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El primer juego de Santa Tecla FC como local

Hace casi 19 años el Santa Tecla Fútbol Club tuvo su primer juego como local en el Estadio Las Delicias

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San Salvador 11/08/2007 En las instalaciones del Estadio de Las Delicias de Santa Tecla, se realizo el encuentro de futboll, entre Santa Tecla FC y Fuerte Aguilares, en el cual quedaron empatados. Miguel Orellana (23) del Santa Tecla, disputa el balon con Nelson Gonzalez (7), jugador del Fuerte Aguilares Foto: Luis Villalta

Hace ya casi 19 abriles que el Santa Tecla Fútbol Club ofició de locatario por vez primera en su derrotero dentro del balompié profesional salvadoreño.

Aconteció un sábado 11 de agosto de 2007, en el marco de la segunda fecha del Torneo Apertura de aquel año, cuando la oncena tecleña midió fuerzas ante el Fuerte Aguilares.

El ariete Julio Pineda fue el encargado de quebrar la paridad inicial, poniendo en ventaja al elenco perico durante la primera mitad del cotejo (1-0).

Sin embargo, la escuadra visitante logró empardar las acciones en las postrimerías del encuentro, por intermedio de Gerson Galdámez, sellando así el 1-1 definitivo en el tanteador.

De esta guisa se consumó el bautismo de fuego del conjunto perico ante su incondicional parcialidad.

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San Salvador 11/08/2007 En las instalaciones del Estadio de Las Delicias de Santa Tecla, se realizo el encuentro de futboll, entre Santa Tecla FC y Fuerte Aguilares, en el cual quedaron empatados. Marvin Castro (10),jugador del Santa Tecla, disputa el balon con Xannyr Gonzalez (23), fuerte Aguilares Foto: Luis Villalta
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San Salvador 11/08/2007 En las instalaciones del Estadio de Las Delicias de Santa Tecla, se realizo el encuentro de futboll, entre Santa Tecla FC y Fuerte Aguilares, en el cual quedaron empatados. Marvin Castro (10), jugador del Santa Tecla, disputa el balon con Elmer Aguilar (15), jugador del fuerte Aguilares Foto: Luis Villalta

Mucha agua ha corrido bajo el puente

Corría el año 2007, temporada que enmarcó el debut del Santa Tecla F.C., y la fisonomía de esta emblemática urbe del territorio nacional distaba sobremanera de la actual.

Por aquel entonces, apenas se había procedido al corte de cinta del primer tramo del bulevar Diego de Holguín, arteria que hoy rinde tributo al nombre de San Óscar Arnulfo Romero.

Los predios que hoy albergan al Condado Santa Rosa y las grandes superficies comerciales aledañas eran un feudo exclusivo de la naturaleza; un paraje dominado por tupidos cafetales y surcado por cañadas que servían de cauce a las aguas residuales.

En el mítico Estadio Las Delicias, la vista aún podía recrearse con un apacible bosquecillo de altísimos árboles que custodiaba la tribuna popular, extendiendo su sombra hasta el sector reservado para la parcialidad visitante, justo a espaldas de la valla sur.

La añeja colonia Las Delicias, si de trazar un paralelismo femenino se tratase, ya habría alcanzado la edad de jubileo con sus 56 años a cuestas. Una dama de madura apostura, siempre dispuesta a oficiar de anfitriona para dar la bienvenida o la despedida al viajero, según su derrotero lo lleve desde o hacia el Occidente del país.

El Palacio Municipal aún aguardaba por su fastuosa inauguración, hito que se materializaría al año siguiente. No obstante, el Paseo El Carmen ya despuntaba con una fisonomía muy asimilable a la contemporánea, luciendo su coqueta ciclovía y las aceras debidamente remozadas.

Faltaba, eso sí, un trienio para que la Plaza del Músico abriera sus puertas en 2010, convirtiéndose en el refugio predilecto de un sinfín de artistas, tanto consagrados como emergentes.

Por su parte, el Colegio Salesiano Santa Cecilia se hallaba a años luz de siquiera concebir la integración de alumnado femenino en sus claustros; idéntica tesitura imperaba en el Colegio Santa Inés respecto a la admisión de varones.

La pista de atletismo de El Cafetalón soplaba las velitas de su segundo año y once meses de vida oficial, habiendo dejado atrás su primigenio y rústico semblante de tierra y pedregullo.

Ni rastro había aún de la Residencial Veranda. Con paso cansino pero firme, los vecinos comenzaban a repoblar afincamientos entrañables como Pinares de Suiza, Las Colinas y El Paraíso.

El tramo de la Ciclovía Merliot era todavía un reducto apacible, escasamente profanado por el tránsito automotor. En paralelo, se asistía a la inexorable tala del cafetal enclavado frente a las colonias Santa Mónica y Santa Teresa, cediendo el paso a un nuevo emprendimiento urbanístico que, ironías del destino, terminaría siendo atravesado por la arteria vial antes citada.

Finalmente, entre las residenciales Buena Vista I y II, aún asomaba un sendero rústico y polvoriento que enfilaba hacia la carretera al Boquerón; un pasaje flanqueado por nobles cafetos y custodiado por un monumental tanque de agua, estampas de un tiempo que inexorablemente quedó en el ayer.

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