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La transformación del Centro de Resguardo Municipal de Ilopango

Lo que por años fue un campo de concentración canina marcado por el abandono, crueldad, dolor, sufrimiento y muerte, ahora se ha convertido en un lugar de cuidados, atención, amor y el hogar de más de un centenar de perritos

Refugio Ilopango
El refugio para perros en Ilopango ha tenido una transformación de 180 grados tras pasar a manos de Silvia Ayala, fundadura de Échame una pata y rescatista. Fotos EDH/Cortesía Silvia Ayala

Desde el 7 de marzo del 2025 a la fecha, la administración del Centro de Resguardo Municipal de Ilopango cambió y pasó a manos Silvia Ayala, rescatista y fundadora del refugio independiente Échame una pata, ubicado en la ciudad de San Miguel.

La decisión del otorgamiento fue en consenso entre el entonces existente Instituto de Bienestar Animal IBA y el Ministerio de Agricultura y Ganadería, en medio del proceso de las investigaciones de la Fiscalía General de la República por las múltiples denuncias difundidas en redes sociales y protestas hechas por la población, además de evidencias de las deplorables condiciones en que los empleados municipales mantenían a los perritos en el lugar, incluido una masacre.

La administración del C R de Ilopango cerró su primer año de gestión con resultados significativos en rescate, rehabilitación y adopción de animales, consolidándose como un referente de trabajo colaborativo entre ciudadanía, organizaciones y autoridades.

La rescatista Silvia Ayala, responsable del proyecto, describió esta etapa como una de las experiencias “más maravillosas y a la vez más duras” de su trayectoria, marcada por desafíos extremos que incluyeron la falta total de recursos en sus inicios, y calificó este primer año como un periodo de “aprendizaje y satisfacción”, destacando la recuperación de más de 152 perros y 16 gatos que han sido rescatados de severos cuadros de desnutrición, enfermedades parasitarias e infecciones, en condiciones críticas y que han sido rehabilitados con éxito, sin registrar ninguna pérdida.
Según relató, el centro comenzó operaciones en medio de una crisis de alimentos, insumos médicos y productos de limpieza, lo que obligó a recurrir al apoyo ciudadano. “Fueron cientos de personas las que se involucraron donando y haciendo voluntariado”, destacó, reconociendo también el respaldo de empresas privadas y clínicas veterinarias que contribuyeron a la atención de los animales.

«Hasta que Dios nos dé vida, hasta que Dios nos lo permita, la idea es estar ahí, cambiando y salvando vidas»: Silvia Ayala, rescatista y administradora de CR de Ilopango.

“Es gratificante verlos ahora completamente sanos. Todo el esfuerzo ha valido la pena”, expresó Ayala.
La experiencia acumulada durante una década al frente de su propio refugio fue clave para enfrentar el reto de atender a un número tan elevado de animales en condiciones críticas.

Según mencionó, uno de los principales aciertos fue la clasificación de los casos según su gravedad, lo que permitió aplicar tratamientos específicos para problemas de piel, parásitos y desnutrición. Entre los casos más destacados mencionó la recuperación de un perro sobreviviente de moquillo, al que calificó como “un milagro de vida”.
Durante este periodo de un año, el centro reporta más de 130 perros dados en adopción, más de 205 esterilizaciones y castraciones realizadas, así como más de 1,500 vacunaciones gratuitas aplicadas en zonas como San Salvador, Usulután y San Miguel.

Refugio de Ilopango
La situación del Refugio de Ilopango era lamentable, con múltiples casos de desnutrición y maltrato registrados. Foto EDH/Cortesía Silvia Ayala.

Además, se logró rescatar a más de 40 animales afectados por el gusano barrenador, una de las problemáticas más graves en salud animal que se registró el año pasado a nivel nacional; y se brindó apoyo a siete refugios independientes con alimentos y medicamentos, y a por lo menos 20 rescatistas, mediante donaciones de alimento, medicamentos, transporte y atención veterinaria.

El impacto también se extendió a la comunidad, con la atención de al menos 55 emergencias reportadas por ciudadanos que solicitaban ayuda para animales en condiciones críticas.

“Mi agradecimiento especial a las autoridades correspondientes, al Ministerio de Agricultura y Ganadería por haber confiado en mí y haber puesto en mis manos este proyecto tan importante que realmente fue un desafío, pero creo que después de un año los números hablan por sí solos”, destacó Silvia.

Apoyo ciudadano, trabajo interinstitucional en equipo y desafíos persistentes

Ayala explicó que el funcionamiento del refugio ha sido posible gracias a una combinación de donaciones ciudadanas, apoyo de organizaciones y respaldo institucional. En sus inicios, el proyecto carecía de insumos básicos, pero logró sostenerse mediante campañas en redes sociales que movilizaron ayuda en forma de alimento y productos de limpieza.

Posteriormente, instituciones gubernamentales asumieron compromisos clave, como el pago de personal, mantenimiento de instalaciones y servicios básicos. Ayala destacó también el respaldo del Ministerio de Agricultura y Ganadería.

Durante este periodo de un año, el centro reporta más de 130 perros dados en adopción, más de 205 esterilizaciones y castraciones realizadas, así como más de 1,500 vacunaciones gratuitas aplicadas en zonas como San Salvador, Usulután y San Miguel. Foto EDH/Cortesía Silvia Ayala.

“Ellos desde el día 1, después de lo que pasó, esta nueva administración se ha visto muy comprometida con la causa y sí se han involucrado de lleno”, aclaró la rescatista.

Además del trabajo interno, el refugio ha extendido su impacto a nivel comunitario, apoyando casos en distintos departamentos como Usulután, La Unión, San Vicente y Sonsonate, así como a rescatistas independientes con insumos y medicamentos.

En ese contexto enfatizó que los logros alcanzados han sido posibles gracias al trabajo conjunto entre voluntarios, personal operativo y aliados estratégicos, incluyendo colaboradores en áreas administrativas, comunitarias y de atención directa a los animales.

Asimismo, destacó el papel del personal de mantenimiento municipal, quienes, según indicó, asumieron el reto de formarse como cuidadores permanentes de los animales.

No obstante, también señaló que persisten desafíos estructurales en el manejo de refugios municipales en el país, particularmente aquellos que operan con limitaciones de acceso y sin condiciones adecuadas. En ese sentido, hizo un llamado a las autoridades locales a abrirse a la colaboración con rescatistas experimentados.

“Cuando las personas se involucran, el amor sana, el perdón se puede ganar aunque el daño no se olvide y después de la tormenta siempre llega la calma. Varias empresas se sumaron para ayudar enviándonos de todo por medio de Échame Una Pata, que apadrinó al CR con mucho amor”, publicó recientemente la rescatista en sus redes sociales, en conmemoración a un año tras la administración del recinto.

Un llamado a la conciencia colectiva

La rescatista subrayó que la labor de protección animal requiere compromiso compartido entre sociedad y organizaciones, ya que las capacidades de los refugios son limitadas frente a la alta demanda de casos.
“Esto es trabajo en equipo”, expresó, al tiempo que pidió comprensión a quienes no han podido recibir apoyo inmediato debido a la saturación de solicitudes.

Finalmente, reiteró que su motivación principal no es el reconocimiento público, sino el impacto positivo en la vida de los animales. “Se trata de humanidad, de dejar huella salvando vidas”, afirmó.

Parte de los colaboradores del Refugio de Ilopango. Foto EDH/Cortesía Silvia Ayala.

Con miles de casos aún por atender, la administración del centro proyecta continuar ampliando su alcance y fortalecer las redes de apoyo para seguir respondiendo a la problemática del abandono y maltrato animal en El Salvador.

“De corazón espero que esto que pasó en Ilopango no vuelva a pasar nunca más y que aquellos alcaldes que continúan manteniendo refugios municipales a puertas cerradas con hermetismo extremo y sin condiciones idóneas (como en San Miguel Centro) recapaciten y se dejen ayudar por quienes tenemos la vocación y experiencia que se necesita para cuidar animalitos, y este es el mejor testimonio de mi trabajo y mi capacidad como rescatista, no perfecto, pero es un trabajo con resultados positivos”, afirmó la administradora del refugio.

Retos y proyecciones

La administradora señaló que uno de los principales problemas históricos de los refugios municipales ha sido el deterioro de las condiciones de los animales, situación que motivó a las autoridades a delegar su manejo a rescatistas con experiencia.

“El objetivo es seguir salvando vidas y ampliando el impacto comunitario, me disculpo con los cientos de casos que reportan y no he podido ayudar, pero muchas veces quieren que uno haga el 100% de todo y esto es trabajo en equipo, ustedes y nosotros, porque las limitaciones de los refugios son infinitas”, concluyó Ayala.

De cara al futuro, el centro proyecta alcanzar más esterilizaciones de perros y gatos en 2026, además de continuar con campañas de vacunación y rescate. En el último año, ya se han realizado más de 205 esterilizaciones y cerca de 1,500 vacunaciones gratuitas.

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