La Semana Santa es la conmemoración cristiana anual de la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, considerada el tiempo litúrgico más importante del año
La Semana Santa es la conmemoración cristiana anual de la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, considerada el tiempo litúrgico más importante del año
En esta ocasión deseo generar conciencia sobre el verdadero significado de la Semana Santa, ya que gracias al amor que Dios Padre nos tiene —al punto de enviar a su Hijo Jesucristo al mundo para dar la vida por nosotros en la cruz— hoy tenemos la mal llamada “vacación de verano”, en lugar de acompañarlo en su pasión, muerte y resurrección.
Además, quiero dar ejemplos de cómo podemos comenzar a aplicar en nuestras vidas, durante y después de Semana Santa, las cinco piedras dadas por nuestra Madre María Reina de la Paz, explicadas en el artículo anterior: ayuno, oración, eucaristía, confesión y lectura de la Palabra de Dios.
La Semana Santa es la conmemoración cristiana anual de la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, considerada el tiempo litúrgico más importante del año. Comienza con el Domingo de Ramos (29 de marzo de 2026), continúa con el Triduo Pascual —la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo— (del 2 al 4 de abril de 2026) y finaliza con el Domingo de Resurrección (5 de abril de 2026), celebrando el triunfo de la vida de Jesús sobre la muerte.
Pero ¿cómo podemos vivir en Semana Santa las cinco piedras dadas por nuestra Madre María Reina de la Paz para mejorar nuestra vida y vencer a Satanás?
Ayuno
Además del que establece la Iglesia católica con la abstinencia el Viernes Santo, o el que nos sugiere nuestra Madre María Reina de la Paz en Medjugorje —ayunar a pan y agua los miércoles y viernes—, podemos ofrecer a Dios pequeñas cosas que nos gusten: no ir a un viaje de placer para acompañar a Jesús en Semana Santa, no beber licor o sodas en los días santos, dejar un vicio o placer, entregarnos a los demás y otras acciones que agradan a Dios.
Eucaristía
La Semana Santa es un momento maravilloso para comenzar a vivir la eucaristía y la adoración con todo el amor: sin criticar a los demás que están en la iglesia, guardando el ayuno eucarístico antes de recibir a Jesús en la comunión y permaneciendo en gracia de Dios; evitando salir antes de terminar la misa o antes de la bendición del sacerdote; y participando en la celebración del Jueves Santo para agradecer el regalo de la eucaristía. Ese día conmemoramos la Última Cena del Señor Jesucristo, con la cual instituye la eucaristía para poder estar con nosotros siempre. Además, podemos seguir orando con Jesús aun después de la misa, porque al comulgar en gracia Él permanece en nuestra alma y cuerpo.
Cabe recordar que el Jueves Santo podemos peregrinar para visitar los monumentos en las parroquias y seguir acompañando a Jesús tras la procesión con el Santísimo hacia el monumento donde queda reservado hasta la Vigilia Pascual. El Viernes Santo no hay eucaristía ni consagración del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, porque se conmemora su muerte; por ello se distribuye la comunión reservada del día anterior después de la adoración de la cruz.
Oración
En las “vacaciones” de Semana Santa podemos aumentar nuestra comunicación con Dios y con nuestra Madre María por medio de la oración. Por ejemplo, rezar el rosario más despacio para meditar la vida completa de Jesucristo. Algo que, en lo personal, trato de hacer en esa semana es orar el Santo Vía Crucis y meditar las 24 horas de la pasión de Jesús, recordando durante el día que Dios está presente entre nosotros.
Confesión
Es un tiempo de gracia para acercarnos a las parroquias, hacer un examen de conciencia y, por medio del sacramento de la reconciliación, limpiar nuestra alma de todo lo malo que hemos hecho para poder estar en gracia de Dios.
Lectura de la Palabra de Dios
Hoy que la mayoría no trabaja en Semana Santa, podemos hacer el esfuerzo de dedicar un momento del día a meditar la Sagrada Escritura, el Magisterio de la Iglesia Católica, el Catecismo y otros documentos para conocer mejor a Dios y a nuestra Iglesia.
En conclusión, no estoy diciendo que no salgamos a disfrutar en familia o con amigos durante las vacaciones de Semana Santa; es una invitación a no dejar solo y abandonado a Jesús en su pasión, muerte y resurrección.
Licenciado en Turismo.
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