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Nuestros agricultores y la muralla verde

Nuestra desertificación se debe a no haber tomado a tiempo medidas sencillas, lógicas y, en ese entonces, baratas. Por consiguiente, con un gremio decidido a recuperar la tierra para poder alimentarse, vivir, mantener a la familia y progresar de ella, puede lograrse una “muralla verde” que regenere nuestra tierra

Es tristísima la situación de tantos agricultores, desesperados ante la pérdida de sus cultivos. Y preocupa el estado deplorable de las tierras en que están cultivando.

La situación paupérrima de infinidad de familias no les permite cuidar adecuadamente sus tierras, como antiguamente se hacía, a imitación del consejo bíblico: el “año sabático”, en el que cada cierto tiempo no se explota determinada parcela, solamente se cuida y alimenta, explotando el resto de la tierra hasta que le llega su propio año sabático. Esta práctica milenaria, que sigue dando buenos resultados, es imposible de practicar para la mayoría de nuestros agricultores.


Es, pues, indispensable, buscar medidas que resuelvan el problema, no momentáneamente, sino definitivamente. El primer paso sería formar un gremio de agricultores unidos, decididos a trabajar duro y con valentía, para lograr los apoyos requeridos. Porque necesitarán fondos, asesorías y, principalmente, liderazgos honestos y comprometidos a lograr sus objetivos, poniendo el bien común como su única misión.

Un ejemplo, tanto en sus logros como en sus fracasos, puede ser “la gran muralla verde”, con la que África pretende detener la desertificación de sus países, para después recuperar tierras cultivables, a fin de garantizar la seguridad alimentaria de miles de familias. Como se sabe, esta muralla consiste en una pared natural de 8,000 kilómetros para detener la desertificación, restaurar tierras y transformar vidas. Pero las dificultades para su financiación y gestión, así como el clima, la han puesto en peligro de fracaso total.

En 2007, once países se comprometieron con esta épica misión. Ésta quedó sellada en 2021, cuando en la Cumbre de París, la Unión Europea, el Banco Mundial y la Unión Africana prometieron 14 millones de dólares para acelerar los trabajos. A pesar de ello, apenas se ha logrado un 18% de cumplimiento de las metas establecidas. El desierto sigue avanzando peligrosamente, y las familias no han obtenido los trabajos que se habían programado, para hacer de ellas autosostenibles. ¿Razones? Dificultades en la financiación (no llega como se prometió), gestión (falta de asesoría necesaria, corrupción) y participación (las personas que deberían ser beneficiadas no se involucran como deberían).

En vista de esos fracasos, ¿por qué me atrevo a traerlo como un ejemplo?

Porque está a la vista los errores que deben evitarse, y no estamos al lado del Sahara. Nuestra desertificación se debe a no haber tomado a tiempo medidas sencillas, lógicas y, en ese entonces, baratas. Por consiguiente, con un gremio decidido a recuperar la tierra para poder alimentarse, vivir, mantener a la familia y progresar de ella, puede lograrse una “muralla verde” que regenere nuestra tierra.

Un gremio unido puede mostrar a los cooperantes internacionales que pueden hacerlo, SIN EL GOBIERNO, como empresarios privados, desde el genuino interés propio, que no admitirá corrupción sino que dedicará todo recurso a la renovación de las tierras, con un plan que no afecte el corto plazo pero que obtenga inmenso beneficio al mediano y largo plazo.

No es posible progresar con las limosnas gubernamentales. Los agricultores deben actuar por sí mismos. Soy testigo de los milagros que obra la libre empresa, en la cual sigo creyendo firmemente, a pesar de su decadencia de los últimos tiempos. Recuperar la libertad de empresa, su dignidad, es tan urgente como recuperar la fertilidad de nuestra tierra. De ambas depende el futuro de nuestro país.

Empresaria.

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