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Margarita, la mujer que desafía los estereotipos de la mecánica de motos en Usulután

La reparación de motores es su fuerte, un oficio que aprendió de su padre, convirtiéndose en un ejemplo de vida. Demuestra que la fuerza no está en el género, sino en la determinación.

Con su papá
Junto a su padre, Margarita aprendió sobre el mundo de la mecánica. FOTO EDH/CORTESÍA.

En el corazón de Usulután, entre motores, herramientas y motocicletas, vive Carmen Margarita Alvarado, una mujer que a sus 33 años se desenvuelve en el mundo de la mecánica de motocicletas, siendo su fuerte el trabajo en motores. Margarita ha encontrado su verdadera vocación en un oficio que aprendió junto a su padre.

Inició su camino en el taller de su progenitor, un mecánico de la rama automotriz con amplia trayectoria; Margarita relata que comenzó apoyando en tareas administrativas como la venta de repuestos y la facturación, pero pronto descubrió que su vocación estaba en el taller.

“Empecé a ver de qué se trataba el trabajo, cómo trabajaba y una cosa es cuando uno trabaja en algo porque debe trabajar, pero otra es que vi como me llamaba la atención, sentía que me gustaba ese trabajo, pero yo no veía que otra mujer lo hacía”, relata Margarita.

Cuenta que empezó ayudándole a su papá con cosas pequeñas como alcanzándole herramientas, pero en la medida fue creciendo fue algo que fue aprendiendo con estar observando; después habló con su padre y le expresó que quería aprender la mecánica. Su padre, de 63 años, ha dedicado gran parte de su vida a la mecánica automotriz en su taller; ahí, lejos de darle un trato preferencial, su formación fue rigurosa, explicó.

“Me costó mucho porque al principio mi papá fue bastante duro, pensó que era como algo momentáneo, entonces me trató como a todos los demás, no hubo ninguna excepción, aprendí como todos los demás, fue bastante difícil desde al principio”, cuenta.

Margarita
Margarita reparando un motor de motocicleta. FOTO EDH/CORTESÍA.

Vocación que supera cualquier dificultad

Tras dejar el taller familiar por la disminución de trabajo, Margarita intentó emprender con un pequeño negocio propio. Sin embargo, pronto comprendió que ese no era su camino.

“No me sentía a gusto. Sentía el día largo, pesado. No era lo que me gustaba”, explica.

Entonces las puertas de un empleo se le abrieron en el rubro de la mecánica y, desde entonces, es una de las empleadas destacadas del lugar, por su dedicación, disciplina y desempeño.

“Gracias a Dios que me dio la oportunidad y pues aquí en RYL Motocar, la jefa tomó a bien darme la oportunidad, ponerme a prueba, incluirme, me gusta mi trabajo, me encanta hacer lo que hago, vengo y pues paso acá el día trabajando”, añadió Margarita.

En un oficio donde predominan los hombres, esta salvadoreña demuestra que las mujeres también pueden y no solo desafía estereotipos, sino que también, con esfuerzo, ha ido construyendo una historia, marcada por el aprendizaje familiar, la perseverancia y la maternidad que ejerce con dos hijos, por los cuales lucha día con día para sacarlos adelante sola .

Margarita ha logrado abrirse camino con determinación, entrega y amor por la mecánica; cuando llegan motos y necesitan ajuste, es la indicada. No considera pesado el hecho de tirarse al suelo, engrasarse o cargar con los motores pesados.

mujer mecanica
Las motocicletas son su fuerte, sobre todo la parte de motores. FOTO EDH/CORTESÍA.

“Al tirarse en el suelo se trabaja mejor” expresa, y cuando tiene que consultar siempre lo hace con su padre, debido a que, dice, es un hombre con mucho conocimiento en el área de la mecánica automotriz.

Lejos de tener un problema con ensuciarse, eso le recuerda a su papá, su esfuerzo por sacar adelante a su familia y a todo lo que le enseñó.

Esta joven mecánica y madre de famili, también se enfrenta a trabajos complejos, como desarmar motores, hacer ajustes y apoyar a sus compañeros en labores exigentes. Aunque reconoce que algunas áreas, como la electricidad automotriz, aún representan un reto, no se detiene. Para ella, ensuciarse las manos es parte del orgullo del oficio.

“Cuando dicen que hay que bajar un motor, yo digo: ‘yo lo hago’. Me encanta aprender y seguirme especializando…Cuando me cuesta algo, llamo a mi papá. Él me explica y cuando logro resolverlo, me siento muy satisfecha”, comenta.

Una madre trabajadora y ejemplo de vida

Margarita es madre soltera de dos hijos, una adolescente de 15 años y un niño de 12, quienes son su mayor motivación. Su hija mayor se ha convertido en un apoyo fundamental en su día a día. A pesar de las dificultades, Margarita ha pensado en continuar su formación técnica, aunque por ahora sus responsabilidades familiares se lo impiden.

“Me encantaría estudiar más, tomar cursos, pero necesito trabajar por mis hijos”, explica.

Con apenas un mes en su nuevo empleo, ya comienza a destacar por su dedicación y compromiso. Su historia, compartida incluso en redes sociales por comunidades de motociclistas, refleja el esfuerzo de una mujer que desafía estereotipos. Más allá de reparar motores, Margarita construye un legado de perseverancia, amor por el trabajo y orgullo familiar, con amabilidad estará atendiéndole en la colonia Soriano de la ciudad de Usulután.

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