En nuestro metro cuadrado, contribuyamos a comportarnos pacíficamente, hablando con respeto y suavidad, escuchando música que dé tranquilidad, comportándonos en el tráfico como personas y no como bestias.
En nuestro metro cuadrado, contribuyamos a comportarnos pacíficamente, hablando con respeto y suavidad, escuchando música que dé tranquilidad, comportándonos en el tráfico como personas y no como bestias.
Pertenezco a la generación silenciosa, descrita así por la inteligencia artificial: “La Generación Silenciosa, nacida aproximadamente entre 1928 y 1945, comprende a las personas que crecieron durante la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, moldeando un carácter austero, trabajador y cauto. Conocidos por ser «silenciosos» debido a su enfoque en trabajar dentro del sistema en lugar de rebelarse, valoran la estabilidad, el deber y la tradición. Características principales: resiliencia y austeridad, marcados por la escasez económica y el conflicto, priorizando la seguridad y la supervivencia; respeto a las normas, valores tradicionales, dedicación a la familia y al trabajo duro, y, aunque parezca contradictorio, también adaptabilidad, siendo los primeros en experimentar los auges tecnológicos, como la televisión”. Y TOOOOOOOODO lo que ha llegado posteriormente.
Esta descripción explica por qué mis contemporáneos y yo (ya quedamos pocos) enfermamos ante Bad Bunny y especímenes similares. Disfrutamos muchísimo la música, pero la “de verdad”, no la que es sólo ruido. Y las canciones, las que tienen frases bonitas y lenguaje respetuoso. Además, la escuchamos a un volumen casi inaudible para los jóvenes.
Y la música es solamente uno de los gigantescos cambios sufridos. Hay muchísimos más, en especial lo referente al trato entre las personas: priva el irrespeto, la vulgaridad, el lenguaje soez, las posturas incorrectas, y ya no digamos las vestimentas (desvestimentas, en muchos casos) que ahora se estilan.
Preguntarán: con todo lo grave que el mundo vive actualmente, esta señora se queja de la música y los vestidos y los modos de la actualidad, ¿en qué nube vive? ¿No sabe de las guerras, de las crisis económicas, de los tiroteos en escuelas y lugares públicos y la violencia desatada en todas partes?
Estoy muy consciente, pero sobre esas cosas, únicamente puedo rezar, seguir trabajando y cumpliendo con mis deberes. Porque es cuidando nuestro metro cuadrado que podemos iniciar un regreso a la paz.
Porque el Siglo XX vivió la Peste Española, inmediatamente después la Primera Guerra Mundial, luego la Gran Crisis, posteriormente la Segunda Guerra Mundial, pero de todos esos cataclismos, la humanidad surgió más pacífica, más generosa, aprendió a caer y levantarse, la austeridad fortaleció a la sociedad; y los valores familiares y de trabajo duro, fueron la base para iniciar los grandes inventos que ahora disfrutamos. Y siguieron las guerras de postguerra, la guerra fría, las guerrillas, la pandemia y muchos problemas graves, pero no aprendemos la lección.
La violencia es el signo de este tiempo y, a mi entender, nace de la inmensa insatisfacción de generaciones que no aprendieron a tener austeridad, que detestan caer y, en lugar de esforzarse por levantarse, echan la culpa a los demás, sienten que el mundo está en deuda con ellos, viven permanentemente insatisfechos, desencantados y, lo que es peor, enojados con todo y con todos. Eso, a fuerza de rumiarlo, lleva a negros pensamientos que, finalmente, se convierten en hechos violentos y desesperados. Violencia “en chiquito”, pero que son gérmenes para las guerras.
¿Qué hacer?
Por lo menos, en nuestro metro cuadrado, contribuyamos a comportarnos pacíficamente, hablando con respeto y suavidad, escuchando música que dé tranquilidad, comportándonos en el tráfico como personas y no como bestias. Y, principalmente, enseñando a los niños y jóvenes que la vida es dura y debemos saber afrontarla con responsabilidad y valentía, pacíficamente, no con violencia.
Empresaria.
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