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In Memoriam/Dr. José Gustavo Guerrero: Un legado

El legado no consiste en dejar algo para la gente, sino en dejar algo en la gente

Peter Strople

y V

Al analizar la trayectoria del Dr. José Gustavo Guerrero se puede afirmar, sin temor de caer en la hipérbole, que fue francamente admirable. Fue un diplomático que representó a El Salvador en varios países, que en 1925 fue miembro del Consejo de la Sociedad de las Naciones cuando su país fue electo a esa importante instancia de la organización mundial, que en 1929 fue presidente de la Asamblea de la Sociedad, y que fue magistrado y presidente de la Corte Permanente de Justicia Internacional y después de la Segunda Guerra Mundial presidente y vicepresidente de la Corte Internacional de Justicia.


En términos de su contribución al mundo de las relaciones internacionales, también debe recordarse que, como parte de esa primera generación de diplomáticos dedicados a la diplomacia multilateral en una organización de carácter mundial y permanente, el Dr. Guerrero estuvo en los inicios del desarrollo del derecho interno de las organizaciones internacionales. Esta rama del derecho incluye normas para el funcionamiento interno de las organizaciones internacionales, para sus relaciones con Estados miembros, no miembros, y organizaciones no gubernamentales, entre otros.

Un importante desarrollo de este nuevo derecho fue el establecimiento del Tribunal Administrativo de la Sociedad de las Naciones en 1927 que, por ejemplo, en enero de 1929 consideró dos casos, uno contra la Secretaría de la Sociedad y otro contra la Organización Internacional del Trabajo, y que, en enero de 1930, juzgó un caso contra la Organización Internacional del Trabajo.

Ahora bien, la paz era un tema que obsesionaba al Dr. Guerrero; creía firmemente en ella y por eso su libro titulado El orden internacional era un verdadero manual para la paz. Quienes se tomen el tiempo de leerlo y analizarlo encontrarán una propuesta muy bien elaborada para la proscripción de la guerra y para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales dando verdadero significado a los principios de soberanía, no intervención e igualdad de los Estados. No obstante, también tenía claro que el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales debía ir respaldado por una labor primordial de desarticulación de las causas de los conflictos y de la violencia al interior de los todos los países.

En El orden internacional se aprecia la lucidez con la que el Dr. Guerrero veía el mundo. Hoy en día, basta abrir cualquier periódico del mundo, o escuchar o ver cualquier noticiero para darse cuenta de que entendía lo que venía, pues ya no cabe duda de que las Naciones Unidas no funcionan bien en términos de mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales cuando hay disputas entre los cinco grandes o disputas que tocan sus intereses y, lamentablemente, eso lleva a una gran mayoría de habitantes de este planeta a la falsa conclusión de que no funcionan y que no sirven para nada.

Ciertamente, el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales es una tarea fundamental de las Naciones Unidas y, en asuntos en que los cinco grandes se han puesto de acuerdo han tenido importantes éxitos, entre ellos en El Salvador. Y, en otros temas, hay que decirlo, funcionan bastante bien. La verdad es que para entender las Naciones Unidas conviene recordar el análisis del profesor Paul Kennedy, historiador británico, que dice que la Organización Mundial tiene una “agenda dura”, el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, y una “agenda blanda”, es decir, todos los demás temas del quehacer internacional, por ejemplo, su labor con los refugiados, los desplazados internos, la niñez, la salud, la meteorología, el apoyo al desarrollo, a la salud, etc.

En todo caso, en un análisis del funcionamiento de las Naciones Unidas no puede omitirse la realidad de un mundo que en 2014 gastó 2.7 billones de dólares (trillion) en armas y otros gastos militares, y en el que el presupuesto anual de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz representó apenas el 0.5% de esa alucinante cantidad.

Ciertamente, el problema del mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales no es solo un problema de dinero, pero la política demuestra notoriamente cuáles son las prioridades. Así las cosas, se gastan miles de millones en la guerra o para prepararse para la guerra, pero no se invierte de la misma forma en la paz, ni en una pedagogía ni en una cultura de la paz. Muchas personas se vanaglorian del poder militar de sus países, pero casi nadie se jacta de un poder de la paz. Para muchos la conclusión es sencilla: la guerra es un gran negocio; la paz no lo es.

En todo caso, el Dr. Guerrero nos ha dejado un maravilloso legado; una herencia para todo un país, pero también para otros países porque su pensamiento y obra son universales y admirablemente vigentes en el siglo XXI.

En relación con el recuerdo y la promoción de su legado en su propio país, El Salvador, me parece importante empezar por destacar y hacer un reconocimiento al impresionante y loable esfuerzo de su tataranieto, el jurista y diplomático José Miguel Arévalo Rengifo, que ha contribuido a mantener vigente la figura del Dr. Guerrero con excelentes contribuciones sobre su obra y su vida.

Entre otros importantes reconocimientos se debe recordar que la academia diplomática del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Instituto Especializado de Educación Superior para la Formación Diplomática (IEESFORD), lleva el nombre de Dr. José Gustavo Guerrero. Además, se está escribiendo más sobre él y eso es excelente, pues cada escrito contribuye a conocerlo mejor; es primordial hacerlo y esencial que se siga haciendo.

Ahora bien, creo que hay que hacer un mayor esfuerzo para que se estudie en centros de enseñanza a todos los niveles, de manera seria y sistemática, porque tenemos mucho que aprender de él.

Y me permito decir que hay cinco estudios, o tesis de grado, que habría que emprender:

  1. el jurista y magistrado a través de su labor en la Corte Permanente de Justicia Internacional y en la Corte Internacional de Justicia;
  2. el diplomático a través de su labor en la Sociedad de las Naciones, en particular los años 1925 y 1929 cuando, respectivamente, fue representante de El Salvador en el Consejo y presidente de la Asamblea;
  3. el representante de la Corte Permanente de Justicia Internacional en la Conferencia de San Francisco donde se fundaron las Naciones Unidas y en la que se decidió la continuación de una corte internacional de justicia;
  4. su contribución en los debates en la Sociedad de las Naciones que fueron dando forma al desarrollo del derecho interno de las organizaciones internacionales; y
  5. su desempeño en la defensa exitosa de los intereses de El Salvador en el caso de la reclamación internacional del ciudadano italiano Ambrosio Canessa.

¡Vaya herencia que dejó el Dr. Guerrero! ¿Qué mejor herencia para un pueblo? Una herencia que nos permite a todos los salvadoreños tener un punto de aprendizaje, de encuentro y de entendimiento.

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