Seleccionada como escritora del mes en Santa Ana, Edith Carías clausura marzo transformando un diagnóstico neurodegenerativo en una sinfonía de superación, libros premiados y una nueva familia hallada en la música
Seleccionada como escritora del mes en Santa Ana, Edith Carías clausura marzo transformando un diagnóstico neurodegenerativo en una sinfonía de superación, libros premiados y una nueva familia hallada en la música

Marzo 2026 cierra con un broche de oro de inspiración y esperanza. En el marco del Día Internacional de la Mujer, la Biblioteca Pública David Granadino de Santa Ana se vistió de gala para rendir homenaje a una mujer cuya vida es, en sí misma, una obra maestra de resiliencia.
Ante una audiencia compuesta por estudiantes, docentes y miembros de la comunidad, Edith Carías fue presentada como la «Autora Laureada del Mes», una distinción que no solo celebra su pluma, sino su inquebrantable espíritu frente a las tormentas más crudas que la vida le impuso.
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Edith no llegó a este podio por azar. Su ascenso en las letras salvadoreñas quedó marcado en 2018, cuando su talento brilló con luz propia al ganar los Juegos Florales de El Salvador en la categoría de Cuento Infantil, con su libro «Luces, plumas, pelucas y ¡acción!”.
Aquella victoria fue el prólogo de una carrera ascendente que ha llevado sus historias, como «Melenas» y «El osito Tobías», a los estantes de la Biblioteca Nacional (BINAES) y a formar parte de la Red de Bibliotecas Públicas del país.
Sin embargo, detrás de la escritora que hoy firma libros y enamora a la niñez, reside una mujer que tuvo que librar una batalla silenciosa contra su propio cuerpo.
Hace más de una década, la vida de esta exdocente dio un giro drástico cuando un padecimiento neurodegenerativo comenzó a socavar su autonomía. Lo que inició como una serie de síntomas confusos terminó por anclarla a una silla de ruedas y a la dependencia de oxígeno permanente.
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Durante una década, Edith transitó por un laberinto de diagnósticos médicos inciertos que oscilaron entre la Corea de Huntington y la Ataxia, enfermedades que comparten un veredicto común: no tienen cura.
En ese período, la realidad de las aulas, donde había entregado 23 años de servicio, se volvió un recuerdo lejano al aceptar que su condición física le impedía volver a enseñar.

Pero donde la medicina veía límites, Edith encontró un «milagro» de fe y disciplina. En un proceso de rehabilitación que ella misma describe como un plan desconocido de Dios, se enfrentó al reto monumental de volver a aprenderlo todo: desde caminar y comer sin ayuda hasta recuperar la destreza para usar el teclado de una computadora.
Fue en esa vulnerabilidad donde germinó su sueño postergado de escribir para los niños. A pesar de los rechazos iniciales de las editoriales comerciales, su persistencia la llevó a los Juegos Florales, abriendo las puertas de un mundo donde sus «habilidades cognitivas», aunque retadas, demostraron ser una fuente inagotable de creatividad.
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Pero la historia de Edith no es la de una víctima, sino la de una estratega de la vida que supo reinventarse cuando el dolor golpeó con más fuerza.
El año 2020, sombrío para el mundo, fue particularmente devastador para ella: perdió a su hermana y a su madre en un lapso de pocos meses, mientras su único hijo emprendía su propio camino al casarse. En medio de una casa que de pronto le resultó inmensa y silenciosa, Edith decidió que su «segunda oportunidad de vida» no dependería de la melancolía.


Fue entonces cuando la música entró en escena, con una nueva familia y una terapia para el alma. Edith se integró al coro «Peregrinas de Emaús» de la Parroquia San Juan Bautista, encontrando en sus compañeras el refugio emocional que necesitaba.
Pero no se limitó a cantar; decidió desafiar nuevamente a la neurología aprendiendo a tocar un segundo instrumento. Con un teclado al que bautizó «Moisés» —porque sobrevivió milagrosamente a una correntada— y una guitarra llamada «Hope» (esperanza), Edith comenzó un aprendizaje autodidacta.
Tocar la guitarra representó un desafío técnico superior: al ser zurda y lidiar con la falta de fuerza en sus dedos, tuvo que adaptar el instrumento y su técnica de forma creativa.
Este esfuerzo no fue solo artístico; la ciencia respalda que aprender un instrumento en la etapa adulta, especialmente ante cuadros neurodegenerativos, fomenta la neuroplasticidad, creando nuevas vías neuronales que ayudan al cerebro a «rodear» las áreas dañadas.
Por ello, para Edith, cada acorde es una sesión de fisioterapia mental que fortalece su coordinación motriz y llena su vida de «alegría y color».
Hoy, Edith Carías ha logrado lo que pocos: fusionar sus dos pasiones al musicalizar sus propios cuentos. Verla interpretar la historia del león «Melenas» con su guitarra zurda es presenciar el triunfo del arte sobre la adversidad.
Al cerrar este mes dedicado a la mujer, su figura se alza como un faro para quienes atraviesan desiertos de salud o soledad. Edith nos recuerda que, aunque la vida nos ate un «ancla a la cintura», siempre es posible soltar amarras y navegar hacia nuevos horizontes a través de la creatividad, la fe y la voluntad inquebrantable de vivir.
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