Antes de que nos convirtamos en un Haití, se deberían cambiar varios mecanismos que eviten acelerar la deforestación, entre ellos, el enfoque de la tramitología
Antes de que nos convirtamos en un Haití, se deberían cambiar varios mecanismos que eviten acelerar la deforestación, entre ellos, el enfoque de la tramitología
Lo peor que le puede pasar a El Salvador es seguir perdiendo cobertura arbórea de manera acelerada, teniendo una extensión territorial en desventaja y opciones limitadas de jugadas en el ajedrez climático.
Cualquiera enciende una motosierra y tala un árbol en su casa, sin pedir permiso, pasando por encima de la autoridad, que no ejerce mayor control sobre esa mala acción. En artículos anteriores he fijado postura de que los árboles en la capital no son meramente ornamentales, sino bienes públicos, por lo que aportan ambientalmente. Por eso, es necesario que las autoridades entiendan que hay que proteger los remanentes de zonas verdes que aún quedan —que aún son vulnerables—, cuantificando lo que estas zonas verdes del país aportan en captura de carbono, certificándolas y creando un inventario de carbono metropolitano. El plan piloto podría iniciar con el Parque Infantil y el Parque Cuscatlán, que son auténticos pulmones verdes de San Salvador.
El Salvador perdió alrededor de 87,000 hectáreas de cobertura arbórea entre 2001 y 2025. Esto equivale aproximadamente al 9 % de toda la superficie forestal que el país registraba al inicio de este siglo (Global Forest Watch / GFW).
La tendencia se ha intensificado en los últimos años. Una porción alarmante de esas pérdidas —13,000 hectáreas— ocurrió en un corto período comprendido entre 2019 y 2025. El 96 % de la desaparición arbórea registrada recientemente afectó directamente a los bosques naturales, que son los ecosistemas más cruciales para la biodiversidad y la recarga hídrica (según una nota de este prestigioso medio de comunicación).
Siempre siguen siendo tres las causas del in crescendo de la deforestación:
Antes de que nos convirtamos en un Haití, se deberían cambiar varios mecanismos que eviten acelerar la deforestación, entre ellos, el enfoque de la tramitología. Que la tala no sea el último problema que se revisa dentro de un permiso, sino un filtro ambiental previo que determine si el proyecto puede avanzar.
Especialista en Huella de Carbono y Cambio Climático
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