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La cooperación técnica de El Salvador ante problemas climáticos

La sequía prolongada que está afectando a la región, así como los efectos de los fenómenos de El Niño y del llamado súper Niño, han impactado peligrosamente al corredor seco y a los reservorios de agua de Honduras

Centroamérica, así como buena parte del continente y del mundo, está viviendo experiencias extremas derivadas del cambio climático. A pesar de ello, durante las últimas semanas, Honduras y El Salvador han querido revivir el tema limítrofe y el derecho de navegación y soberanía en el golfo de Fonseca, a raíz de la disputa por la isla Conejo. Existen aspectos políticos que rayan en la ridiculez en pleno siglo XXI.

Lo cierto es que ambos países deberían estar unidos y sumar esfuerzos ante la crisis hídrica que Honduras podría enfrentar próximamente: falta de agua potable y desabastecimiento.


Honduras es un país vasto y cuenta con una gran cantidad de recursos naturales que El Salvador no posee. Sin embargo, muchos de estos recursos han sido deficientemente administrados, no se les ha dado la prioridad necesaria y han faltado políticas enfocadas en su protección, preservación y contingencia.

La sequía prolongada que está afectando a la región, así como los efectos de los fenómenos de El Niño y del llamado súper Niño, han impactado peligrosamente al corredor seco y a los reservorios de agua de Honduras. Por ejemplo, las principales fuentes de abastecimiento de agua de Tegucigalpa, las represas La Concepción y Los Laureles, podrían afectar a un estimado de entre 1,3 y 1,5 millones de personas. Sin duda, se trataría de una crisis hídrica de grandes proporciones que pondría en riesgo a la población y que, de no existir una preparación adecuada, podría hacer tambalear al gobierno de Asfura.

¿Qué es lo primero que debería hacer un verdadero líder ante esta situación? Declarar la emergencia hídrica y establecer un Centro de Coordinación Nacional.

Es importante recalcar que, ante experiencias recientes, el adormecimiento de las autoridades genera un gran malestar en la población o, mejor dicho, un profundo rechazo por el mal manejo de las crisis por parte de los gobiernos de turno.

Entre las acciones prioritarias ante una emergencia de esta naturaleza debe estar la priorización del suministro de agua para hospitales, centros de salud, cuerpos de socorro y albergues. También debe establecerse una distribución masiva mediante camiones cisterna, especialmente en las zonas vulnerables, y garantizarse rutas permanentes de suministro de agua.

Limitar el uso del agua a las necesidades esenciales de consumo humano y aseo; prohibir y sancionar con multas su utilización innecesaria en actividades como car wash, riego de jardines o limpieza de aceras —como algunos inconscientes lo hacen en El Salvador—; e instalar tanques y reservorios provisionales de emergencia serían medidas efectivas.

La ausencia de agua trae consigo brotes de enfermedades y epidemias, como el dengue y el cólera. También podría obligar a tomar decisiones extremas, como el cierre parcial de hospitales, escuelas y colegios; la interrupción de determinadas actividades económicas; el desplazamiento de la población e, incluso, provocar estallidos sociales ante la limitada capacidad del Gobierno para satisfacer las necesidades básicas de la población.

Los últimos gobiernos hondureños conocían el riesgo, pero, en términos de prioridades políticas, el tema fue relegado. Ante esta situación, la respuesta podría resultar insuficiente.

Tegucigalpa es una ciudad que crece aceleradamente y que, desafortunadamente, enfrenta una problemática similar a la de nuestro país: una elevada deforestación de las cuencas hidrográficas. Ante este crecimiento, las represas existentes han llegado a niveles críticos de capacidad.

Lo ideal sería construir nuevas represas y desarrollar proyectos ambiciosos de infraestructura que permitan responder al crecimiento acelerado de la ciudad y, por ende, a la creciente demanda de agua potable.

Una de las grandes problemáticas de esta ciudad es el desperdicio de agua. Se descuidan las fugas en las calles, existe un monitoreo insuficiente y, según estimaciones de la UMAPS, alrededor del 40 % del agua potable se pierde debido a fugas provocadas por tuberías obsoletas y conexiones irregulares.

El aporte técnico de El Salvador para enfrentar este problema en el vecino país puede ser importante. A pesar de que nuestro país también enfrenta sus propias dificultades hídricas, eso no debería impedir que podamos cooperar con Honduras en esta materia.

La contribución de El Salvador podría concentrarse en áreas como conocimiento, planificación, tecnología y capacitación, e incluso en el diseño de planes de racionamiento y distribución del agua. La experiencia técnica e institucional salvadoreña puede ser de gran utilidad.

Si Honduras llegara a enfrentar un colapso hídrico en los próximos días, podría activarse un protocolo de respuesta coordinada entre ambos países, bajo el marco del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) y con el apoyo de organismos internacionales.

La solidaridad y la cooperación deben estar por encima de las disputas y las diferencias. Somos pueblos hermanos.

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