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Reencuentros

Al final, las empresas, los proyectos y los cargos pasan, pero las relaciones humanas sinceras permanecen. Quizá ese sea uno de los mayores legados de una vida profesional vivida con respeto y cercanía: que cuarenta años después todavía exista el deseo genuino de volver a encontrarse y compartir con alegría.

Desde que planifiqué la visita a los dos países donde estudié, trabajé, creé empresas y formé una familia —Alemania y España— sentí que este viaje tendría un significado especial. No era solamente un recorrido físico por lugares importantes de mi vida, sino también un viaje hacia los recuerdos, las emociones y las personas que marcaron distintas etapas de mi existencia.


En Alemania, como sucede cada vez que regreso, visité nuevamente la casa que me albergó durante cinco años y también mi querida Escuela Superior de Ingenieros. Caminé lentamente por los pasillos, recorrí los distintos pisos y entré una vez más en las aulas que fueron escenario de sueños, esfuerzos y aprendizajes. Me detuve especialmente en el aula de física, con sus grandes ventanas desde donde todavía se observan los viñedos, el monumento de La Germania y el imponente río Rin. En silencio comprendí que hay lugares que nunca abandonan realmente nuestra vida, porque siguen habitando dentro de nosotros.

Ya en Valencia, después de tres días de recorridos y recuerdos, llegó el momento de dirigirme hacia la terraza donde tendría lugar un reencuentro largamente esperado con antiguos colaboradores de mi empresa. Inicié el trayecto desde la Plaza del Ayuntamiento hasta la histórica Lonja de la Seda. Durante la visita volví a admirar aquellas impresionantes columnas de piedra en forma de palmeras y los preciosos techos de madera que parecen hablar del esfuerzo, la creatividad y la grandeza humana de otros tiempos.

Pero lo más importante de aquella tarde todavía estaba por comenzar.

El reencuentro con mis antiguos colaboradores en Valencia fue profundamente emotivo. Nos reunimos once personas que compartimos una etapa intensa de trabajo, ilusiones, aprendizajes y crecimiento profesional hace casi cuarenta años. Lo más hermoso fue comprobar que mis antiguos consultores y colaboradores están hoy jubilados, tranquilos y, sobre todo, con buena salud. A nuestra edad, eso se convierte en una verdadera bendición y quizá en uno de los mayores éxitos de la vida.

Había una emoción muy especial porque, en realidad, fueron dos reencuentros al mismo tiempo: uno conmigo y otro entre ellos mismos. Muchos no se habían vuelto a ver durante décadas. Sin embargo, bastaron apenas unos minutos para que reaparecieran las sonrisas, las bromas, las anécdotas y aquella confianza construida durante tantos años de trabajo conjunto. Era como si el tiempo hubiera pasado sin borrar el afecto ni los recuerdos compartidos.

Ver nuevamente a mis tres secretarias, que entonces eran muchachas de unos veinte años y hoy son mujeres maduras, fue particularmente impactante y emotivo. En sus rostros todavía permanecían la alegría, la cercanía y la sencillez de aquellos años. Y en todos nosotros se percibía una sensación profundamente humana: la gratitud de haber coincidido en una etapa importante de nuestras vidas.

Compartimos cervezas, vinos y un excelente arroz valenciano, pero lo más valioso no fue la comida, sino las historias que cada uno fue relatando. Fueron tres horas llenas de recuerdos, emociones, risas y reflexiones sobre el paso del tiempo. Cada historia hablaba de familias, hijos, nietos, jubilación, salud, dificultades superadas y nuevas maneras de vivir con más calma y más sentido común.

Mientras los observaba, pensé que, al final, las empresas, los proyectos y los cargos pasan, pero las relaciones humanas sinceras permanecen. Quizá ese sea uno de los mayores legados de una vida profesional vivida con respeto y cercanía: que cuarenta años después todavía exista el deseo genuino de volver a encontrarse y compartir con alegría.

Fue una tarde de nostalgia serena, amistad y agradecimiento por seguir vivos, lúcidos y capaces de abrazarnos nuevamente después de tantos años. Una verdadera celebración de la vida y del valor de las relaciones humanas.

Si usted todavía puede organizar un reencuentro con personas que le apreciaron y a quienes usted aprecia, hágalo cuanto antes. Será una experiencia profundamente humana y difícil de olvidar.

Ingeniero
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