La miseria de cualquier clase que sea no es la causa de la inmoralidad, sino su efecto
Thomas Carlyle
La miseria de cualquier clase que sea no es la causa de la inmoralidad, sino su efecto
Thomas Carlyle
En la realidad del subdesarrollo de los países del Sur hay factores endógenos como una organización económica y social que genera exclusión, marginación, corrupción, violencia y emigración; y factores exógenos como el sistema internacional de intercambio -que afecta los términos de intercambio entre países del Norte y del Sur, el sistema financiero internacional que, en sus zonas opacas, permite, inter alia, a individuos y empresas, trasladar recursos del Sur global a los países del Norte o a jurisdicciones conocidas como offshore, y el submundo del crimen organizado.
En términos literales, la palabra offshore quiere decir fuera de la costa, es decir, fuera de las fronteras de un país; a estos lugares también se le conoce como paraísos fiscales. De acuerdo con la organización Gobal Financial Transparency, se trata de jurisdicciones que prestan sus “servicios financieros a no residentes a una escala desproporcionada al tamaño y la financiación de su economía nacional”, con una “prevalencia relativa de la actividad financiera de no residentes en una economía, no [en] una ubicación física”, y se “distinguen por la debilidad de los controles regulatorios y de supervisión, servicios financieros atractivos para corporaciones y particulares que buscan evadir impuestos, y un alto grado de secreto bancario y banca paralela”. Además, “debido a que las operaciones financieras de estas jurisdicciones no están sujetas a requisitos sólidos de propiedad efectiva, los procesos de evasión fiscal y lavado de dinero son desenfrenados…desviando miles de millones de dólares de las bases impositivas nacionales e impulsando a las empresas criminales globales”.
Las jurisdicciones offshore se multiplican rápidamente y constituyen un “agujero negro”, de acuerdo con James S. Henry en su artículo The Price of Offshore Revisited: New Estimates for Missing Global Private Wealth, Income, Inequality, and Lost Taxes (El precio de los paraísos fiscales revisado: Nuevas estimaciones sobre la riqueza privada global faltante, los ingresos, la desigualdad y los impuestos perdidos). Se trata de una economía sumergida (shadow economy), definida como una economía que incluye toda producción legal de bienes y servicios basada en el mercado que se oculta deliberadamente a las autoridades públicas para evitar: (1) el pago de impuestos sobre la renta, el valor añadido u otros impuestos; (2) el pago de cotizaciones a la seguridad social; (3) el cumplimiento de ciertas normas legales del mercado laboral, como el salario mínimo, la jornada laboral máxima, las normas de seguridad, etc.; y (4) el cumplimiento de ciertos procedimientos administrativos como cuestionarios estadísticos y otros formularios.
Así las cosas, de acuerdo con la organización Tax Justice Network (Red de Justicia Fiscal), entre 21 y 32 billones (trillion) de dólares están ocultos en el extranjero, en más de 80 jurisdicciones offshore en un momento en que los gobiernos de todo el mundo carecen de recursos, y en que hay más conciencia que nunca del coste económico de la desigualdad.
Esta cantidad estimada de dinero en paraísos fiscales se puede apreciar mejor cuando se compara con el producto interno bruto (PIB) de las cuatro economías más grandes. De acuerdo con el Banco Mundial, en 2024, la economía de los Estados Unidos era de 29 billones de dólares; la de China de 19 billones; la de Alemania de 4.7 billones y la de Japón de 4.0 billones. Otra manera de verla es sumando el PIB de todos los países de América Latina y el Caribe, incluyendo Brasil y México, que tienen las economías más grandes: 7.1 billones de dólares en 2024, de acuerdo con el Banco Mundial. Esta cantidad es bastante inferior a la estimación más baja del dinero en paraísos fiscales: 21 billones de dólares.
En relación con los dineros ilícitos que salen de los países del Sur, en su prólogo al estudio de Jeremy Hakem Transnational Crime in the Developing World, (Crimen transnacional en el mundo en desarrollo), Raymond W. Baker afirma que se generan de tres formas: (1) por sobornos y robos por parte de funcionarios gubernamentales; (2) por actividades delictivas; y (3) por evasión fiscal comercial. De estas tres, el componente delictivo es el más difícil de estimar.
En el artículo How Much Wealth Is Stashed Away in Tax Havens? (¿Cuánta riqueza está escondida en paraísos fiscales?), Jay Fitzgerald afirma que hay diferencias importantes entre países en relación con la riqueza de sus ciudadanos que se encuentra en paraísos fiscales. En el caso de los países escandinavos solo un pequeño porcentaje de su PIB está en paraísos fiscales, aunque la cifra sube a alrededor del 15% cuando se considera toda la Europa Continental, pero en el caso de algunos países de América Latina y del Golfo Pérsico asciende a casi el 60%.
En todo caso, La Red de Justicia Fiscal considera que, si esos 21 a 32 billones de dólares no declarados generaran una modesta tasa de rendimiento de tan solo 3% y esos ingresos se gravaran a un tipo impositivo de 30%, se generarían ingresos por impuesto sobre la renta de entre 190,000 y 280,000 millones de dólares, y añade que, sin duda, con los impuestos sobre sucesiones, ganancias de capital y otros impuestos aumentaría el recaudo.
En todo caso, resulta interesante comparar esas cantidades con la cifra total de ayuda al desarrollo que proporcionaron los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en 2024: 212,000 millones de dólares, de acuerdo con el informe que esa organización publicó en abril de 2025.
Para la Red de Justicia Fiscal, si bien los datos tradicionales muestran que 139 países de ingresos bajos y medios tenían una deuda agregada de 4,1 billones de dólares a finales de 2010, si se tomaban en cuenta sus reservas de divisas y su patrimonio privado no registrado en paraísos fiscales, la situación se invertía y tendrían un superávit agregado de entre 10,1 y 13,1 billones de dólares. En otras palabras, estos países podrían ser grandes acreedores netos y no deudores, pero esta es una de las realidades del mundo que no les permite levantar cabeza y avanzar verdaderamente hacia el desarrollo económico y social.
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