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Décadas de 1960 y 1970: juventud, sueños y rebeldía

El componente de ciencias sociales y humanidades del sistema de áreas comunes coadyuvó mucho a un proceso progresivo de sensibilización social, cuestionamientos y búsqueda de alternativas a los problemas socioeconómicos y políticos del país.

Hay periodos en la historia que se caracterizan por la búsqueda del cambio; por el contrario, hay otros en que las inercias se imponen, se aspira a mantener el orden instituido. Incluso hay casos de regresiones; se vuelve a modelos autoritarios del pasado. Algo de lo último vivimos hoy día en El Salvador. Por el contrario, en las décadas de 1960 y 1970, se apostó al cambio. Los militares reformistas lo entendían como modernización. Más tarde, los jóvenes militantes de izquierdas lo verían como revolución. La Universidad de El Salvador fue actor importante en esos procesos.

En los primeros años de la reforma universitaria de 1963 no había oposición hacia la modernización y el desarrollo; por el contrario, la Universidad debía construir a ello. Lo anterior no impedía que la institución tuviera una actitud crítica contra las debilidades y abusos del gobierno o con las falencias del modelo de desarrollo. Una pregunta recurrente era ¿Qué papel jugaba la Universidad en esos procesos? Con variaciones de tono o condicionamientos coyunturales, se asumía que debía coadyuvar al desarrollo nacional. Eso quedó bien claro en los planteamientos de Manuel Luis Escamilla y fue reiterado muchas veces por las autoridades.

Pero a nivel de estudiantes, diferentes experiencias provocaron reflexiones y cuestionamientos que condujeron a actitudes más críticas y llevaron a su radicalización política, que Aldo Marchesi entiende como la conducta política de actores que, en un contexto de crisis de las formas tradicionales de participación política, proponen formas de acción colectiva que implican una ruptura con las prácticas del pasado. En este caso, las nuevas formas de lucha conducirían a la vía armada (Marchesi, 2018, p. 230). Tal conceptualización aplica también al repertorio de acciones de los frentes de masas ligados a la izquierda revolucionaria en las décadas de 1970 y 80.

Esas experiencias han sido bien estudiadas por Yvon Grenier y Joaquín Chávez, quienes proponen que las raíces de la insurgencia salvadoreña se encuentran en el Partido Comunista, el Partido Demócrata Cristiano y la UES (Chávez M., 2014; Grenier, 1999). Lo primero es indiscutible, pero se dio no tanto por acción de los comunistas, sino por el desencanto de los jóvenes ante la falta de radicalidad del partido. El papel de la democracia cristiana es discutible; al menos en un primer momento, la experiencia determinante es la social cristiana, la radicalización política se da primero en organizaciones estudiantiles como la Federación Revolucionaria Universitaria Social Cristiana (FRUSC), aunque posteriormente algunos se integren a la juventud del PDC. También fueron importantes la experiencia en la Acción Católica Universitaria Salvadoreña (ACUS), el trabajo en áreas comunes, pero también la vivencia en las residencias estudiantiles y en un sentido más amplio las sociabilidades construidas en un espacio inédito: la ciudad universitaria. El trabajo de los social cristianos no puede desvincularse del quehacer universitario.

Al ampliar el análisis es posible asociar estas inquietudes de los jóvenes con una tendencia de época. En la década de 1960 los acontecimientos políticos y culturales trascienden las fronteras nacionales, la magia de la televisión daba una sensación inédita de simultaneidad. Se despliega una experiencia global de consumos, roles y protestas. Así, en el tema de protestas estudiantiles los referentes son mayo 68 en Francia, Tlatelolco en México, pero también las movilizaciones en Colombia, Brasil y Argentina. Hay una abundante bibliografía que las asocia con variables como: politización estudiantil, antiimperialismo, cambio cultural, guerra fría y surgimiento de la nueva izquierda. Sin entrar a profundizar, y centrándose en el caso salvadoreño, puede afirmarse que la huelga de áreas comunes (enero 1970) encaja bien en esa oleada de movilizaciones estudiantiles, cambios políticos y manifestaciones contraculturales de la juventud de los sesentas. “De repente, casi sin darnos cuenta nos sentimos parte de una fuerza nueva que se movía por el mundo que llamaba a la juventud a ‘ser realistas haciendo lo imposible’… alentándonos desde el mayo francés de 1968, a levantarnos contra ese orden establecido por el dios Moloch”, dice en sus memorias un personaje que hoy legitima las violaciones a la Constitución, el autoritarismo gubernamental y la reelección indefinida (Ulloa h., 2021, p. 28). Los sueños se pueden perder con los años y con unas migajas de poder.

Sergio Pujol habla de una “trama cultural” que cobijaba diversas inquietudes sociopolíticas a manera de un “imaginario social signado por una urgente sed de futuro. Había en el aire una cierta idea de porvenir que toda una generación estaba decidida a sostener con una energía inaudita” (Pujol, 2003, p. 285). Imaginario social, sed de futuro; ciertamente son ideas con un alto grado de subjetividad, con mucho de aspiraciones y poco de concreciones. Eso es justamente lo que se advierte en las demandas y planteamientos de los jóvenes universitarios a inicios de los setenta. Solo algunos tenían un poco más de claridad y fueron ellos los que tomaron las radicales decisiones políticas que cambiarían el rumbo del país.

El componente de ciencias sociales y humanidades del sistema de áreas comunes coadyuvó mucho a un proceso progresivo de sensibilización social, cuestionamientos y búsqueda de alternativas a los problemas socioeconómicos y políticos del país. Algo de eso ya se advierte en los planteamientos de la FRUSC en la campaña electoral de 1967. Pero el proceso se aceleró después de la guerra con Honduras en 1969. En esto tuvo mucho que ver el apoyo del PCS al gobierno de Sánchez Hernández. El punto es que áreas comunes, las residencias y la ciudad universitaria crearon condiciones para que los estudiantes se volvieran más críticos, pero también para que interactuaran más y debatieran mucho. Es más, algunos que inicialmente querían estudiar otras carreras fueron atraídos a la sociología, gracias a las excelentes clases de los sociólogos argentinos que trabajaban en áreas comunes. Rafael Arce Zablah estudiaba economía, pero se pasó a sociología. Como era un estudiante aventajado, el argentino Jacobo Waiselfisz lo nombró instructor de sociología; alrededor de ellos se aglutinó un grupo de jóvenes, cada más entusiasmado por la economía y la política como claves para cuestionar la realidad salvadoreña. Fermán Cienfuegos también se movió de medicina a sociología; lo mismo pasó con Francisco Jovel.

Es plausible pensar que en ese proceso de sensibilización social coadyuvó el trabajo convergente de diferentes disciplinas. Desde la economía, los trabajos de Rafael Menjívar y David Luna mostraron con cifras los altos niveles de pobreza, de concentración de la propiedad de la tierra y la ampliación de las brechas socioeconómicas. Algo parecido sucedía con la sociología de los argentinos, que pugnaba por una inmersión de los estudiantes en la realidad social con investigación participativa anclada en la teoría de la dependencia y del subdesarrollo. Las ciencias sociales eran el espacio ideal para discutir la realidad nacional y descubrir los problemas acumulados del desarrollismo.

Además, la participación de los estudiantes en la campaña presidencial de 1967, apoyando a Fabio Castillo, tuvo los efectos de una cátedra política que mostró los límites de la democracia pecenista, percepción que se afianzaría cuando participan en las huelgas magisteriales de 1968. Algo parecido sucedía en la pastoral católica. En fin, el entorno mundial y nacional llamaba a la rebeldía; los jóvenes respondieron a ello dispuestos a pagar lo que fuera necesario. Conocer esas experiencias es necesario, en estos días en que la pasividad contribuye a afianzar las tendencias autoritarias.

Chávez M., J. (2014). Chatolic Action, the Second Vatican Council, and the Emergence of the New Left in El Salvador (1950-1975). The Americas, 70(3), 459-487. 

Grenier, Y. (1999). The Emergency of Insurgence in El Salvador. Ideology and Political Wilt. The University of Pittsburg Press.

Marchesi, A. (2018). Latin America’s Radical Left: Rebellion And Cold War In The Global 1960s. Cambridge University Press.

Pujol, S. (2003). Rebeldes y modernos. Una cultura de los jóvenes. In D. James (Ed.), Violencia, proscripción y autoritarismo (1955-1976) (pp. 283-327). Suramericana.

Ulloa h., F. (2021). Historias y memorias. Universidad Tecnológica.

Historiador, Universidad de El Salvador

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