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El camino del ángel

Alguien te espera en ese desolado erial. Es tu ángel de luz. Llámale con amor y vendrá presto a ti desde las soledades del risco. Después —con su lámpara maravillosa y refulgente— te conducirá al añorado amanecer de tu esperanza.

Tal vez —perdido en el desierto de la vida— no encontrarás el rumbo de tu existencia. Aquel vasto mundo de soledad no tiene principio ni final, ni entrada ni salida; empieza y termina en cualquiera de los rumbos cardinales. En él se unen la vida y la muerte, el nunca y lo eterno, lo triste y lo hermoso, lo bello y lo feo. En medio de todo, solo estás tú y tu alma inmortal.

Ya no hay dónde ir ni qué soñar si no empiezas a caminar hacia tu anhelo. Te lamentas de haber perdido cosas materiales, pero no lamentas haber perdido tus sueños. Tal vez, lo más grandioso que tenías. Sin embargo, no todo está perdido.

Alguien te espera en ese desolado erial. Es tu ángel de luz. Llámale con amor y vendrá presto a ti desde las soledades del risco. Después —con su lámpara maravillosa y refulgente— te conducirá al añorado amanecer de tu esperanza.

No estás solo en el inmenso arenal. Tu alma gentil e inaudita te espera en algún lugar de esa noche inmensa. Camina en su busca, pero no lo hagas por el sendero trillado, sino siguiendo el rastro de su sueño. Solo así encontrarás su esperado amanecer.

No habrá nadie a quien buscar, sino a la maravillosa aparición de tu propio ser. El hombre común que eras se transformará en espíritu celeste, en victoria y alegría.

En tu maravillada visión, tu ruta será alumbrada por astros y soles asombrosos, siempre encendidos y eternos.

Empieza a andar. Solo así se llega a la estrella.

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