En el vasto reino de los mamíferos vertebrados, después de su Majestad el Hombre, están los perros, como segunda población mayoritaria del mundo y del país. Especie asociada a la humanidad desde tiempos inmemoriales es de similar estructura social. Los hay de diversas clases y razas. Unos son de hogares potentados que viajan en auto, tienen su propio dormitorio, abrigos personales, gozan de buen trato, comida y placeres especiales así como de atención veterinaria. Hay otros, clase media, que siempre son consentidos en el hogar y al igual que los de alta alcurnia son tratados con cariño como un miembro más de la familia. Pero están los últimos: los parias o perros callejeros que deambulan por la urbe, pueblos y arrabales en busca de un mendrugo, un saltamontes o algún topo que comer. Muchos olvidados y desahuciados son abandonados a su suerte en las urbes o en algún lugar remoto. En caminos solos se les encuentra. Pocos lucen alegres, alimentados y con casa donde vivir. Otros caminan sin rumbo o quedan a la vera del camino ya vencidos. Igual al humano, unos caminan con rumbo y otros no. Los primeros tienen un lugar, una meta donde llegar. Estos son los afortunados pues tienen una razón para seguir. ¡Perra vida en un lugar del cosmos infinito! Ambos dramas, el humano y el perruno, confirman la similitud gregaria y social entre unos y otros.