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Deus ex machina

La IA puede, ciertamente, predecir nuestro comportamiento, pero jamás sabrá qué estamos pensando y a qué le apostaremos todo con el desnudo privilegio de nuestra libertad. 

En el teatro clásico griego, cuando el nudo de una representación teatral estaba demasiado complicado y hacía falta introducir en la obra un elemento que desentrampara las cosas, a veces una grúa (la máquina) bajaba al escenario un personaje (el dios)que solucionaba el impase; así, con esa solución narrativa forzada y poco creíble, se resolvía un conflicto o una situación imposible.

De allí que la expresión “deus ex machina” se utilice hoy día para describir cuando un personaje o situación externa a la trama de una situación concreta,interviene de la nada resolviéndola de forma inesperada. 

Algo así está pasando hoy día con la IA… pues millones de personas, cada día, le hacen preguntas acerca de todo lo que uno se pueda imaginar. Hoy quiero hacer notar, está documentado, cómo cada vezmás en las aplicaciones virtuales la gente pregunta cosas “serias”, como, por ejemplo: ¿Existe Dios? ¿Para qué vivo? ¿Cuál es el sentido de la existencia? ¿Quién está detrás de todo? ¿Por qué sufro?… 

Cuestiones cuya respuesta -que durante sigloshabía sido confiada a la fe, a los padres, al confesor, a la oración- hoy día se encargan a la mayor acumulación de datos que jamás en la historia de la humanidad han sido, manejados, ordenados y relacionados por un “cerebro” ciego, que es incapaz de mirar más allá de la fría lógica de los algoritmos y de laingente cantidad de información a la que tiene acceso merced la tecnología. 

El algoritmo puede responder, y responde. Citateólogos y charlatanes, santos y vende humo. Trae a cuento citas de las Sagradas Escrituras y gurús de la ayuda personal… todo depende de quién pregunta, de su historia en el ciber espacio, de lo que, a fin de cuentas, la IA “entiende” que cada uno desea escuchar. 

Vivimos en una época de superávit de respuestas y escasez crónica de sentido. Medirlo todo, saberlo todo, poner todo en relación con todo (que es lo que hace la IA) no es una aproximación ni a lo verdadero ni a la bueno. Cada ser humano es él mismo, no es función de nada sino solo de su propia historia. Los seres humanos recordamos, como las máquinas, pero nosotros conmemoramos con ternura, sabiendo cómo nos hacen sentir las memorias. Amamos al mismo tiempo que somos vulnerables, lloramos ante una tumba, nos sentimos llamados cuando alguien pronuncia nuestro nombre. 

La IA no puede ser cada uno, pues nadie es sin más el resultado de la acumulación de sus recuerdos independientemente de sus propias experiencias, sentimientos, perspectivas. 

La IA puede, ciertamente, predecir nuestro comportamiento, pero jamás sabrá qué estamos pensando y a qué le apostaremos todo con el desnudo privilegio de nuestra libertad. 

Deus ex machina. Dios que proviene, que es traído por algo, no es Dios. Ningún dios que venga de otro lo es. Independientemente de la máquina, Dios sigue siendo Dios, aunque la IA lo sepa “todo” pero nunca va a ser capaz de ver a Dios en una puesta de sol, o en el tranquilo sueño de un hijo recién nacido.

En último término, millones de personas preguntándole a una máquina cada día acerca de Dios no habla de lo que son las máquinas, sino de lo que somos los seres humanos. Habla de nosotros. De una sed que no se sacia con la eficacia, ni con el conocimiento, ni con las explicaciones. De un corazón inquieto que no encuentra paz hasta que alguien, después de una vida dice de quien ha cerrado definitivamente los ojos, ahora sí “descansa en paz”.

Paradójicamente cuando preguntamos a la máquina sobre Dios esta nos devuelve muchas respuestas explícitas, muchos datos, muchos pensamientos, muchas razones de convenienciamostrando veladamente una realidad implícita que late bajo los datos: ¿qué soy yo que ni la máquina más eficaz, más perfecta, más lograda, puede llegar a ser?

Ingeniero

@carlosmayorare

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