El gobierno de la Primera Ministra de Italia, Giorgia Meloni, expulsó del país a un clérigo islámico que había dicho que no había problema en casarse con niñas de nueve años, una práctica bastante común en países musulmanes donde niñas de doce o trece años son entregadas a hombres mayores.
El hombre fue enviado a Pakistán por representar «un peligro social».
Según se informó, en el programa Fuori dal coro, en Brescia, en el norte de Italia, un periodista preguntó sobre la edad a la que una joven se considera adulta según el Corán. El imán respondió que la adultez está ligada al ciclo menstrual y, por tanto, «una niña de 9 años podría considerarse adulta». El sujeto intentó defender el punto a lo largo de la audición.
Más tardó en responder y exponer sus pobres argumentos que en que el comisario Paolo Sartori mandara a escoltarlo al aeropuerto de Malpensa, en Milán, donde lo esperaba un vuelo directo a Islamabad, según informó el diario La Repubblica.
Se dio un caso en en Afganistán en que una mujer que estaba pasando problemas para alimentarse ella y su familia vendió una hija de doce o trece años a un hombre de cuarenta, una culpa que golpea cada día a esa familia.
Meloni mantiene una política muy firme respecto no solo a la mujer, sino también a los sectores más indefensos en toda sociedad, como son los niños, los minusválidos y las personas mayores.
Hace años se dio un repugnante caso en nuestro país: por disputas de herencia, un individuo metió en la cárcel a su hermana, evidenciando la clase de “educación” que sus padres habían dado a sus hijos. Por ello se dice que los hermanos se miden cuando toca repartir una herencia, los amigos cuando se sufre una calamidad y los cónyuges al llegar a la vejez, más cuando uno de ellos, o ambos, caen en Alzheimer.
Un muy querido amigo nuestro, español, se ocupa de su esposa, que “ha perdido la cabeza”, y a quien visita con gran frecuencia pese a que ella no lo reconoce; no sabe quién es, fuera de ser una agradable persona. En cada ocasión es “otro” quien llega.
La pederastía y el abandono de una mujer por el individuo que la seduce, la embaraza y luego la abandona —una repugnante práctica en nuestro país y, por lo general, en otras tierras— solo se erradican cuando las autoridades obligan al sinvergüenza a pasar una mensualidad a la madre y al niño para sostenerlos.
La violencia dentro de los hogares, de hombres hacia sus mujeres, como también se da el caso de mujeres que maltratan a sus maridos (el “Gutierritos” de una famosa serie televisiva de hace años), es más que reprochable. Muchos de nosotros hemos conocido casos en que el marido apalea a la mujer, en ocasiones a la inversa, y ambos viven un miniinfierno.
Los talibanes en Afganistán persiguen a hombres y mujeres por igual
El caso más extremo es el de los Talibanes en Afganistán, aferrados a una religión medieval que les lleva a maltratar en grado extremo a la mujer, que no puede salir de casa sin ser acompañada por un miembro masculino de su familia. Están forzadas a portar burkas que las cubren de pies a cabeza, con una rendija en un solo ojo para ver, y a quienes se les niega educación después de los doce años o inclusive antes.
Malala Yousafzai luchó contra semejante estado de cosas; le dispararon, pero por milagro sobrevivió denunciando al mundo el horror de esas sociedades y es la más joven recipiente del Premio Nobel de la Paz.
Los talibanes, en su demencia, han prohibido la música no “musulmana”, decretado cómo los hombres deben vestir y el largo de sus barbas, intentando revivir una sociedad de hace más de mil años que nunca realmente tuvo sentido…