De acuerdo con Reuters, el pasado 25 de mayo el papa León XIV instó a los gobiernos a regular cuidadosamente el desarrollo de la inteligencia artificial. Advirtió que, sin límites éticos, esta tecnología podría amenazar el trabajo humano, la dignidad de las personas, la democracia e incluso la seguridad internacional.
El analista geopolítico Esteban Román retomó esta advertencia en su programa digital Rompe Silencios bajo un provocador título: Nadie frena la IA. Su tesis es sencilla: a lo largo de la historia, las sociedades que intentaron detener o restringir grandes transformaciones tecnológicas terminaron pagando un precio muy alto.
Nos relata un hecho ocurrido en 1483 del que tradicionalmente se sostiene que el sultán Bayezid II, gobernante del Imperio Turco (o Gran Turco) emitió un firman (decreto real)para restringir la impresión de textos en caracteres árabes so pena de muerte. Aun los historiadores debaten sobre el contenido real de dicho decreto. Este edicto fue confirmado por su hijo Selim I en 1515.
Revisando documentación por mi cuenta, se cree que los motivos de esta prohibición fueron: uno, proteger los intereses del gran gremio de escribas y calígrafos que había en esa época; dos, que la producción en masa de textos sagrados como el Corán se pudiera corromper, por lo que lo mejor seguía siendo la transmisión oral; tres, que debía conservarse la estética de la caligrafía área con sus letras ligadas y complejas que eran muy difíciles de adaptar en los tipos móviles metálicos de Gutenberg. Entonces, cuando Europa estaba entrando en la era de reproducir un libro miles de veces, gran parte del mundo otomano seguía dependiendo de manuscritos copiados a mano. Muchos historiadores consideran que eso contribuyó al colapso, aunque no fue la única causa.
Nos relata Román que la consecuencia de esta prohibición fue el colapso del Imperio Otomano. Algunos historiadores consideran que estas restricciones contribuyeron al rezago tecnológico del imperio, aunque estuvieron lejos de ser la única causa de su declive.
A diferencia de este, Europa si usó la imprenta como un mecanismo para alfabetizar, educar e impulsar la revolución científica y acelerar el desarrollo tecnológicoentre sus pobladores. Cuando el Imperio Otomano se dio cuenta de su error y quiso corregir, doscientos cincuenta años después, ya era demasiado tarde. La brecha de conocimiento científico, militar y económico entre Europa y los otomanos era abismal, y el Imperio Otomano cayó.
A principios del siglo XV China poseía la flota naval más avanzada del planeta. El almirante Zheng He lideraba expediciones con barcos que triplicaban el tamaño de las carabelas europeas. Pero tras la muerte del emperador Yongle la nueva corte, influenciada por el confucianismo detuvo la exploración marítima y la construcción de esos barcos. Les preocupaba que el contacto con el exterior corrompiera los valores tradicionales chinos. El resultado: Europa desarrollo esa tecnología y décadas después, barcos de guerra británicos destrozaron las obsoletas defensas chinas.
Otro punto en la historia que Román toca en su alocución trata del siglo XV y como China, en ese momento, tenía la flota más avanzada del mundo. Esta lograda por la dinastía Ming durante el reinado del emperador Yongle, que era dirigida por Zheng He. Siete expediciones se habían logrado con ella por: el Sudeste Asiático, la India, el Golfo Pérsico, Arabia y la costa oriental de África. Se les llamaba “barcos tesoro” pues eran gigantescos para la época, más grandes que las carabelas de Colón.
Pero los confucianos detuvieron la exploración en gran medida después de la muerte de Yongle en 1424, lo que coincidió con: las amenazas de los mongoles en la frontera norte aumentaron, el costo del mantenimiento de las expediciones era muy alto, los confucianos pensaban que la esencia del imperio estaba en la agricultura y la administración interna. Aunque también esta corriente espiritual tenía miedo de que los pensamientos extranjeros corrompieran a los chinos. Así es que emitieron las haijin(prohibiciones marítimas) donde limitaron la construcción de grandes barcos, el comercio privado con el exterior y la navegación de larga distancia. Esto redujo significativamente la actividad marítima china.
Así es que mientras China se replegaba, Henry el Navegante impulsaba la exploración portuguesa. Portugal rodeó África. España llegó a América. Se desarrolló la navegación oceánica europea. Surgieron imperios coloniales. Entre 1450 y 1800 Europa llegó a dominar los océanos.
Otro hecho rememorado fue como Japón que convirtió en quizás el mayor productor de armas de fuego del planeta. En 1543, cuando los portugueses llegaron a tierra japonesa llevaban el arcabuz europeo. Los japoneses copiaron y además mejoraron el arma y la fabricaron masivamente. Se estima que cerca del final del s. XVI había más armas de fuego en ese país que en muchos de Europa juntos.
El señor de la guerra Oda Nobunaga las utilizó extensamente. Implementó la táctica de fuego rotativo con miles de arcabuceros en la conocida Batalla de Nagashino, que es considerada táctica muy avanzada para esa época.
En 1588 el gobernante de facto de casi todo Japón, Toyotomi Hideyoshi, ya había implementado la política conocida como “cacería de espadas” para desarmar campesinos. La meta era preservar la estructura social tal como estaba.
Cuando el poderoso señor feudal Tokugawa Ieyasu ganó la Batalla de Sekigahara en 1600 consolidó su poder, unificó Japón y regularon la posesión de armas. El país entróen un periodo de más de dos siglos de relativa paz. En 1603 el emperador Go-Yozeile otorgó el título de shogun a Tokugawa Ieyasu. Entonces Ieyasu fundó el Tokugawa Shogunate que gobernó Japón durante más de 250 años, donde la paz se acompañó de una menor producción de armas de fuego. Una no podía estar sin la otra. Las armas solo se usaron para vigilancia costera y defensa.
Japón fue selectiva y controladamente aislada bajo la política de sakoku (país cerrado), porque aunque seguía comerciando con otros países, se prohibió que los japoneses viajaran al extranjero, construir grandes barcos, se prohibió el cristianismo y la presencia de misioneros cristianos y se restringió el comercio con europeos.
¿Cuál fue el resultado? Japón se quedó atrás militarmente. Japón avanzó más lentamente mientras Europa vivía la revolución científica, desarrollaba metalurgia moderna, aparecían armas de percusión y cañones más potentes, llegó la máquina de vapor y surgió la Revolución Industrial.
Cuando los occidentales regresaron en el siglo XIX, la diferencia tecnológica era enorme. Para el s. XIX la diferencia entre Japón y Europa era enorme.
No obstante, los tres ejemplos suelen ser objeto de debate entre historiadores. Ni el Imperio Otomano cayó únicamente por restringir la imprenta, ni China perdió las Guerras del Opio exclusivamente por abandonar sus expediciones navales, ni Japón se rezagó militarmente solo por limitar el acceso a las armas. La historia suele ser más compleja que las lecciones simplificadas que encontramos en las redes sociales.
La historia parece mostrar que las sociedades que cierran los ojos ante las nuevas tecnologías terminan pagando un costo elevado. Pero también enseña que las innovaciones más poderosas pueden generar daños imprevistos cuando avanzan sin límites ni supervisión. Quizá la verdadera pregunta no sea si la inteligencia artificial debe detenerse, sino ¿cómo aprovechar sus beneficios sin permitir que su desarrollogenere daños y termine escapando al control humano?
Los ejemplos históricos que se han presentado nos recuerdan que las grandes decisiones colectivas casi nunca vienen sin costos. Otra pregunta difícil es ¿cuáles costos una sociedad está dispuesta a aceptar para alcanzar determinados objetivos y cómo puede reducirlos lo más posible? ¡Hasta la próxima!
Médica, Nutrióloga y Abogada
mirellawollants2014@gmail.com