Estoy convencido de que, en la encrucijada en que nos encontramos nuevamente, dialogar representa el futuro de El Salvador: una oportunidad para generar consensos y construir políticas de Estado sólidas y permanentes
Estoy convencido de que, en la encrucijada en que nos encontramos nuevamente, dialogar representa el futuro de El Salvador: una oportunidad para generar consensos y construir políticas de Estado sólidas y permanentes

“Pertenecemos a una época en la medida en que nos sentimos capaces de aceptar su problemática y prepararnos para la batalla en uno u otro lado de la trinchera por ella abierta”.
En esta sentencia apremiante se fundamentó la norma a seguir por la Fuerza Armada en el transcurrir del diálogo de paz. La norma por cumplir. El compromiso con una causa, la causa de la Patria: contribuir a lograr reformas democráticas, sociales e institucionales de gran trascendencia, como brújula que señaló el derrotero y el compromiso a seguir con la severidad de su conducta.
En esos momentos, las guerras mundiales se libraban entre el bien y el mal. El modo de abordarlo tenía la visión de la aniquilación de la amenaza: siempre estaban dos lados, el comunismo por un lado y la democracia por el otro. Lo que se dio a escala mundial luego del fin de la Guerra Fría fue: “La hegemonía de la democracia liberal por encima de las autocracias, el autoritarismo y los totalitarismos”.
Se enfrentaron desafíos y dificultades. La decisión institucional fue acertada. El diálogo es ejemplar en términos de resolución de conflictos: poner fin al enfrentamiento y transformar instituciones que enrumbasen al país por la senda democrática. Se puso de manifiesto el deseo de optar por un futuro de paz y democracia. Estos avances no son tangibles ni cuantificables para la población, aunque permitieron demostrar el deseo de desarrollo del país con justicia y paz. La democracia era un logro.
La Fuerza Armada, por lealtad con la Patria y con el espíritu de unidad nacional, expuso su apoyo a la sociedad política en el diálogo y manifestó que su propósito era situar los hechos y las circunstancias en su justa dimensión, darle paso a una alternativa útil que no era el conflicto armado, consolidar los esfuerzos para fortalecer la paz a fin de evitar la reanudación del conflicto, no obstante las aprehensiones que se tenían.
Fundamentó su aceptación en los valores y principios que la orientan en el cumplimiento de sus deberes: “Hacer la guerra es tarea militar. Hacer la paz es una tarea política”. “Se puede derrotar a la insurgencia militarmente, pero jamás obtener la paz por la vía militar”. El campo militar impone la fuerza al adversario para que este acepte las demandas políticas del contrario. El campo militar busca la victoria. Lo que quedó palpable con el apoyo a los procesos electorales de los años ochenta, manifestando su deseo de optar por un futuro de paz y democracia.
¡En democracia es normal perder unas elecciones! Lo que no es normal es perder la democracia en unas elecciones.
Se elaboró una agenda general y un calendario, con un proceso en dos etapas:
• La primera consistía en lograr acuerdos políticos en una amplia gama de asuntos: Fuerza Armada, derechos humanos, sistema judicial, sistema electoral, reforma constitucional, problemas económicos y sociales, y la verificación de la ONU.
• Esto daba paso al cese del fuego y, luego, al final del conflicto armado.
Ejemplo de solución de conflictos
El pecado original de los salvadoreños ha sido confundir el proceso de paz —el cual es una política de Estado— con la construcción de la paz, que es responsabilidad societal. Se tomaron los acuerdos como línea de llegada, siendo esta una línea de salida. La sociedad política y civil no supo abordar la construcción de la paz: se antepusieron intereses personales a los nacionales.
No se abordó de forma debida la segunda parte de los acuerdos de paz, la relativa a los acuerdos económicos y sociales. No logramos ser ejemplo en construcción de la paz, al no abordarlos con la debida diligencia, por lo que no se lograron los cambios esperados en materia económica y social, como sí logramos los avances en la construcción de la democracia: alternancia en el poder, construcción de institucionalidad democrática y consolidación de otras ya existentes.
Persistieron rezagos económicos y sociales de vieja data. No existirá desarrollo económico y social sin un modelo inclusivo en el que forme parte la sociedad en su conjunto.
Pasados 25 años de la firma de los acuerdos se trató de renovar la voluntad y el compromiso de realizar cambios estructurales en materia económica y social, identificando nuevos consensos nacionales y lograr así un desarrollo sostenible con menos desigualdad y justicia para el país. En nuestro caso, los que decidieron no dialogar sobre estos asuntos vitales nos hicieron perder esa oportunidad histórica para crecer y sobrevivir.
El único que confirma la verdad es el tiempo. Las dificultades que nos llevaron al conflicto persistieron y persisten.
¡En democracia es normal perder unas elecciones! Lo que no es normal es perder la democracia en unas elecciones.
“No hay equidad sin un acceso igualitario a las oportunidades. No hay desarrollo sin un modelo inclusivo. No hay estabilidad social si no se tienen satisfechas las necesidades básicas o fisiológicas”.
Dejando a un lado los factores sociales y económicos, no hay plan de seguridad que nos salve. Hoy hablamos del TPS, si se quedan o si regresan; nada cambia con lo que pueda suceder. Si los regresan, solo empeoramos. Hoy nos dicen que tenemos mejor crecimiento; nada cambia: dicho crecimiento es concentrado, sin darnos cuenta de que la extrema pobreza crece y crece.
La paz no es solamente terminar la guerra. Esta no se construye solo con democracia. Debemos propiciar condiciones para el desarrollo integral de una nación.
La verdad no es emboscada. La situación que percibo demanda atención. Pido: identifiquemos una voluntad plena para el diálogo nacional entre los distintos sectores, principalmente políticos, económicos y sociales, que definan los pilares sobre los cuales establecer las bases para implementar reformas y políticas públicas con visión de largo plazo.
Estoy convencido de que, en la encrucijada en que nos encontramos nuevamente, dialogar representa el futuro de El Salvador: una oportunidad para generar consensos y construir políticas de Estado sólidas y permanentes.
El ratón más cobarde arriesga el cuello si el queso es suficientemente grande. No la convirtamos en otra oportunidad de diálogo perdida.
“NO HAY CONFLICTO BUENO NI PAZ MALA”.
General (r) de la Fuerza Armada de El Salvador.
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