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Todos podemos resurgir

Espero que hayas vivido una buena Semana Santa, combinando descanso, convivencia familiar y reflexión sobre ese milagro cotidiano que nos permite levantarnos una y otra vez ante lo grande y lo pequeño que la vida nos presenta.

Hay momentos en la vida en que todo parece perdido… y, sin embargo, no lo está. Momentos en los que un accidente, una enfermedad, una crisis empresarial o un conflicto familiar nos sacan del camino y nos obligan a detenernos. Son situaciones que os golpean, nos cuestionan y, muchas veces, nos hacen pensar que no hay salida.Y sin embargo, la experiencia demuestra que sí la hay: el resurgimiento.

Asumiendo, y quizá en una comparación temeraria, podemos relacionar la Resurrección de Jesucristo, con el resurgir humano que ocurre después de una caída profunda. Pensemos en alguien que sufre un accidente grave, ya sea por descuido propio o ajeno, y que queda incapacitada durante un tiempo. O en quien enfrenta una enfermedad que lo acerca peligrosamente a la muerte. También en una empresa que atraviesa una crisis severa, donde los accionistas ven en riesgo sus ahorros. O en una familia que, por conflictos internos, comienza a cuestionar sus interrelaciones.

En todos estos casos existe un elemento común: la posibilidad real de salir adelante.

En el ámbito de la salud, contamos con protocolos médicos y especialistas que, con precisión y compromiso, realizan intervenciones complejas, incluso operaciones en el cerebro con el paciente despierto, para devolver la vida y la funcionalidad. En enfermedades como el alcoholismo, existen terapias  efectivas, como los Alcohólicos Anónimos, que han demostrado que el cambio es posible cuando hay decisión y acompañamiento.

En el mundo empresarial también se han desarrollado sistemas que permiten diagnosticar, ordenar y replantear las organizaciones. Métodos que ayudan a corregir el rumbo, eliminar desperdicios y recuperar la competitividad perdida. Aquí no hay milagros: hay método, disciplina y constancia.

Sin embargo, donde el proceso se vuelve más complejo es en la empresa familiar. Allí no solo están en juego variables técnicas y económicas, sino también vínculos afectivos, historias compartidas y relaciones construidas a lo largo del tiempo desde el fundador hasta las nuevas generaciones.

Cuando una persona revive después de un coma o supera una enfermedad grave como el cáncer, hablamos de una nueva oportunidad. De igual manera, cuando una empresa logra salir de una crisis de ventas, ingresos o utilidades, también está resurgiendo. En estos casos, herramientas como los sistemas de mejora continua pueden ser decisivas.

Pero en la empresa familiar, el punto de partida es otro: revitalizar la vida interactiva. Es decir, mejorar la calidad de las interacciones entre sus miembros. Porque muchas veces el problema no está en la estrategia, sino en la forma en que se relacionan quienes deben ejecutarla. Sin orden en las relaciones, no hay resultados sostenibles.

Para el mundo cristiano, la resurrección es un hecho único, un milagro que trasciende el tiempo. Para el resto de los casos, hablamos de “resurgimiento. Y ambos comparten un punto de partida esencial: la fe en que es posible.

La gran diferencia es clara: la resurrección fue un acto divino y espontáneo. En cambio, el resurgimiento humano y empresarial requiere trabajo, disciplina y constancia. No ocurre de un día para otro, pero comienza con una decisión.

Si tú ya has resurgido, te felicito. Si estás en medio de una crisis, te deseo un excelente proceso de resurgimiento. Y si se trata de una empresa familiar, recuerda que el primer paso es revitalizar la vida interactiva.

Espero que hayas vivido una buena Semana Santa, combinando descanso, convivencia familiar y reflexión sobre ese milagro cotidiano que nos permite levantarnos una y otra vez ante lo grande y lo pequeño que la vida nos presenta.

Sin casi darnos cuenta, han pasado ya los primeros meses de 2026. Te deseo éxitos en lo que resta del año. Sigamos creyendo que, así como existe la resurrección, también es posible provocar nuestros propios resurgimientos.

Porque, al final, no es lo que nos sucede… sino lo que hacemos con ello.


Ingeniero

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