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Docencia e investigación universitaria

La docencia universitaria y la investigación requieren ciertas competencias académicas y mucha voluntad. A veces pueden ser estresantes, pero en general dan satisfacciones que compensan los contratiempos. Ver a los antiguos estudiantes ejerciendo o realizando estudios de posgrado, publicando sus investigaciones o participando en eventos académicos motiva a seguir adelante. Lo mismo sucede cuando los productos de investigación son publicados, discutidos en la academia y trascendiendo a la sociedad. Lastimosamente, esto no siempre es entendido por quienes dirigen las instituciones universitarias.  La Facultad de Humanidades fue fundada en 1949; en 1969 y en el marco de la reforma universitaria de 1963 se convirtió en Facultad de Ciencias y Humanidades, agregándole ciencias naturales y matemáticas. Este componente lo fue perdiendo con los años, pero por pereza mental, conserva el nombre. La Facultad dedica la mayor parte de sus esfuerzos a la docencia, la investigación es mínima, lógicamente publica poco.  El año pasado la Junta Directiva aprobó un documento que regula el control de asistencia, mediante un registro biométrico.Pareciera que el único interés de las actuales autoridades es constatar si los docentes y trabajadores marcan en el biométrico su entrada y salida a la Universidad. En mi caso como docente (que pretende hacer investigación), no les interesa qué es lo que hago entretanto, menos si produzco algo. Implantar medidas de control era y es necesario. Lastimosamente, reducen el tema a un simple control de asistencia, sin considerar medidas paralelas que mejoren el trabajo de los docentes en el aula o que estimulen el trabajo de investigación. Hay una visión plana y unidimensional del quehacer universitario: …

La docencia universitaria y la investigación requieren ciertas competencias académicas y mucha voluntad. A veces pueden ser estresantes, pero en general dan satisfacciones que compensan los contratiempos. Ver a los antiguos estudiantes ejerciendo o realizando estudios de posgrado, publicando sus investigaciones o participando en eventos académicos motiva a seguir adelante. Lo mismo sucede cuando los productos de investigación son publicados, discutidos en la academia y trascendiendo a la sociedad. Lastimosamente, esto no siempre es entendido por quienes dirigen las instituciones universitarias. 

La Facultad de Humanidades fue fundada en 1949; en 1969 y en el marco de la reforma universitaria de 1963 se convirtió en Facultad de Ciencias y Humanidades, agregándole ciencias naturales y matemáticas. Este componente lo fue perdiendo con los años, pero por pereza mental, conserva el nombre. La Facultad dedica la mayor parte de sus esfuerzos a la docencia, la investigación es mínima, lógicamente publica poco. 

El año pasado la Junta Directiva aprobó un documento que regula el control de asistencia, mediante un registro biométrico.Pareciera que el único interés de las actuales autoridades es constatar si los docentes y trabajadores marcan en el biométrico su entrada y salida a la Universidad. En mi caso como docente (que pretende hacer investigación), no les interesa qué es lo que hago entretanto, menos si produzco algo. Implantar medidas de control era y es necesario. Lastimosamente, reducen el tema a un simple control de asistencia, sin considerar medidas paralelas que mejoren el trabajo de los docentes en el aula o que estimulen el trabajo de investigación. Hay una visión plana y unidimensional del quehacer universitario: los docentes dan clase. Por lo tanto, tienen que estar ocho horas en sus cubículos; ¿haciendo qué? No importa. 

Lo más cercano a un seguimiento al trabajo de los docentes en la Facultad de Ciencias y Humanidades es: una evaluación cada ciclo —, realizada por los estudiantes, del jefe inmediato y una autoevaluación —, y una “evaluación de expediente académico” que realiza una comisión cada cierto tiempo, en la que se acumula un puntaje a partir de indicadores como labor académica, tiempo de servicio, capacitaciones didáctico-pedagógicas, proyección social, especialización, investigación y publicaciones y seguimiento curricular. No tengo claro para qué sirve ninguna de ellas. 

Se aplican criterios extremadamente burocráticos. Al inicio de ciclo cada docente debe presentar su horario de trabajo que está determinado básicamente por su horario de clases presenciales, de tal manera que tenga 8 horas diarias y 40 semanales. El control biométrico registra hora de entrada y salida. Resulta que si en cierto día, un docente entra más temprano, trabaja las 8 horas y marca su salida, tendrá problemas. ¿La razón? no marcó la salida a la hora predeterminada. Estricto el sistema; pero si el mismo docente, entra a la hora establecida, se queda trabajando más tarde y marca después, el sistema no le reconoce el tiempo adicional. Está bien que haya controles, pero con un mínimo de flexibilidad, que el trabajo docente no es una labor administrativa. 

Peor está la situación para quienes pretenden hacer trabajo de investigación. El 11 de julio de 2025, la Junta Directiva de la Facultad aprobó el documento “Lineamientos y procedimientos para el control de asistencia, licencias y permanencia de los empleados de la Facultad de Ciencias y Humanidades”; el documento de 35 páginas es la quinta esencia del burocratismo, dedica diez páginas a desarrollar todo lo concerniente a la jornada laboral: marcación, faltas de asistencia injustificadas y abandono del puesto de trabajo. Luego trata sobre permisos y licencias; la palabra “licencias” aparece 63 veces, “permisos” 19. Sin embargo, la palabra “investigación” solo aparece una vez y para señalar que es competencia de la Junta Directiva de la Facultad, “la concesión de licencias con o sin goce de sueldo” al personal docente y de investigación. En ningún apartado se considera que el trabajo de investigación tiene condiciones especiales como: trabajo de campo, investigación en archivos y bibliotecas, entrevistas, etc. 

Tan flagrante omisión deja a los investigadores en precarias condiciones. En mi caso, realizo una investigación sobre historia de la Universidad de El Salvador en el periodo 1963-1991. Obviamente investigo en la Biblioteca y el Archivo Central de la UES, pero el fondo documental más rico está en el CRAI de la UCA, específicamente el Archivo del conflicto armado salvadoreño. Cuando debo trabajar periódicos en papel voy a la biblioteca del Museo Nacional de Antropología. ¿Cómo procedo? Voy a la UES, marco la entrada y luego me voy a la UCA o al MUNA, implorando que no haya tráfico; generalmente vuelvo a la UES a mediodía para la jornada de clases. No solo pierdo tiempo, gasto más combustible, solo porque los benditos “Lineamientos y procedimientos” no consideran que alguien pueda hacer investigación fuera del campus universitario. En lugar de estimular la investigación se desincentiva. 

Ocasionalmente, se hace alusión a ella e incluso se celebra lo poco que se hace. El pasado 4 marzo se realizó la presentación del número 3 de la revista Humanidades, el cual contiene un dosier sobre historia de la Universidad: dos artículos escritos por estudiantes de quinto año de la licenciatura en historia y otro de mi autoría, más una reseña de otra estudiante. Como era de esperar, el discurso de ocasión de las autoridades destacó la importancia de la investigación como generadora de conocimientos nuevos y la necesidad de potenciarla más. Simples generalidades que no comprometen a nada. Esta administración está a medio periodo. Hasta la fecha no se ha presentado ninguna propuesta académica significativa. Están muy ocupados en las minucias administrativas y en mantener contentos a quienes los han apoyado.

Otro documento interno, “Lineamientos generales para el desarrollo del año académico 2026”, fechado el 28 de noviembre de 2025, instruía a la “Jefatura de investigaciones” para que, con base en un diagnóstico realizado en las distintas unidades académicas, “determine las líneas de investigación de la Facultad”, con base en lo cual deberá definir la “política de investigación” y actualizar el Reglamento de investigación de la Facultad. Visionarios como pocos, piden que se agreguen “recomendaciones para el uso educativo de la Inteligencia Artificial”. Todos esos productos deberán entregarse a más tardar en junio de 2026. Vale decir que la administración anterior dio lineamientos similares sin que hubiera mayores resultados. Quizá el último documento explica por qué el anterior no considera el trabajo de investigación como parte del control de asistencia. Es obvio que para la Facultad la investigación no es prioridad.

Y no lo será mientras los docentes no asumamos una actitud más protagónica y estamos en desventaja e los órganos de gobierno. En la Junta Directiva, solo tenemos dos representantes, que no siempre nos representan. Decano y vice decano provienen del sector docente, pero al asumir el cargo son absorbidos por la administración. Los representantes estudiantiles son los más volubles, responden a los intereses (no siempre correctos) de sus organizaciones. Solo el sector docente podría reivindicar la investigación, pero no lo hace porque está desunido y ha asumido que su tarea es dar clases. Sin embargo, hay algunos que sí investigan, aunque lo hagan a contracorriente. Pero no actúan como grupo, y es por eso que las autoridades no lo toman en cuenta.

Finalizo reiterando que no estoy en contra de los controles, es más, desde antes he señalado la necesidad de implementarlos. Entonces, tratando de ser propositivo, planteo a las autoridades de Ciencias y Humanidades, y quizá a las de otras facultades,tres medidas que podrían coadyuvar a un mejor desempeño docente y de investigación: primero, flexibilizar el control de asistencia sin sujetarlo a un horario preestablecido, pero garantizando el cumplimiento de las cuarenta horas semanales de ley.

Segundo, implementar un verdadero sistema de evaluación del trabajo docente y de investigación, a partir del cual puedan establecerse estímulos y correctivos según el caso. 

Tercero, incorporar el trabajo de investigación en los mecanismos de control de asistencia, de tal manera que todo investigador disponga del tiempo prudencial y necesario, sin temor a descuentos y sanciones, como acontece hoy día.

Ya es tiempo de que en la Universidad, pero sobre todo en la Facultad de Ciencias y Humanidades, se valore debidamente la investigación; solo así dejaremos de ser transmisores de conocimiento para convertirnos en productores.

Historiador, Universidad de El Salvador

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