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Una nueva receta para la sanidad en Estados Unidos

Las elecciones al Congreso este noviembre determinarán si la gente prefiere dejar en el poder
legislativo a políticos que favorecen el sistema de medicina privada tal como está, con todas sus limitaciones, sus inequidades y sus peligros.

Los estadounidenses desean una nueva receta para su atención médica. Según
una encuesta de la empresa de investigación de políticas de sanidad KFF, las dos terceras partes
de los adultos en Estados Unidos ahora prefieren un seguro universal de salud, costeado por el
gobierno.


Esta cifra constituye un cambio enorme desde el año 2020, cuando el 53 por ciento de los adultos
estaba a favor del seguro médico universal, al que suele llamarse “Medicare para Todos”. Uno de
sus más destacados promotores es Bernie Sanders, senador independiente por el estado de
Vermont. El Medicare es el programa de salud del gobierno federal que proporciona atención
médica a las personas de 65 años en adelante y a las que tienen discapacidades.


Cuando en el sondeo de KFF se indicó a los encuestados que el modelo estatal eliminaría los
planes de seguros privados, el apoyo a Medicare para Todos bajó al 52 por ciento. Pero aun así,
sigue siendo una mayoría a favor.


Por afiliación política, el 84 por ciento de los demócratas y el 72 por ciento de los votantes
independientes se pronunciaron a favor del plan de medicina socializada, mientras el 66 por
ciento de los republicanos estuvo en contra.


El altísimo costo de la atención médica constituye la mayor inquietud económica de los
estadounidenses. El 60 por ciento de los encuestados por KFF manifestó su preocupación por los
gastos del cuidado de la salud, seguido por el precio de la gasolina –el 59 por ciento– y el de las
compras en el supermercado –el 52 por ciento–.


Hay razones de sobra para preocuparse por la atención sanitaria. Este año, unos 30 millones de
los 340 millones de personas que viven en Estados Unidos carecen de seguro médico, por encima
de los 26,6 millones en 2025, según la Oficina de Presupuesto del Congreso. El notable aumento
en el número de personas sin seguro se debe a la reducción de fondos del gobierno federal para
planes de salud como la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio –conocida como Obamacare
porque fue promulgada durante la presidencia de Barack Obama– y el programa Medicaid, para
personas de bajos ingresos.


Carecer de seguro médico puede ser mortal, literalmente. No hay una cifra oficial única, pero
estudios de entidades como la Universidad de Harvard y Families USA estiman que entre 26.000
y 45.000 personas fallecen cada año en Estados Unidos debido a la falta de cobertura médica o
de una atención adecuada.


Los que viven sin seguro médico tienen un riesgo de mortalidad mucho mayor –un 40 por ciento
más– que las personas con seguro.


La mayoría ya lo reconoce: la atención médica en Estados Unidos es muy costosa –y muy
complicada– debido a la ausencia de un sistema universal y a una compleja red de seguros
privados y públicos que convierten la salud en un negocio altamente fragmentado y
excesivamente caro.


Estados Unidos es el único país desarrollado que no ofrece la sanidad como un derecho básico
garantizado para todos sus ciudadanos. El 66 por ciento de la población depende de seguros de
salud privados (casi siempre vinculados al empleo) y un 36 por ciento de seguros públicos (como
Medicare, Medicaid o los subsidios de la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio).

Cada una de las numerosas aseguradoras privadas tiene sus propias reglas, redes de médicos
aprobados, y listas de medicamentos distintas. Los pacientes deben navegar por complejos
procesos de autorizaciones previas, deducibles altos y copagos. En muchos casos, las medicinas
recetadas por un médico no son aprobadas por el seguro.


En otros países, el Estado negocia precios fijos y uniformes con los proveedores. Pero en Estados
Unidos, los hospitales y las empresas farmacéuticas imponen tarifas muy elevadas. Para
protegerse contra demandas por negligencia médica, o simplemente para maximizar sus ingresos,
suelen ordenar un exceso de pruebas diagnósticas y de tratamientos.


El impacto financiero para los pacientes puede ser devastador. Los altos gastos que los seguros
no cubren causan que millones de personas acumulen deudas impagables por tratamientos o
estancias en el hospital, o eviten acudir al médico por temor a la ruina financiera.


Las elecciones al Congreso este noviembre determinarán si la gente prefiere dejar en el poder
legislativo a políticos que favorecen el sistema de medicina privada tal como está, con todas sus
limitaciones, sus inequidades y sus peligros. O si exigirán una receta nueva que prescriba para
Estados Unidos –por fin– un sistema sanitario estatal, que abarque a todas las personas y que
garantice el cuidado de la salud como un derecho básico para todos. [FIRMAS PRESS]


Andrés Hernández Alende es un escritor y periodista radicado en Miami. Sus novelas más
recientes son El ocaso y La espada macedonia, publicadas por Mundiediciones. También ha
publicado el ensayo Biden y el legado de Trump con Mundiediciones y el ensayo Una plaga del siglo XXI, sobre la pandemia del COVID-19.

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