su historia. Al contrario, la riqueza arqueológica subacuática y los vestigios del ferrocarril son activos que podrían convertir al puerto en un destino único para el turismo de cruceros.
Si los visionarios detrás de la remodelación logran rescatar la Capitanía de los Kastaller, rehabilitar tramos del tren de 1882 y crear un distrito histórico que narre la epopeya del cacao y los piratas, Acajutla ofrecerá al mundo algo que ningún puerto moderno puede comprar: identidad.
El turista que baja de un crucero no desea solo eficiencia; quiere descubrir el alma de los lugares.
Acajutla tiene el potencial de ser la puerta de entrada a la modernidad de El Salvador y, al mismo tiempo, el guardián de sus secretos más antiguos.


En definitiva, el futuro del puerto debe construirse sobre la base de su rico pasado, asegurando que el progreso no borre las huellas de los últimos 500 años. Convirtiéndolo no solo en una potencia portuaria, sino también en un destino turístico cultural único en Centroamérica.
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